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La última de Puentedura

H.J.
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Ana-Maria Apostolache tiene 15 años y es la habitante de menor edad en esta localidad del Arlanza. «Lo mejor de vivir en un pueblo es la tranquilidad, lo peor es que en invierno es muy aburrido», confiesa.

Ana posa sonriente con el alcalde de Puentedura y con el señor Venancio, uno de los veteranos de la localidad que no perdona un paseo vespertino. - Foto: Valdivielso

El 1 de enero de 2021, 59 pueblos de la provincia no tenían una sola persona empadronada con edades comprendidas entre los 0 y los 15 años. Hay unos cuantos que tienen un único vecino de esas edades tempranas, y en bastantes casos se trata incluso de empadronamientos testimoniales porque los niños o las niñas no viven realmente en el pueblo.

Pero hay otros donde, en efecto, sí que hay vida infantil o adolescente y por sus calles todavía resuenan ecos alegres. Así sucede en Puentedura, una pequeña localidad de 110 habitantes censados de los cuales 50 tienen más de 65 años y solo una menos de 16.

Es Ana-Maria Mihaela Apostolache, una quinceañera simpática y habladora que, aunque ya no es una niña, puede presumir de ser la última adolescente de su pueblo. Su familia llegó hace dos años procedente de Quintanilla del Agua y alquilan una vivienda municipal. El alcalde, Jesús Ignacio Miguel, no puede estar más orgulloso de contribuir a la presencia de un mínimo de juventud y promete luchar por poner en marcha un local «con un par de ordenadores con conexión a internet, en cuanto llegue la fibra».

Cuando vino a España siendo una niña muy pequeña desde su Rumanía natal, Ana empezó a ir al colegio a Burgos y ahora va al instituto de Lerma. Se pega buenos madrugones, pues el autobús la recoge a las 7,45, y no vuelve hasta las 3 de la tarde. Cuando llueve, eso sí, el conductor se apiada de ella y la acerca al pueblo para que no tenga que caminar desde el cruce.

Dado que en Puentedura está sola, Ana tiene la mayor parte de su vida social en el instituto lermeño. Cita expresamente a Ivet, una chica de Madrigalejo del Monte (donde tampoco abundan los adolescentes), a la que conoció hace dos años y que se ha convertido en su mejor amiga. Y en verano, por supuesto, aprovecha que el pueblo se llena de foráneos para desquitarse de los larguísimos meses de invierno.

«Lo mejor de vivir aquí es la tranquilidad, poder estar con mis perros y mis gatitos, pero lo peor es que es aburrido», confiesa. Así que todo cambia cuando llega el buen tiempo y empiezan a llegar, primero de fin de semana y luego de vacaciones, otros chicos y chicas de su edad procedentes de Burgos, del País Vasco, de Madrid o de Navarra. La madre de Ana, Lumi, reconoce que es normal que una chica joven eche de menos más actividad, alternativas de ocio que no sean los paseos por el campo. Pero por suerte la cobertura de móvil es buena y así todos en el pueblo pueden estar en contacto con el mundo exterior. Eso les salvó, en buena medida, del tedioso confinamiento.

(El reportaje completo y los datos, en la edición dominical de Diario de Burgos).