150 pueblos, condenados al coche y sin transporte público

H.J.
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La falta de trenes y autobuses obliga a sus habitantes a ir en vehículo particular, justo en un momento en el que los peajes de las autovías y la tasa al diésel amenazan con encarecer la movilidad individual

Las localidades situadas en las principales carreteras (en la imagen, Cubillo del Campo, en la N-234) tienen más posibilidades de conexión. - Foto: Luis López Araico

Imagine que vive usted en un pueblo alejado de los principales corredores viarios. Que tiene ya una edad avanzada, algún problema de salud o que, simple y llanamente, carece de carnet de conducir. En ese caso, estaría condenado a no salir nunca de la localidad, salvo que le lleve o le traiga alguien en su vehículo privado. Porque puede que carezca por completo de cualquier tipo de transporte público.

En esa situación se encuentran casi 300 núcleos de población de la provincia de Burgos a los que no llega el tren, tampoco las líneas de autobuses regulares y ni siquiera el sistema de transporte a la demanda que recurre incluso a las rutas escolares para ofrecer un mínimo servicio, condicionado por supuesto al horario y a los días lectivos.

Los datos de la Junta de Castilla y León referentes a la red de transporte a la demanda, la más tupida de las que cubren la provincia, reconocen a 31 de diciembre de 2020 que su límite de actuación se sitúa en los 888 núcleos en la provincia de Burgos. Hasta llegar a los 1.021 que se estiman en el conjunto de la provincia, la diferencia resulta en 133.

Uno de ellos es Villamudria, a donde se desplaza frecuentemente Feliciano Cámara. A sus 80 años de edad, maneja al volante del Land Rover gris que le permite viajar entre Burgos y su pueblo, encaramado en las estribaciones de la Sierra de la Demanda y asomado sobre Villasur de Herreros. "No, aquí no hay nada", responde con total naturalidad cuando el periodista le pregunta si no hay ningún transporte público a la capital. "Así lo haré mientras pueda", contesta a la cuestión de si todavía conduce a su edad.

Miles de mayores como Feliciano, y la escasa juventud que queda en los pueblos sin transporte, tienen una absoluta dependencia del coche privado. De nuevo siguiendo los datos de la Junta, el transporte a la demanda llega hasta los 329.090 habitantes de la provincia, así que faltarían 26.339 por dar cobertura.

Puede que no tengan este tipo de servicios y sí que llegue el tren, pero es poco probable. Puede que les cubra una ruta regular de autobuses, de las que existen casi medio centenar reguladas por concesiones estatales o autonómicas, pero la extensión y la dispersión de la provincia es tan enorme que siempre será insuficiente, porque además la escasa densidad de población genera casi siempre frecuencias pobres y pensadas únicamente para moverse entre capitales.

La nueva fiscalidad. Para gran parte del mundo rural, el coche particular seguirá siendo un elemento esencial para la vida cotidiana, aunque esté amenazado con la eufemísticamente llamada "nueva fiscalidad". Si las autovías pasan a ser de peaje, aunque sea con uno o dos céntimos por kilómetro, y más aún si se confirmase que en una segunda etapa podrían ser de pago también las nacionales, quienes tengan que recurrir a su turismo a diario deberán empezar a reservar un presupuesto mensual a tal efecto.

El polémico impuesto al diésel es otra amenaza en el horizonte. Los coches impulsados con este tipo de motores siguen siendo mayoría en el parque móvil provincial, aunque las ventas en los últimos años se han decantado por la gasolina ante la previsión de que ambos carburantes acaben equiparando su precio.

Todo está en contra de quienes necesitan el coche para moverse a falta de cualquier otra alternativa, pero en una parte importante de la provincia no queda más remedio. No son muchos en cuanto a volumen de población, pero son miles de kilómetros cuadrados cuya movilidad está ligada de forma inseparable a un utilitario.

Solo dos líneas de tren y 50 de autobuses para un territorio enorme. Desde que el Tren Directo no mueve viajeros, y muchos años antes desde el cierre de la línea Santander-Mediterráneo, solo la ruta Venta de Baños-Miranda de Ebro y el FEVE que conecta Bilbao con León a través de Las Merindades siguen operativas en cuanto al movimiento de viajeros ferroviarios. La primera de ellas únicamente tiene parada en Quintana del Puente, Villaquirán de los Infantes, Burgos, Briviesca y Miranda de Ebro. La segunda cuenta con algo más de una decena de estaciones entre Arija y Villasana de Mena, pasando por Soncillo, Pedrosa, Sotoscueva, Espinosa de los Monteros o Bercedo-Montija. Si la cifra de usuarios del tren en la capital anda de capa caída en los últimos años, es de suponer cómo será en el resto de localidades.

En cuanto a los autobuses de línea regular, desde la estación de la capital parten 35 rutas en una suerte de esquema radial que enlaza multitud de comarcas con la ciudad de Burgos. Y finalmente, para completar el mapa, hay nueve rutas del llamado Transporte Metropolitano que cubre 45 localidades del alfoz capitalino con frecuencias muy diversas entre ellas, la gran mayoría limitadas de lunes a viernes y pensadas para trabajadores que necesitan ir y volver en el día.

El objetivo de la Junta, según anunció en febrero, es la llegada del transporte público de viajeros a todas las poblaciones de la Comunidad en los primeros meses de 2023. Para ello, el nuevo modelo en el que trabajan alrededor del Mapa de Ordenación del Transporte hecho público hace unas semanas, contempla la atención a las 1.200 localidades que actualmente no disponen de este servicio.