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Al exmarido de Marisa Villaquirán le quedan 3 años de cárcel

Raúl Canales
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Rafael Gabarri cumplirá en 2023 los 14 años y 4 meses a los que fue condenado por la desaparición de esta mujer mirandesa

Imagen del traslado del acusado acompañado por los agentes de la Policía Nacional. - Foto: Alberto Rodrigo

Han pasado quince años pero el nombre de Marisa Villaquirán sigue muy presente en la sociedad mirandesa. Su desaparición ha sido junto al asesinato de Ana Belén Jiménez el caso de violencia de género más terrible que ha vivido la ciudad y tanto tiempo después la pregunta que tanto atormentó a la familia sigue sin respuesta: ¿dónde está Marisa?

Desde aquella fatídica tarde del 7 de diciembre en la que fue sacada por la fuerza del portal en el que limpiaba por su exmarido Rafael Gabarri, nunca más se la volvió a saber. Durante años se la buscó con todos los medios posibles, se barajaron todas las hipótesis, se rastreó minuciosamente el vertedero con la última tecnología,... pero fue imposible dar con su paradero. La investigación apuntó desde el primer momento hacia Gabarri porque ya había malos tratos previos pero la denuncia por la desaparición se presentó una semana más tarde de que sucedieran los hechos ya que la madre de Marisa se encontraba fuera de la ciudad.

Esos días que se perdieron fueron decisivos ya que cuando la Policía quiso detener al sospechoso, éste ya había tenido tiempo suficiente para deshacerse del cuerpo y borrar todo tipo de huellas con la complicidad de sus allegados. Con la perspectiva de los años transcurridos hay quienes consideran que el caso sobrepasó en aquel momento al juzgado mirandés y que se cometieron errores en el procedimiento, sobre todo dar por finalizada la búsqueda al levantarse el secreto de sumario porque ya se tenía el nombre de los imputados a pesar de que el cadáver no había aparecido. De hecho la plataforma ciudadana pidió en su momento más rigor a la magistrada encargada del caso.

Precisamente la ausencia del cuerpo fue determinante en el juicio celebrado en febrero de 2009, en el que se sentaron en el banquillo siete personas. En el proceso quedó acreditado que Rafael Gabarri e Isaac Duval se llevaron a la mujer a la fuerza, pero no se les pudo condenar por asesinato sino por detención ilegal y violencia en el ámbito familiar. Aún así las condenas fueron las más altas para este tipo de delitos. Al exmarido le impusieron un total de 14 años y 4 meses que sigue cumpliendo penas a las que se le suman los más de dos años de cárcel que tenía por delitos previos, de los cuales una parte había cumplido ya antes de la sentencia aunque la familia abonó una fianza de 15.000 euros gracias a la cual pudo salir en libertad hasta la celebración del juicio, algo que causó indignación en la sociedad mirandesa.
De esta forma a Rafael Gabarri le quedan algo más de tres años de prisión efectiva y la obtención de beneficios penitenciarios en este tiempo dependerá de la decisión de la junta de tratamiento ya que no se le aplicará reducción de condena. Cuando salga a la calle tendrá que cumplir aún los 18 años de alejamiento de la familia de Villaquirán a los que también fue condenado.

A Isaac Duval, que ayudó a Gabarri a meter a Marisa en el coche, le cayeron ocho años porque se le aplicó un atenuante al tener problemas en su capacidad de entendimiento y comprensión. Unos años después del juicio se le concedieron permisos para salir algunos fines de semana por su buen comportamiento en la cárcel y desde hace un par de años está ya en la calle.

«En un caso así es complicado hablar de justicia pero dentro de la pena posible se le impuso a Gabarri el grado máximo. Al final va a estar el mismo tiempo en prisión que por asesinato», asegura Jesús Alegre, abogado de la acusación. De hecho la única parte que decidió recurrir la sentencia fue la de la defensa por considerarla excesiva, aunque posteriormente el Tribunal Superior ratificó la condena impuesta.

 

RELATO INVEROSÍMIL

La desaparición de Marisa generó una oleada de solidaridad pero también de estupor por la forma en la que la familia de Rafael Gabarri sorteó la investigación. Muchos comparan el caso con el de Marta del Castillo (la joven andaluza cuyo cadáver nunca ha aparecido) ya que tanto el acusado como sus allegados ofrecieron versiones inverosímiles con la que trataron de despistar en todo momento a la policía.
El exmarido reconoció haber subido en coche a San Juan a Marisa pero aseguraba que a la bajada se despidieron en el Puente de Hierro. Durante el tiempo que estuvo en libertad hasta la celebración del juicio quebrantó la orden de alejamiento de la familia y en ningún momento mostró un mínimo grado de arrepentimiento por lo que hizo. Al contrario.

En las semanas posteriores a la desaparición, la madre de Rafael Gabarri se hizo pasar por la desaparecida a través del teléfono móvil, enviando mensajes que hacían pensar en una fuga voluntaria. Los agentes siempre tuvieron la certeza de que conocía el paradero de Villaquirán aunque finalmente fue absuelta de los cargos por encubrimiento. También fueron absueltos unos jóvenes que se deshicieron de unas joyas de Marisa.