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La Roma burgalesa

R. Pérez Barredo
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No todo fue la importante ciudad de Clunia. Hasta en doscientas localidades de la provincia -de norte a sur y de este a oeste- se han hallado vestigios romanos

Gran escultura de la diosa Isis, del siglo II, hallada en Clunia y conservada en el Museo de Burgos. - Foto: Patricia González

La joya de la corona de la huella romana en la provincia de Burgos es Clunia, ciudad en la que fue proclamado emperador Servio Sulpicio Galba, sucesor del inefable Nerón, pero su brillo no puede ocultar que la presencia del gran imperio se extiende de norte a sur y de este a oeste: asentamientos urbanos y rurales, villas, castros, calzadas, puentes, termas, mosaicos, necrópolis, estelas o monedas, entre otros restos, han sido hallados a lo largo del tiempo en doscientos emplazamientos burgaleses, siendo la citada Clunia, Sasamón (Segisamo), Tardajos (Deobrígula), Roa (Rauda), Briviesca (Virovesca) o Arce-Mirapérez (Deóbriga) algunas de las más importantes.

Así, el proceso romanizador afectó a todo el territorio, si bien hubo diversas etapas. En un primer periodo, haci la mitad del siglo II a.C., la presencia de Roma se manifiestó casi exclusivamente bajo la forma militar. Fue a partir de las Guerras Cántabras (29-19 a.C.) cuando la presencia cultural romana se documenta abundantemente en los yacimientos burgaleses. Es entonces cuando emergen los grandes centros administrativos y comerciales (caso de Clunia) y, en el espacio rural, las villas, que representaban una nueva manera de explotación de la tierra.

Ninguno de los restos o de los yacimientos encontrados en la provincia, algunos de los cuales pueden contemplarse en esa maravilla que es el Museo de Burgos, son fruto de la capricho. Como se sabe, los romanos eran unos ingenieros de primera línea, y en cada territorio que ocupaban diseñaban un entramado de vías impresionante. De norte a sur y de este a oeste, todo estaba comunicado. En la provincia de Burgos existieron tres principales que a su vez se ramificaban en otras de menor entidad pero no menos importantes, y es por ello que junto a todas estas vías han aparecido restos.

Una de las calzadas principales fue la Italia-Hispania, que también se conoce con el nombre de Vía del Oro: discurría por la provincia atravesando las localidades de Cerezo de Riotirón (Segisamunculum), Briviesca (Virovesca), Alto de Monasterio de Rodilla (Tritium), Tardajos (Deobrígula) y Sasamón (Segisamone). Unía Tarragona (Tarraco) con León (Legio VII) y vertebró la península de este a oeste. Por ella discurrían, procedentes de las minas de oro de León, los cargamentos del preciado metal rumbo a la capial del Imperio. Fue, además, una vía estratégica desde el punto de vista militar. El Alto de Rodilla, como ha reseñado en varias ocasiones el experto en vías romanas Isaac Moreno, fue punto clave de comunicación entre las cuencas del Duero y del Ebro. Aunque no se conoce a ciencia cierta la época de construcción de esta calzada, el investigador siempre apuntó la posibilidad de que fuera bajo el mandato de Cayo Octavio Turino, César Augusto, a caballo entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C. coincidiendo con las Guerras Cántabras.

Una segunda vía principal fue la Ab Asturica Tarracone (Astorga-Tarragona), cuyo tramo por la provincia de Burgos coincidía con la Asturica Burdigalam (Astorga-Burdeos y siglos más tarde conocida como Vía Aquitania); restos de ella se han hallado en Villímar, Briviesca y Villanueva de Argaño. La tercera calzada en nivel de importancia fue la Ab Asturica per Cantabria Caesaraugusta, que unía la todopoderosa Clunia con las provincias del norte. En la obra ‘La romanización de la meseta del norte. Burgos’ David Pradales explica que la pauta de los asentamientos obedecía a tres circunstancias: la ya apuntada de las vías, la proximidad de ciudades y los ríos. Se dieron distintas áreas preferentes de ocupación real. Una, con el epicentro de Clunia, en el sur de de la provincia y en torno al valle del Duero: Vadocondes, Santibáñez del Val, Gumiel de Izán, Baños de Valdearados o Lerma, entre otros. Otra, en la zona central -valles del Arlanza y del Arlanzón-: Villadiego, Sasamón. Castrojeriz, Tardajos, Burgos, Villímar, Cotar... Una tercera en la actual comarca de La Bureba: Briviesca, Los Barrios, La Vid, Miraveche, Oña... Y la cuarta zona, en el norte, de Sedano a Villarcayo, de Losa a Cuesta-Urria, y de Tobalina al Valle de Mena.

los yacimientos. Ubicada en situada entre Peñalba de Castro y Coruña del Conde, Clunia fue una de las ciudades más impresionantes de la Hispania romana y desempeñó un trascendental papel en la administración de esta parte de la provincia. Con casi cien hectáreas de extensión (de las que se conoce por más de 10 por ciento), la ciudad de Clunia tenía un impresionante foro de 160 metros de largo por 100 de ancho, uno de los más grandes de Hispania. Asimismo, contó con una gran basílica jurídica. Sin duda una de las joyas es su teatro, también uno de los más impresionantes de Hispania, con capacidad para 10.000 espectadores; se construyó aprovechando una ladera del castro para tallar en ella las graderías media y superior. Y mucho más: palacios impresionantes. Si no se conservaron más restos fue porque tras la decadencia de la ciudad romana ésta se convirtió en cantera para nuevos asentamientos del entorno. Se conservan en el Museo de Burgos piezas bien interesantes procedentes de Clunia: cerámicas, monedas y piezas escultóricas entre las que destacan varias estelas funerarias. Asimismo, han pervivido varias esculturas de busto redondo, como una de la diosa Isis, del siglo II; el posible retrato en mármol blanco de Julia Augusta, hija del emperador Tito, o los torsos de Dionisios, Venus y Fauno. También proceden de Clunia bellos fragmentos de friso pertenecientes a dos monumentos de carácter honorífico y varios capitales procedentes del teatro.

También en el Museo de Burgos se muestra una selección de materiales procedentes de otros yacimientos romanos de la provincia, caso de los hallazgos de Briviesca, Los Balbases o Tardajos. De esta última localidad es el curioso balsamario de bronce que reproduce el busto de un efebo negro. Asimismo, se exponen varias estelas funerarias de la comarca de Lara, con cabeceras decoradas con motivos geométricos y vegetales y escenas figuradas alusivas al banquete funerario, la caza, la guerra. Sasamón (Segisamo), que fue uno de los asentamientos romanos importantes por el hecho de que el emperador Augusto instaló en él su campamento para luchar contra los cántabros, destaca una tessera patronatus de bronce dedicada por un grupo de hombres libres y siervos a sus patronos en el año 239.

De Poza de la Sal proceden los restos de una gran escultura thoracata y las llamativas urnas en forma de casa (oikomorfas). Los fragmentos de escultura podrían corresponder a una estatua que representaría a la diosa Marte o a la diosa Minerva; de ésta se conservan el brazo derecho y varias piezas de la armadura, como la cimera del casco, tres launas y dos lambrequines. Las urnas de Poza de la Sal destacan tanto por su original forma como por su repertorio decorativo, que incluye motivos astrales, vegetales, animales y arquitectónicos.

De la localidad de Baños de Valdearados, de donde hay restos muy bien conservados de una villa, se exhibe un mosaico (el del dios Baco, que se hallaba en el pueblo ribereño, fue robado). En los últimos años han cobrado relieve el yacimiento de Arce-Mirapérez y el de Buniel. La última noticia fue el hallazgo de una impresionante villa romana en una finca de labor de Huérmeces en la que aún se sigue trabajando.

*Fuentes: ‘La romanización de la mesete del norte. Burgos. Clunia’ (David Pradales); ‘Descripción de la vía romana de Italia a Hispania en las provincias de Burgos y Palencia’ (Isaac Moreno); y Museo de Burgos.