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Fernando González Urbaneja

Cartas desde 44 leguas

Fernando González Urbaneja


La nueva Plaza de España de Madrid

09/11/2021

La próxima semana concluyen las obras de renovación de la Plaza de España de Madrid. Cuatro años de trabajos, con tropiezos previsibles, con restos enterrados que interesaron a los arqueólogos, alumbran un nuevo espacio urbano en la capital para disfrute de los ciudadanos peatones. La nueva plaza, consagrada al Quijote, significa un importante cosido de barrios y parques históricos de Madrid. 

Por un lado, aparece una conexión mejorada de la Gran Vía con el barrio de Argüelles, con el eje hasta Moncloa. En el mismo sentido este-oeste la calle Bailén (con Palacio Real y la Almudena) enlaza con Ferraz y el Paseo de Rosales, con el templo de Debod y el parque del Oeste, creando un espacio conectado y amable al peatón. En el eje norte sur la nueva plaza facilita el acceso a Príncipe Pío y la Casa de Campo, a la que se podrá llegar a pie, sin barreras, desde la Puerta del Sol. Además, la plaza añade espacio al imponente Madrid Río, que hoy supone uno de los pulmones de la ciudad y una oportunidad para caminantes. Madrid Río cose norte y sur de Madrid, hasta ahora desconectados, con espacios urbanos de calidad que mejorarán cuando culminen las obras en el terreno que ocuparon el estadio Metropolitano y la vieja fábrica de Mahou. 

Madrid es una ciudad viva y en crecimiento, con excelente oferta cultural: museos de pintura y escultura, teatro, danza, musicales, conciertos, ópera, zarzuela, conferencias y debates… y además parques y jardines que envidian ciudades con pretensiones. Queda pendiente, inician las obras el próximo año, el gran proyecto del norte con la reforma de la estación de Chamartín y la prolongación cinco kilómetros de la Castellana, que transformará la ciudad reparando la brecha, el descosido, de un espacio que está llamado a convertirse en uno de los barrios modernos del siglo XXI de la capital.

Para los burgaleses, Madrid cuenta, está próxima, nos quieren y nos hacen sentir en territorio amigo, casi como en casa, aunque nos abrume.