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El Estado descentralizado suma en la provincia 570 empleos

H.J.
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El cuartel general de la División San Marcial y la Fábrica de Moneda copan la inmensa mayoría

Militares de la División San Marcial, en su cuartel Diego Porcelos de la calle Vitoria - Foto: Jesús J. Matías

La descentralización, ese gran mito. El Gobierno reabrió hace un par de semanas el viejo melón de la excesiva concentración del Estado en torno a Madrid como emplazamiento físico de la mayoría de las instituciones y anunció su intención de repartir distintos organismos entre territorios. Pueden tomarse como un remedio contra la despoblación, como caramelos para contentar electoralmente a los lugares agraciados o como una verdadera pretensión de extender la representación de España más allá de la ribera del Manzanares.

Fue el propio Pedro Sánchez el que subrayó en Ponferrada (León) su compromiso de avanzar en la descentralización. Y el presidente del Gobierno citó a Miranda de Ebro como uno de los lugares elegidos últimamente para iniciativas de este tipo, con la reciente inauguración del Centro de Competencias Digitales de Renfe.

Estas oficinas arrancaron con una plantilla en torno a las 25 personas y unas instalaciones provisionales. Si se cumplen las previsiones, en el futuro llegará a tener entre 100 y 125 empleos directos. Se convertirá así en uno de los principales centros de trabajo estatales en la provincia, que actualmente suman alrededor de 570 puestos .

La institución descentralizada más importante de todas las que tiene el Estado en la provincia es el cuartel general de la División San Marcial. Esta unidad del ejército de tierra tiene su emplazamiento en el acuartelamiento Diego Porcelos (en la esquina entre las calles Vitoria y Santa Bárbara) y tiene a su cargo a otras unidades que están repartidas entre Navarra, Huesca, la Comunidad Valenciana, Castilla La-Mancha, Madrid o Andalucía.

Además, según informan desde la Subdelegación del Gobierno en Burgos, la propia Subdelegación de Defensa, el personal civil que trabaja en los acuartelamientos (no solo el Diego Porcelos, sino también el de Castrillo del Val) y los del Museo Histórico Militar situado en el palacio de Capitanía añadirían otras 58 personas a la plantilla.

Por detrás, a gran distancia, se encuentra la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, empresa pública cuyo número de empleados se encuentra en torno a los 170. Allí se elabora papel para billetes tanto del Eurosistema como de numerosos bancos centrales de una treintena de países. En la última década se han inyectado en la factoría burgalesa 60 millones de euros que han garantizado su continuidad para muchos años.

En el siguiente escalón, en un hipotético tercer cajón del pódium de organismos estatales en Burgos, se situará en el futuro el Centro Digital de Renfe de Miranda de Ebro, pero actualmente ese puesto lo ocupa el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), un consorcio cofinanciado por la Junta de Castilla y León y donde trabajan alrededor de 65 personas.

Farmacia resucitada. La Farmacia Militar, con unos 35 empleados, sería la siguiente en la lista. Su continuidad ha sido puesta en duda a lo largo de los últimos años, pero a raíz de la pandemia multiplicó su actividad gracias a la fabricación de mascarillas

Dependiente del Ministerio de Derechos Sociales, el Centro de Referencia Estatal sobre Enfermedades Raras (CREER) es un claro ejemplo de descentralización auspiciado por el entonces alcalde, Juan Carlos Aparicio, que venía de ser ministro y gestionó el emplazamiento con su sucesor, Eduardo Zaplana. Ocupa unos antiguos pabellones del viejo Hospital Militar y en él trabajan 30 personas.

Finalmente, la pertenencia del Monasterio de Las Huelgas a Patrimonio Nacional permite el mantenimiento de 11 puestos de trabajo dependientes del Gobierno.

Esta es, a grandes rasgos, la huella de la descentralización del Estado en Burgos. De Madrid también dependen otros organismos como Hacienda, Tráfico, la Seguridad Social o la prisión (solo en esta última hay más de 200 trabajadores), pero están en Burgos por el mero hecho de ser una capital de provincia, algo que siempre implica al menos una 'pedrea' en el reparto de puestos de la administración.