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María Albilla

María Albilla


Una gran caca

28/09/2022

Perdonen que me ponga escatológica, así a primera hora de la mañana, pero es que hoy les vengo a hablar, precisamente de eso, de una gran caca. Literal. Bueno, de la tontuna humana y de una tremenda boñiga, de un excremento bárbaro que descansaba hace unos días sobre un tupido verdor en un escenario único con vistas a los Picos de Europa.

A nadie le sorprenderá que en Asturias, en pleno campo, haya cacas de vaca por doquier, pero hay a quien, mire usted, le parece una buenísima idea sacar su móvil y retratar para el recuerdo a una montañita de mierda. Sería eco, claro. Las sonrisas desbordaban las comisuras de quienes observaban, entre los que me incluyo, claro, cómo un señor de Murcia se pasaba ahí su ratito retratando la 'gran cagata' que se llevaba para su tierra como recuerdo. Previamente, claro, el hombre se había estado haciendo múltiples fotos y selfis entre risas y caritas de felicidad con sus acompañantes -desconozco si también se haría una con la hez- con esa furibunda necesidad que hemos adquirido de fotografiar todo y en todo momento.

Hasta aquí la anécdota que quiero hilar con un dato curioso. Un estudio realizado, hace ya algunos años, por una conocida marca tecnológica cifraba en 25.700 el promedio de autorretratos que se harán en su vida las personas nacidas después de 1980.

En una sociedad en la que medimos absolutamente todo, también se sabe que para cada selfi se emplearán entre cinco y siete minutos (un poco menos si lo que hace es una foto a una cacota), así que si les apetece hagan números…

Pues sí. Visto así es una pérdida de tiempo. A nuestros retratos, almacenados en miles de píxeles, no les sucederá lo que al de Dorian Grey; las muescas del tiempo y de nuestras vilezas llegan en analógico. En la vida real no hay tantos filtros y lo peor que nos puede pasar es que cuando nos miremos al espejo entre foto y foto no nos reconozcamos.