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El Consorcio del ferrocarril asume que no puede pagar la deuda que vence en abril

Á.M / Burgos
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La única salida es la renegociación de al menos 20 millones. Los contactos «técnicos y políticos se van a intensificar» para que CaixaBank y Caja3 acepten unos nuevos plazos

La antigua terminal preside el tramo uno del nuevo corredor, cuya urbanización ha sufragado con crédito. A su alrededor se ubica una parte del suelo liberado. - Foto: DB/Luis López Araico

El Consorcio que gestiona la operación del desvío ferroviario y la posterior conversión de la cicatriz ferroviaria en bulevar, formado por el Ayuntamiento, Caja de Burgos y Cajacírculo, ya sabe que no podrá pagar los más de 20 millones de crédito cuyo vencimiento está fechado en abril de este año. La venta de activos (suelo), que es la vía de financiación que tiene el ente, se ha manifestado como misión imposible a corto plazo y, sin ingresos, la única certeza es que el tiempo corre y las obligaciones de pago contraídas no se detienen.

«Se están manteniendo contactos tanto a nivel técnico como a nivel político en los últimos meses que habrá que intensificar porque la única salida es la renegociación de la deuda», asume el vicealcalde, y concejal de Fomento, Ángel Ibáñez. Los últimos intentos para vender parcelas han puesto de manifiesto que ni siquiera ofertando suelo un 50% más barato de lo que era hace apenas dos años se encuentra comprador. O mejor dicho, financiación.

«El sector inmobiliario sabe que la zona (en referencia al entorno de la vieja estación y Cellophane) es pujante y quiere promover vivienda nueva. Por eso acuden al Consorcio pidiendo que se posibilite la compra de suelo pero, cuando tienen que cerrar la financiación, se encuentran con la exigencia de haber comercializado el 80 ó 90% de los pisos en apenas medio año, algo que hace inviable la financiación y por tanto la venta del terreno», matiza Ibáñez en una visión de la realidad que encaja con la mostrada por algunos promotores con anterioridad.

Pocas dudas

Esa realidad es la que provocó que en la última reunión del Consorcio casi todos los actores evidenciaran su pleno convencimiento de que en abril habrá un problema muy serio si no se renegocia la deuda lo antes posible. La oposición, encabezada por el PSOE, apoyó el presupuesto (que contempla vender suelo por valor de 20 millones, una cantidad equivalente a la que hay que pagar por los vencimientos de deuda) porque «la Ley obliga a que lo tenga», pero denunció una situación «kafkiana» devenida de que los que verdaderamente pueden tomar decisiones ahora (CaixaBank y Caja3) no se sienten en el Consorcio.

Tan claro lo tenían, que el director general de Cajacírculo, Luis Bausela, dijo que él no está habilitado para apoyar el presupuesto ni tomar decisiones ejecutivas. También el director general de Caja de Burgos, Rafael Barbero, mostró su convencimiento de que no queda otra que renegociar pero consideró la necesidad de que el Consorcio se dote de un presupuesto.

«Es obvio que el hecho de que ahora las decisiones se tomen en Zaragoza y Barcelona complica las cosas. Sí es cierto que los máximos dirigentes de estas entidades dijeron públicamente que tratarían con cariño los proyectos estratégicos de la ciudad, pero después las cosas dependen de en qué mesa caigan», amplía Ibáñez, que tras asumir la gravedad de la situación incide en el gran valor de los activos con los que cuenta el Consorcio y advierte que «los mensajes catastrofistas no ayudan».

Eso no obsta para que en el Ayuntamiento hayan dado prioridad a la renegociación de una deuda que no es pequeña pero que también tiene alguna ventaja. Los créditos están firmados con Caja de Burgos y Cajacírculo por valor de 150 millones, a los que se suman otros 50 de una operación con Dexia Sabadell. Todos han entrado en periodo de amortización, pero si bien los rubricados en su momento con las por entonces cajas burgaleses expiran en 2018 (105 millones) y 2023 (45 millones), el del Sabadell tiene un plazo que se extiende hasta 2028.

Ese horizonte a largo plazo y la estratégica ubicación de los suelos a vender invitan a pensar que en un contexto de recuperación económica el Consorcio podría ser viable. El problema es que ése no es el contexto actual y que los que deciden ya no viven a la vuelta de la esquina.