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Esther Alonso

Ser o Tener

Esther Alonso


Alfombras

20/10/2021

No es la primera vez, ni lamentablemente será la penúltima, que denuncio en este espacio la doble tragedia que en España supone convertirse en víctima. Que se lo pregunten a las de ETA en el décimo aniversario de la desaparición de la banda... 

La Iglesia francesa ha realizado en los últimos dos años una investigación que revela que entre 1950 y 2020, 216.000 menores han sufrido abusos sexuales en su seno, cifra que aumenta hasta los 330.000 si se cuentan también los cometidos por catequistas, responsables de movimientos juveniles y otros laicos que trabajaban en sus instituciones. 

El impacto de estas cifras en la sociedad francesa ha sido de tal envergadura que el informe emitido por la Comisión Independiente sobre Abusos en la Iglesia Católica recoge, además, diferentes propuestas que ayuden a paliar las consecuencias de los abusos en las víctimas, así como prevenir otros nuevos, entre ellas, reformar el secreto de confesión para mermar la impunidad de los abusadores. 

Los datos del informe francés invitan a suponer que los casos de pederastia en la Iglesia española no estarían muy alejados de las cifras del país vecino, sin embargo, nunca lo sabremos. La Conferencia Episcopal Española no ha planteado en ningún momento realizar una investigación similar a la que se ha llevado a cabo en Francia, y aunque obviamente en la actualidad cuenta con herramientas y mecanismos de prevención de estos delitos, lo cierto es que una mirada exhaustiva al pasado no vendría nada mal para que se cerrara la espita que mantiene abierta sobre abusos a niños y niñas, y que le perseguirá por mucho tiempo si la sociedad española no percibe un arrepentimiento sincero al respecto, para el que no basta con el propósito de enmienda.

Esconder el asunto debajo de la alfombra no servirá de nada. Hay tantos temas ocultos bajo las alfombras españolas que ya apenas se pueda pisar sobre ellas. Las víctimas necesitan justicia, al menos de la que nunca prescribe, la moral. No ser absolutamente transparente en este aspecto, llegando hasta el último rincón del último caso, no hace daño solo a las víctimas y sus familias, sino a la propia Iglesia como institución, que, aunque no sea en exclusiva por este asunto, año tras año ve cómo van disminuyendo los creyentes y practicantes sentados en los primeros bancos de sus parroquias.