Un pulso de cinco meses basado en la desconfianza

SPC
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La táctica y el intento de descolocar al contrario en la negociación han marcado la relación entre Sánchez e Iglesias durante las conversaciones para formar un Ejecutivo de izquierdas

Un pulso de cinco meses basado en la desconfianza

Los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, y Unidas Podemos, Pablo Iglesias, han protagonizado en los últimos cinco meses un pulso por la composición del Gobierno marcado por la desconfianza mutua que se profesan. A pesar de las repetidas reuniones bilaterales y los encuentros de los equipos negociadores días antes de la investidura fallida de julio y en dos ocasiones en este mes de septiembre, la relación ha estado marcada por movimientos de táctica para sorprender y tomar posiciones de ventaja frente al otro. 
Desde el inicio de la campaña de las generales de abril, Unidas Podemos justificó su aspiración de entrar en el Gobierno socialista que resultara de los comicios por su desconfianza. Para ellos, el PSOE no es de fiar porque cuando llega al poder no hace lo que promete. 
De hecho, Iglesias ha señalado en repetidas ocasiones que si bien «el papel» que ambos líderes firmaron para el acuerdo de Presupuestos de 2019 «decía cosas muy bonitas», al final Sánchez no cumplió con lo pactado y dejó de desarrollar hasta el 80 por ciento de las medidas pactadas. 
Por este motivo, lanzaron una campaña que no se enfocó en superar a los de Sánchez sino en lograr el número de escaños suficiente que les permitiera ser llave para un Ejecutivo del PSOE y así entrar en el Consejo de Ministros. Para los de Iglesias, que los morados llegaran a La Moncloa era la garantía de que los acuerdos programáticos se acabarían realizando a lo largo de la legislatura. 
Podemos no se ha movido de esa aspiración inicial y pese a que desde algunos socios, como IU, se ha cuestionado la necesidad irrenunciable de entrar en el Gobierno, finalmente el grupo confederal se ha mantenido unido. Iglesias esgrime además que el mandato que ha recibido de las bases del partido le impide apoyar un Ejecutivo monocolor socialista.
El PSOE ha demostrado una mayor flexibilidad porque apostaba por afrontar los próximos cuatro años en solitario y llegó a aceptar una fórmula de coalición que incluía una Vicepresidencia social para la número dos de Unidas Podemos, Irene Montero, y otros tres ministerios para los morados. 
Tras la investidura fallida de julio, Sánchez se cerró en banda a volver a explorar la coalición. La cúpula del partido explica que fue en ese momento cuando tuvieron la certeza de que Iglesias aspiraba a sentar a los suyos en el Consejo de Ministros con la intención de dar lugar a «dos gobiernos en uno». Ni siquiera la petición de retirada de Iglesias por parte de Sánchez y la salida del morado de la primera línea templó la situación.
Tras el descanso estival de mediados de agosto, Podemos intentó llevar la iniciativa presentando un documento para retomar las negociaciones con el PSOE, pero los socialistas no tardaron ni unas horas en despreciar la oferta porque tenían claro que debía ser Sánchez quien marcara los tiempos. 
 Dos semanas después, Sánchez planteaba un programa de Gobierno abierto a aportaciones de Podemos. Los morados, tras estudiarlo, no lo aceptaron. Enrocados en tener más poder y los socialistas en hacerse fuertes en solitario, los últimos cinco meses solo han servido para mantener al país en punto muerto.