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"Saborear una buena sinfonía lleva su tiempo vital"

A.S.R.
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ENTREVISTA | Nacido en Burgos, cogió la batuta hace 40 años y no la ha soltado. Actual director titular de la Orquesta de la Comunidad de Madrid y honorario en las de Tenerife y Galicia, se pone al frente de la Sinfónica de Burgos por primera vez

Víctor Pablo Pérez, director de orquesta. - Foto: Luis López Araico

Víctor Pablo Pérez sonríe cuando rescata de su memoria los recuerdos de la infancia vivida en Burgos. Se ve en la casa de sus abuelos en la calle Santander, vislumbra la suya propia en Diego Laínez y casi puede saborear la leche que le daban en el colegio en el recreo. La muerte de su padre cuando solo tenía 7 años le llevó a Madrid y de allí al internado Virgen del Camino en León. Sus siguientes imágenes en la ciudad ya son siempre con la batuta en la mano. Aquel concierto con la Orquesta Nacional en el Avenida y ese otro con la de Tenerife de camino al Festival de Santander, el par de ocasiones que dirigió a la Sinfónica de Castilla y León en el Principal o el primero que dio en el auditorio, con la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Esa noche hicieron el Réquiem de Mozart y la Heroica de Beethoven. Memoria prodigiosa. El último fue hace un par de años en la Catedral con los alumnos de la Escuela Reina Sofía. "Mucho frío, pero muy especial", anota y se alegra al saber que el templo ha ganado calor. 
El pasado domingo añadió una nueva fotografía a ese personal álbum. Se puso al frente de la Orquesta Sinfónica de Burgos (OSBu) por primera vez, invitado por el director titular, Iván Martín. Antes, atendió a Diario de Burgos. 

Cuando uno es director invitado de una orquesta. ¿Quién corteja a quién? ¿El batuta a los músicos o al revés?
No se trata de cortejar. El trabajo hoy día de una orquesta se basa en el respeto mutuo. No sé cómo son los músicos que me voy a encontrar. Es diferente trabajar con gente de orquestas jóvenes a hacerlo con profesionales y estables. Cada sitio es diferente. Hay que ver cómo evolucionan los ensayos, son dos sinfonías magníficas de Beethoven en un año especial, el del 250 aniversario, la Pastoral y la séptima, que, junto a la novena, es la más brillante. 

¿Qué tiene Beethoven que no tienen otros?
Es curioso porque es el compositor que más público atrae, mucho más que Mozart, Brahms, Tchaikovsky... No se sabe por qué extraña razón, Beethoven tiene esa llamada específica y especial. ¿Qué tiene? Conecta con las personas, con sus emociones. Es el primero que rompe con el clasicismo, en el que todo era más reprimido, más armado, y hace que los sentimientos de las personas se expongan de forma más directa e importante. Quizás de ahí viene este poder. Con Beethoven hay ruptura. 

¿Este Año Beethoven va a servir para acercar la clásica al público o no hace falta porque ya se quieren? 
Servirá un poco más. Al ser un compositor que atrae tanto, habrá gente que se acerque a él. 

¿Esa atracción entre los jóvenes propiciará que el espectador que se sienta en el patio de butacas no solo peine canas?   
Hay orquestas que están haciendo un gran trabajo porque, efectivamente, el público es bastante mayor, pero pasa como con todas las cosas en la vida. Cuando eres joven, bebes cualquier vino, pero cuando tienes 40 quieres probar algo más especial. La cultura se va produciendo, generando y enriqueciendo con los años y los humanos lo vemos según crecemos. La música elaborada, como es la clásica, es más recibida, percibida y entendida por una persona con un recorrido vital importante que por un joven, a quien músicas más sencillas, como el rock, con esquemas rítmicos elementales, le seducen enseguida. Pero entrar en el complejo de saborear una buena sinfonía lleva su tiempo vital. Por lo que es normal que los públicos tengan una cierta madurez. No obstante, Beethoven es un compositor que a los jóvenes siempre los ha atraído mucho, igual que la música del Barroco. ¿Por qué? No lo sé. 

¿Y hay relevo generacional en el escenario? 
Ahora mismo, la realidad es que en España hay mucho talento, nuestros jóvenes tienen una formación sensacional y la fortuna de haber podido conectar con Europa fácilmente, con la posibilidad de conocer otras culturas, otras técnicas, colaborar con jóvenes orquestas europeas, además de contar con conjuntos con los que practicar dentro del país. De hace 20 años para acá esto ha cambiado radicalmente. Cuando empecé a hacer la orquesta de Tenerife y la de Galicia había muchísimos extranjeros porque no había gente nacional. Ahora hay sobradamente. Hace 15 años, de los jóvenes que estaban en la Orquesta Nacional se veía que el 20% serían músicos profesionales, hoy lo serán el 80% y, posiblemente, de élite. Las jóvenes orquestas y las profesionales europeas, que son las más exigentes, ya tienen en sus puestos más importantes a músicos españoles, pero no uno ni dos, que eran la excepción, sino cuatro, cinco o más. 

Muchos de estos jóvenes músicos se irán por devoción, pero también los habrá que lo hagan por falta de oportunidades en España... 

Hace 30 años, no había casi orquestas, eran dos o tres, ahora hay más de 30. El cambio es importantísimo. Hay sitios en los que trabajar. Esas orquestas se formaron con músicos que entonces tenían una media de 30 años y que están a punto de cumplir 60. Va a haber una gran oportunidad porque se producirán muchas jubilaciones. Hay orquestas para trabajar, con buenos salarios, para vivir dignamente. Es un buen momento. 

Puso en marcha dos orquestas, Galicia y Tenerife, que continúan viento en popa. ¿Cuál es la clave para mantenerse? ¿La OSBu puede respirar con 15 años cumplidos?
No es cuestión de años, sino cómo se impregna con la ciudadanía. Aparte de sonar bien, que los programas sean atractivos y que lleguen al aficionado, una sinfónica en una ciudad española necesita introducirse en toda la sociedad, no solo en los melómanos, y que esta sienta que también los sirve a ellos porque en España, y casi en todo el resto de Europa, las orquestas normalmente dependen de los presupuestos generales de las administraciones públicas. No las sustentan espónsores privados porque no hay ni cultura de patrocinio ni ley de mecenazgo, aunque todo el mundo hable de ella. 

¿Cómo condiciona esa dependencia de las arcas públicas?
Al depender del dinero público debe ser objetivo de las orquestas proyectarse a las personas, a toda la ciudadanía, y que sientan, aunque sea puntualmente, que la orquesta también es suya y esto es lo que la hace imprescindible, tanto como tener un buen hospital, una buena educación o unas buenas zonas peatonales. Esto es lo que hay que construir. 

¿Y cómo se consigue esta implicación? No parece fácil... 
No es fácil, pero, por ejemplo, en Tenerife nosotros hacemos cada año dos conciertos gratuitos al aire libre para 25.000 personas, mezclamos música clásica con la popular, con la colaboración de alguno de los artistas más conocidos como Los Sabandeños, o elevamos al nivel de solista un instrumento como el tiple, propiciamos que esa orquesta viaje y represente a su ciudad para que puedan sacar pecho de ella, actuamos más en televisión... No es solo cuestión de años, que también.