scorecardresearch

El arreglo de grietas de la BU-30 obliga a cortar 2 carriles

L.M.
-

La reparación de las filtraciones que azotan a la vía desde su inauguración está generando molestias al tener que transcurrir los vehículos de manera enfrentada casi dos kilómetros

El Ministerio de Transportes está construyendo una serie de pozos drenantes para contener el agua que cae desde la ladera del monte al terraplén. - Foto: Jesús J. Matías

El quebradero de cabeza que ha supuesto para los técnicos del Ministerio de Transportes dar con el motivo de las filtraciones que padece la BU-30 se está quedando pequeño si lo comparamos con lo que están padeciendo los conductores que transitan por esta vía. Prácticamente desde su inauguración, hace ahora cinco años, el tramo más próximo a la depuradora, entre los kilómetros 12 y 13, ha sufrido la aparición de numerosas grietas que en un primer momento obligaron a cortar un carril en dirección Santander.

Es ahora, una vez se ha empezado por fin a atajar el problema, cuando los usuarios de la vía se han encontrado con el corte total de los dos carriles. Ello provoca que durante cerca de dos kilómetros la circulación hacia Santander se haya tenido que desviar al sentido contrario, teniendo que transitar los conductores en un único carril. En la mayor parte de la jornada este inconveniente se salda únicamente con una pequeña desaceleración del tráfico, pero se han dado ocasiones en el que dado el intenso tráfico las retenciones han llegado a complicar la circulación.

A pie de obra. En paralelo a este problema, una grúa de grandes dimensiones se encuentra trabajando sobre los carriles. Hace unas semanas levantaron todo el asfalto para poder ejecutar una serie de pozos drenantes que eliminen de una vez por todas las aguas que caen desde la ladera del monte al cuerpo del terraplén en que se asienta la BU-30. Del mismo modo, se ha proyectado la construcción de muros pantalla a modo de contrafuertes de refuerzo en el propio cuerpo de la infraestructura, así como un nuevo acceso desde un camino situado a media ladera, por encima de la propia BU-30, de manera que sea posible ejecutar el drenaje de desagüe al río Arlanzón de forma subterránea.

Todo ello con una inversión de 1,9 millones de euros -aunque presupuestada en 2,4- que deben costear las arcas estatales, ya que la garantía de obra de este tramo caducó en marzo del 2018. Desde entonces el Ministerio de Transportes -anteriormente Fomento- ha estado acometiendo distintos «arreglos puntuales», que han ido desde el corte del carril en cuestión hasta la inyección de lechada y posterior sellado superficial con un producto bituminoso que únicamente logró paliar -de manera muy puntual- la aparición de grietas. Ahora esperan que sea la buena.