El mayor museo provincial sobre la recolección reúne más de 300 piezas

I.P. / Burgos
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Mañana se inaugura la muestra permanente 'El hombre y la recolección', un paseo didáctico sobre la evolución de la labor agrícola desde el Neolítico, con aperos milenarios

Estos últimos días se está trabajando duro para terminar todo el montaje expositivo de cara a la inauguración de mañana. - Foto: DB/Patricia González

Levantad bieldos al viento labriegos y hortelanos / que el viento traerá el sustento separando la paja del grano / ylevantad el bieldo otra vez / que la paja vaya lejana a corrales a hacer cama y el grano cubra mis pies / pies que pisaron los campos / en tierras de pan llevar para darme el polvo blanco / ese que he de amasar en este retablo santo / tahonas del arrabal.
Es uno de los poemas que cuelgan de las paredes del Museo ‘El hombre y la recolección’, que se inaugura mañana en Modúbar de la Emparedada. A su lado, dando vida a las paredes 22 fotografías de gran tamaño en la que el hombre, el labriego, a veces acompañado de algún retoño o de la mujer, ara, trilla, bielda.... con  un  pie de foto que es un cuarteto ‘con alma’ alusivo a esa labor. Son las fotos de Carmelo Alonso, unas hechas por él a los últimos labriegos con aperos tradicionales, y otras recopiladas de los propios protagonistas a lo largo de décadas. La mayoría pertenecen a Tierra de Campos, pero en algunas se ven paisanos de su pueblo, Villafruela, de donde también procede un carro matriculado que está en el Museo.
Esas fotos son el complemento que humaniza de lo que es propiamente la exposición ‘El hombre y la recolección’, formada por unas 300 piezas, de diversos tamaños y procedencias, que tienen en la muestra un hilo conductor que  comienza en las vitrinas donde se han instalado diversos tipos de hoces desde el Neolítico pasando por hoces de Nepal, Europa y América hasta evolucionar en la guadaña o el dalle, que llamamos en Castilla. El recorrido sigue con los aperos típicos del transporte, la recolección, la trilla, la bielda... No faltarán tampoco los arados con los yugos, desde los romanos de madera a otros que evolucionaron con la incorporación del hierro;el apero más ‘moderno’ es una gran trilladora, muy importante porque es lo último de la agricultura antes de llegar la cosechadora.
El valor del Museo está en la diversidad de las piezas, dejando constancia de su transformación con el paso de los años. Todas estas piezas han sido recopiladas desde hace 35 años por Carlos Alonso -apasionado de la etnografía, quizás herencia del oficio de herrero de su padre- en diversas partes del país, e, incluso, de fuera. Una pieza curiosa es una aventadora china de 1750, aún sin cribas;también destaca en el Museo la aventadora Ajuria (fabricada en Vitoria) que sacaba la paja solo con un ventilador. No falta un espacio dedicado a las medidas de capacidad anteriores al sistema métrico decimal y otro que reproduce una típica cuadra.
Este Museo es el más importante dedicado a la recolección de la provincia e, incluso de la región, y ha sido posible gracias al empeño del alcalde, Sebastián Sardiña, y los hermanos Alonso. Ahora, la idea es dar vida a este centro, que forma parte del complejo de usos múltiples, que se ha levantado en diferentes fases. Esta última, que también cuenta con una sala de proyecciones y oficinas administrativas, ha supuesto una inversión de 214.000 euros, financiada por Adecoar, el Fondo de Cooperación Local (año 2011) y el  Ayuntamiento. La idea ahora es potenciar el Museo y darlo a conocer entre colegios, asociaciones, etc., y programar visitas, encuentros, talleres, aprovechando las redes sociales. Tiene, sobre todo, un fin didáctico porque, como bien dice Carlos Alonso, «una mirada al pasado es un paso al futuro».

Un arca de Noé

Los hermanos Alonso han constituido la Asociación El Hombre y los Ingenios, que tiene como objetivo final crear un ‘banco de ingenios’, un arca de Noé, donde guardar una pieza de cada oficio, cada actividad humana para dejar ese legado a las nuevas generaciones.
Carlos dice que tiene tanto material que podría crear hasta 6 museos distintos y, si el inaugurado ayer en Modúbar está dedicado a la recolección, otros podían dedicarse a la herrería, a la matanza, a la miel... De hecho, ha propuesto al alcalde de Burgos crear en la capital el Museo de la Lana, ya que con el trigo fueron el  ‘oro blanco’ que en la Edad Media convirtieron a Burgos en una próspera ciudad.