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Una maestra de sobresaliente

B.G.R.
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La burgalesa Silvia Guerrero consigue el séptimo puesto en las oposiciones para maestro de Inglés de la Comunidad de Madrid, especialidad a la que se presentaron 4.300 aspirantes

Silvia Guerrero, a las puertas del colegio donde realizará las prácticas. - Foto: DB

Ha sacrificado un año para «vivir tranquila» el resto de su etapa laboral. No ha sido tarea fácil. Tuvo que renunciar a la familia, los amigos y los ratos de ocio, cambiando todo por los libros y el estudio. Tenía un objetivo claro y lo ha conseguido; una plaza de maestra de Inglés en Madrid, su residencia habitual. Pero su logro ha ido más allá de lo esperado al quedar la séptima en las oposiciones de esta especialidad que se celebraron el pasado mes de junio y a las que se presentaron 4.300 aspirantes.

Nacida en Burgos, Silvia Guerrero Arnaiz, de 39 años, obtuvo un 8,49 en la puntuación final del proceso, frente a la máxima nota, que fue de 9.2. Era la tercera vez que se presentaba en esa Comunidad, después de otras tantas en Castilla y León. «Sabía que iba a sacar una buena calificación, pero no quedar en ese puesto», reconoce feliz y todavía sorprendida por la noticia, que precisamente conoció cuando estaba pasando unos días en la capital del Arlanzón y que no dudó en celebrar junto a sus padres. 

Ahora se siente «satisfecha» y sobre todo tranquila», no sin dejar de recordar el esfuerzo de ese intenso año dedicado al estudio en el que no faltaron momentos de debilidad. «En ocasiones me planteaba tirar la toalla, pero había algo que me empujaba a continuar», reconoce esta maestra de vocación tardía y apasionada de los idiomas, principalmente el inglés. 

Fue esto último lo que animó a Silvia a cursar Maestro de Primaria en la Universidad de Burgos con mención en dicho idioma. «Elegí la carrera por descarte y porque mis padres no podían costearme una fuera», asegura, admitiendo ahora que resultó la mejor decisión. Porque según avanzaba en sus estudios, iba descubriendo una vocación que se ha visto reforzada con el paso del tiempo. La docencia es lo suyo porque «te olvidas de tu mundo para centrarte en el de los alumnos. «Es a lo que quiero dedicarme el resto de mi vida».

Recuerda a la perfección el día del primer examen en un aula a cuarenta grados en el que estuvo desde las ocho y media de la mañana hasta las dos y media de la tarde. «Pensaba que no podía más en el último ejercicio. Se nos pegaba la mano al papel», admite. Pero aguantó y obtuvo, por ejemplo, un 9,5 en el desarrollo del tema de Literatura que eligió, a pesar de que no era el que mejor llevaba preparado. Una línea que mantuvo en el resto de ejercicios y en la presentación de la programación didáctica.

Lleva trabajando en la profesión seis años e inició su carrera en Castilla y León como interina. Sin embargo, hubo un curso en el que no consiguió impartir clase y que además coincidió con una convocatoria en Madrid a la que se presentó. Con la experiencia en ambos procesos selectivos, asegura que en este último resulta «bastante más complicado» que el primero al incluir bloques como cultura común (Lengua y Matemáticas), una parte específica y caso práctico de Inglés y  el desarrollo del tema, parte común en todas las Comunidades.

El objetivo de Silvia comenzó en septiembre del año pasado, cuando después de varios intentos decidió matricularse en una academia y convertir el estudio de las oposiciones en un trabajo más.Lo compaginó con su labor docente en el colegio público Pedro Duque, donde se siente especialmente cómoda y al que tiene previsto regresar este próximo curso pero en condición de maestra en prácticas. Lo ha elegido para iniciar esta etapa de funcionaria, en la que deberá presentar un proyecto y estará acompañada de un tutor. Para ella, es el colofón a este exitoso 2022, ya que el centro está ubicado en Vilcálvaro, distrito madrileño en el que reside a tan solo unos metros de la instalación educativa. «Era mi ilusión y ni en mis mejores sueños hubiese pensado que acabaría aquí», sostiene, reconociendo al mismo tiempo su temor a un destino más lejano en algún pueblo de la sierra. 

Se siente contenta y satisfecha consigo misma, agradece el no haber tirado la toalla en esos momentos de duda y subraya que, al final, «el esfuerzo mereció la pena».