¿Quién dijo aforos?

G. ARCE
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Los pantanos de Úzquiza y Arlanzón se han convertido en la alternativa natural de muchas familias a las restricciones impuestas en piscinas públicas y playas por la crisis del coronavirus

Familias, cuadrillas de amigos y parejas aprovechan los días tórridos para disfrutar del aire, el sol y el agua de la Sierra de La Demanda. - Foto: Patricia

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Nuevo turismo interior

«Aquí estamos más tranquilos». La respuesta es la misma se pregunte a quien se pregunte a orillas de los pantanos de Úzquiza y Arlanzón. Y son muchos estos días que aprieta el calor. Las praderas bañadas por el agua embalsada y cualquier rincón que permita un chapuzón y tumbarse al sol están plagados estos días de verano de bañistas, grupos de jóvenes y de familias que han preferido la Sierra de La Demanda a cualquier otra oferta de playa o piscina. 

Este verano el dichoso coronavirus lo ha justificado todo, también el hecho de que una familia renuncie a las olas del Cantábrico para no estar rodeados de gente con la cara tapada y evitar estar pensando constantemente en las distancias de seguridad. Otra, con varios niños correteando alrededor, asegura que eso no lo pueden hacer tranquilos en una piscina municipal y menos sentarse a comer una tortilla de patata en la sombra.

La mascarilla se ha convertido en una obsesión, también a orillas del pantano. Hay quien va al agua llevándola en el codo por si acaso y la gran mayoría la mantiene cerca y no duda en tapar boca y nariz ante la presencia de otra persona. Estos son los tiempos que corren.

Pese a ello, los pantanos que abastecen a la ciudad están espléndidos tras una primavera de lluvias, lo que ha permitido unas playas de hierba hermosas con distancias suficientes para colocar toallas y sombrillas -«aquí no hay aforos», nos dice uno saliendo del agua- y unos bosques cercanos de un verde exultante y acogedor. 

Úzquiza está al 77% de su capacidad (58 hm3 ) y Arlanzón al 81% (18 hm3). Todo invita a un chapuzón cuando el termómetro roza los 30 grados y el viento de la Sierra ya no es suficiente para refrescar el cuerpo. Y, si no, a un paseo en una barca hinchable o una tabla de windsurf... 

Las zonas ocupadas por los bañistas visitadas el pasado domingo estaban razonablemente limpias -«los que vienen aquí son muy respetuosos», asegura un bañista- y los pantanos se muestran con un alto nivel de agua, lo que también obliga a extremar la prudencia en el baño pues aquí no hay servicio de socorrista que valga.

Úzquiza dispone de zonas de aparcamiento espaciosas relativamente cercanas al agua a lo largo de todo su perímetro, con el apoyo de lo que queda en superficie de la antigua carretera que unía los pueblos de Villorobe y el que daba nombre al pantano.

No ocurre lo mismo en el embalse del Arlanzón. La carretera que serpentea por su orilla, protegida por vallas de seguridad, se convierte en estos días en un largo aparcamiento improvisado de coches, estrechando aún más la calzada y convirtiendo sus numerosas curvas en un peligro.