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Un arca de Noé bajo las cenizas

J. M. Rodríguez (EFE)
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Decenas de cabezas de ganado que sustentan la economía de muchas familias de la zona también han sido evacuadas del área de la erupción

El Ayuntamiento de El Llano acondicionó el área donde se suele celebrar la Feria del ganado para alojar a los animales de las granjas afectadas. - Foto: Ángel Medina G.

La erupción en Cumbre Vieja no solo está destruyendo una de las vegas agrícolas más fértiles de Canarias, sino que, además, irrumpió en el corazón ganadero de La Palma, en un puñado de barrios de montaña donde las cabras o las ovejas son algo más que el motor de pequeñas queserías artesanas, son parte de la familia, la expresión de un modo de vida secular.

Cuando la isla comenzó a temblar por los cientos de terremotos que precedieron al volcán, en el Ayuntamiento de El Paso comenzaron a asumir que, otro año más, tendrían que despedirse de su tradicional Feria de Ganado Autóctono, con todo ya preparado en los prados de Las Canales, el llano donde habitualmente tiene lugar esa cita, a las puertas del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.

Solo unas semanas después, del recinto sale un escándalo de balidos, rebuznos, gruñidos y cacareos que, por momentos, se impone a la percusión constante de las explosiones del cono del volcán, que apenas se encuentra unos kilómetros más abajo. Es el «arca de Noé» donde los pequeños ganaderos de Tacande, Las Manchas y otros barrios evacuados por la erupción pusieron a salvo a sus animales.

Los ‘inquilinos’ se quedarán en sus jaulas hasta que sus propietarios puedan ir a buscarlos. Los ‘inquilinos’ se quedarán en sus jaulas hasta que sus propietarios puedan ir a buscarlos. - Foto: Ángel Medina G.La mayoría de los vecinos de la zona cero del volcán sabían lo que tenían que hacer si finalmente este estallaba, como sucedió; también los ganaderos. Por eso, casi todos fueron llevando a sus cabras, ovejas, gallinas, cochinos, conejos... a Las Canales.

En este momento, son más de 130 los animales puestos allí a resguardo bajo unas lonas de rafia que los protegen del sol y de la lluvia de cenizas y escoria del volcán, que ha teñido de negro miles de hectáreas en la isla, también sus pastos.

«Por suerte, pudimos prever que esto podía suceder y fuimos puerta por puerta por los barrios del municipio avisando de lo que podía pasar. También estábamos en contacto con transportistas, para que en la hora en que llegara la erupción, tuviéramos un margen de tiempo para recoger a los animales y trasladarlos», explica Gustavo Concepción, concejal de Desarrollo Rural de El Paso.

No les falta agua, comida dos veces al día y manos voluntarias para ordeñar. No les falta agua, comida dos veces al día y manos voluntarias para ordeñar. - Foto: Ángel Medina G.Pero no todos los vecinos fueron previsores. Algunos no terminaron de creerse que iba a haber una erupción o albergaban la esperanza de que no ocurriese.

«A algunos animales tuvimos que rescatarlos en la zona caliente. No estaban en peligro real todavía, pero sí se encontraban en la zona del volcán. La lava nos dio cierto margen», relata Concepción.

Los animales llegaron al ferial nerviosos, no solo por el estrés de las explosiones y de que los sacaran de su espacio habitual de vida. En realidad, muchos llevaban tiempo intranquilos. Era otra señal: por eso, los vulcanólogos habían recomendado que estuvieran atentos a su comportamiento, ya que a veces anticipa alertas que luego aparecen en los sismógrafos.

Un arca de Noé bajo las cenizasUn arca de Noé bajo las cenizas - Foto: Ángel Medina G.En Las Canales ahora están a salvo y bien cuidados, separados en vallados o jaulas diferentes según la especie y el propietario. No les falta de nada: tienen comida, agua  y, en el caso de las cabras y ovejas, no falta quien las ordeñe.

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Un arca de Noé bajo las cenizas
Un arca de Noé bajo las cenizas - Foto: Ángel Medina G.
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Un arca de Noé bajo las cenizas - Foto: Ángel Medina G.