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La solidez atrás, una base de crecimiento

ÁLVAR ORTEGA
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Después de alcanzar el ecuador de la competición, el Burgos CF se sitúa como uno de los conjuntos más contundentes en defensa, hecho que le ha permitido sumar hasta que ha encontrado alternativas arriba

José Antonio Caro y Alfonso Herrero, con sus buenas actuaciones, han demostrado ser un seguro bajo palos. - Foto: Alberto Rodrigo

Ser definitivo en las áreas en un factor fundamental en el fútbol, y más en una competición tan exigente como la Segunda División. El Burgos CF, pese a volver a pisar esta categoría después de tantos años de ausencia, sí que lo está consiguiendo, especialmente en su portería, donde los números lo convierten en uno de los conjuntos menos goleados (21) después de la disputa de 21 jornadas. En la faceta ofensiva ha demostrado más dificultades y aunque ha marcado los mismos tantos que ha encajado (21) hasta 14 equipos han sido más goleadores que los de Julián Calero.

El objetivo del equipo blanquinegro siempre ha sido la salvación y para alcanzar una meta tan sufrida el camino no iba a ser fácil. Los jugadores burgalesistas, así como la propia afición, lo sabían incluso desde antes de abrir la temporada en Gijón, por ello Julián Calero apostó desde un primer momento por acentuar dos facetas principales de los suyos: la solidez defensiva y la lucha.

Alfonso y Caro. El técnico madrileño apostó por Alfonso Herrero en portería durante los primeros 14 compromisos ligueros y empezó a tocar las primeras teclas en busca de unos resultados que no hundieran al equipo abajo. Sacrificando posesión y protagonismo en los hombres de punta, el Burgos 'sobrevivió' a algunos de los favoritos (Leganés, Eibar o Valladolid) en un inicio en el que dejó claro cómo se iba a usar la «caja de herramientas».

Ante el propio Valladolid y el Mirandés se produjeron las dos principales alegrías, ambas manteniendo la portería a cero, pero en cuanto dejaron de llegar los resultados la afición reclamó más atrevimiento y contundencia no solo en área propia, también en la rival: el equipo de las orillas del Arlanzón no marcó en 6 de las primeras 9 jornadas.

Progresivamente, el Burgos CF cambió porque necesitaba hacerlo. Las victorias ante Oviedo (1-3) y Huesca (3-1) dieron las primeras pinceladas de un equipo que quería ganar relevancia ofensiva, sin embargo, esto precedió a la crisis enmarcada en las derrotas ante Tenerife, Zaragoza y Almería, en las que se recibieron un total de 6 goles y no se marcó ninguno. Esto atrajo la evolución.

Julián Calero depositó su confianza en José Antonio Caro en detrimento de un Alfonso Herrero que estaba respondiendo. Grego Sierra y Córdoba asumieron galones en el eje de la zaga mientras José Matos se hizo con el lateral izquierdo. Con esas piezas en defensa -siempre apoyadas por Elgezabal-, se empezó a vislumbrar un equipo que creaba y no solo desbarataba ocasiones.

Mejoría ofensiva. En el último tramo de la temporada, con el paso de la línea de 5 defensas a 4 y el rechazo a la figura del nueve tradicional (Álex Alegría, Guillermo o Claudio Medina), el Burgos CF enlazó 4 partidos marcando, algo que no había hecho en todo el curso. Además, reduciendo el número de goles encajados desde que Caro es titular (0,85 goles de media ahora por 1,07 antes).

Con la lesión y la pérdida de peso en el juego de Saúl Berjón -en un inicio clave- jugadores como Mumo, Ernesto y, sobre todo, Juanma y Valcarce, han dado un paso adelante para mejorar en campo contrario y alcanzar la cifra de 21 goles en 21 jornadas. Este último es quien más ha disparado (29), quien más lo ha hecho a puerta (15) y quien más veces ha batido las redes rivales (6).

Un rendimiento ofensivo que todavía está muy lejos de ser uno de los mejores (14 equipos marcan más) pero que está complementando a una defensa que es la 7ª que menos encaja y la 3ª que más veces ha dejado su portería a cero (8 veces).