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Relevo generacional del servicio técnico del girasol

S.F.L.
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Daniel Ortega dejó de lado las telecomunicaciones para regresar a Briviesca y gestionar el negocio que fundó su padre de venta de semillas y compra de producción de oleaginosas. Proyecta crear en Busto de Bureba otro punto de recogida

La campaña de recogida de girasol comenzará en los próximos días, una vez que la parte trasera de la flor quede totalmente negra y no presente humedad. - Foto: S.F.L.

«¡Estás completamente loco!», una de las frases que más le repitieron a Daniel Ortega sus conocidos cuando anunció que dejaba su vida en Valladolid y regresaba a la ciudad en la que se crió, Briviesca. El hecho de informar de que pretendía vivir del campo incrementó esa sensación de rechazo de algunas personas de su alrededor. A día de hoy, no puede sentirse más orgulloso de haber tomado tal decisión y apenas recuerda el estilo de vida urbanita que llevaba: una gran ciudad, dedicarse al sector de las telecomunicaciones, cenas, reuniones… El estrés del ritmo frenético de la urbe se cruzó en el camino de este burebano, aunque reconoce que si no hubiese perdido su empleo fijo quizás no hubiese dado nunca el paso. ¡Bendita la hora!

Llegaba el momento de que el patriarca descansara y Ortega percibió que tomar las riendas del negocio tampoco era una idea tan disparatada. Conocía como nadie la labor de la venta de semillas de girasol  y de la compra de la producción a los agricultores de la zona, por lo que no se le ocurrió un mejor candidato para continuar con el legado familiar que él mismo. Mantiene relaciones prácticamente familiares con la mayor parte de sus clientes y mamó las obligaciones existentes para desempeñar sus funciones. «En la primera campaña mi padre vendió semilla para unas 15 hectáreas hace unos 33 años. Hoy todo ha crecido de manera exponencial», declara.

Además de continuar los pasos del progenitor  y dedicarse a la distribución de oleaginosas y de la compra de la producción a los productores de la zona, es el delegado comercial en la Bureba de la mayor molturadora que hay en España, Agropro. Asimismo, proyecta ampliar el negocio y construir una báscula en Busto de Bureba, fundamental para pesar los cultivos. «Se trata de un plan ambicioso pero necesario ya que pretendo recoger también allí girasol, además de en Las Vesgas y en Briviesca. La idea es levantar una pequeña nave o una tejavana para proteger la mercancía. Me encantaría edificar también un pabellón de almacenamiento como el que tengo en la pedanía, pero requiere una gran inversión», explica.

Su amor por su profesión y las grandes relaciones forjadas con sus clientes hacen que el briviescano también visite el campo, las tierras de los agricultores y realice asesoramientos técnicos, seguimiento de los cultivos y recomiende a los trabajadores. «Existen muchas diferencias entre las variedades que se adaptan en un pueblo y en otro. Soy conocedor del terreno y siempre intento  hacer un asesoramiento certero para que la producción sea la mejor», asegura. «Cualquier casa comercial de girasol gestiona distintas variedades, como yo, siempre con materia prima para la elaboración de aceite destinado a la alimentación», añade.

Todos los almacenistas y cooperativas de la zona trabajan con esta planta y hay mucha competencia. Pero su caso es extraño porque es el único que se dedica exclusivamente a las  oleaginosas. «El resto también llevan el cereal o fertilizantes. Me distingo de los demás en ese aspecto y tengo el respaldo de trabajar directamente para Agropro», explica.

previsiones. Según el experto, «no se espera una buena cosecha de girasol porque la meteorología no ha acompañado este verano». La media recogida en la pasada campaña se acercó a los 1.800 kilos por hectárea pero este año las previsiones apuntan a que «bajará igual un 15 o un 20%», manifiesta.