Gamonal pierde a un buen poli

I. ELICES
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El subinspector que relanzó la labor de la Policía Local en el barrio se jubila y confía que el servicio de proximidad se mantenga

Gamonal pierde a un buen poli - Foto: Patricia González

¡Qué poco te queda! Si no se lo recuerdan diez vecinos en el trayecto entre el cuartelillo de la calle Vitoria y la casa de cultura de Gamonal -20 metros escasos- no se lo recuerda nadie. Lo que da una idea de la fama (buena) que el subinspector Juan José García (cuatro veces), Gaitu, tiene en el barrio. Una popularidad que se ganó en su época de civil -cuando jugaba con su equipo de fútbol y alternaba con su cuadrilla- y se ha agrandado como policía local, como máximo responsable del Cuerpo en la zona más populosa de Burgos.
Acudirá de uniforme a la fiesta de las Candelas este fin de semana pero ayer fue su último día en la Policía Local después de 35 años. Es uno de los más de 30 efectivos que se acoge en estas fechas a la jubilación anticipada a los 60. Y se despide con una «sensación agridulce». Por una parte, está seguro de que «es el momento, de que mente y cuerpo» le dicen que «hay que parar». Pero, por otra, va a «echar de menos a los compañeros». Y ellos a él, como lo demuestra la fiesta sorpresa que le prepararon ayer y durante la cual no pudo reprimir las lágrimas. Y también va a añorar su profesión, sobre todo su «manera de entenderla», en la que la cercanía y relación continua con el ciudadano constituyen los principales fundamentos. «Espero que esta forma de trabajar se mantenga tras mi marcha», confía.
Sus compañeros -él no tiene subalternos aunque sea su superior- dicen de él que es el «capo» -en el buen sentido- de Gamonal. Por su forma de ser -humilde y sociable- ha urdido una red de vínculos con el tejido social del barrio que «se nota en la acción diaria de la Policía Local». Su temperamento le viene de herencia, pues su padre «siempre iba con la sonrisa por delante, aunque no tuvo precisamente una vida regalada». José Luis, su progenitor, enviudó joven -al tiempo que la fábrica donde trabajaba cerró-, lo que le obligó a encadenar varios «empleos precarios» con los que «subsistir» hasta la jubilación. Él le enseñó a «no cobrar facturas, a no hacer prisioneros», porque, según «decía muchas veces: perdiendo se gana». Y esta máxima ha regido su vida personal y profesional, lo que le ha granjeado el cariño de sus vecinos y de los policías.
No nació en Gamonal pero es de Gamonal. Es natural de Santa Cruz de Juarros y llegó a Burgos cuando tenía 14 años. Su apodo le viene de antes, de cuando estudiaba en los Salesianos, en el Palacio de Saldañuela. Sus amigos le sorprendieron chupándose el dedo mientras jugaba un partido de ping-pong, así que el empezaron a llamar gaitero, sustantivo que degeneró -gracias a la mala baba de sus compañeros de colegio- en el actual Gaitu, por el que le conoce medio barrio.
Pasó su juventud en la calle Vitoria y ahora vive en la carretera de Poza, esquina con Esteban Sáez Alvarado. «Seré de los pocos de la cuadrilla que se ha quedado toda la vida aquí», advierte. Pero es que a él le llena Gamonal. Su primer destino como policía, en 1984, fue éste, cuando patrullaba con un sereno y un compañero mayor y descansaban en un pequeño despacho de la calle Las Escuelas. Pero antes de agente trabajó en una fábrica y estudió Magisterio. Lo que ocurre es que en aquella época «lo de maestro estaba muy mal», de modo que cuando se enteró de que salían plazas en el Cuerpo se presentó.
En la Policía Local ha trabajado en varias unidades. De la que guarda un gran recuerdo es de la de Seguridad Vial, que compartía con el actual relaciones públicas, Matías Tapia, con el que siempre estaba «de risas». Aprendió mucho e hizo muchas amistades entre la comunidad educativa de Burgos, algunas de las cuales mantiene en la actualidad. Estuvo en Seguridad Ciudadana e incluso en Atestados, donde sus compañeros le tildaban de «gafe», porque siempre que estaba de turno había algún accidente grave o mortal. El peor recuerdo de su carrera policial, que le vuelve hoy en día, es un siniestro en López Bravo en el que él y sus colegas se toparon con «un Ford Sierra partido por la mitad tras una colisión». «Padre e hijo muertos;un panorama desolador, no sabíamos por donde empezar», evoca, para subrayar lo que se «ha avanzado en seguridad vial».
En 1999, como oficial, el concejal socialista Antonio Fernández Santos -con quien ha mantenido una muy buena relación, como con Gema Conde y el resto de ediles de seguridad ciudadana- lo reclutó para poner en marcha la policía de barrio de Gamonal, ya en el cuartelillo actual. Aquí ha desempeñado su labor -salvo un paréntesis de tres años, entre 2003 y 2006- hasta la fecha de su jubilación. En su barrio es donde ha desplegado todas sus habilidades como policía de proximidad, que aprendió del que fuera su mentor, Manolo Abad. «Él puso en práctica el modelo de coger los teléfonos de todos los comerciantes y hosteleros y de estar siempre pendiente de lo que le ocurre al ciudadano;y es lo que yo he tratado de hacer», explica. Siempre con un pensamiento, el de que cada vecino que acude a la Policía «con un problema se vaya con una solución». Y si no acude también. Muchas intervenciones del 112 en domicilios «hacen aflorar situaciones familiares complejas, de necesidad, que no se olvidan, que se valoran y se remiten a los Servicios Sociales», de los que asegura -tanto los municipales como los de la Junta- «no pueden presumir en otros lugares».
Pero la misión de la Policía Local también pasa por ordenar el tráfico y el aparcamiento. Con una labor de información y de denuncias solo cuando ha sido necesario el Cuerpo ha logrado terminar con la doble fila en zonas como las calles Jaén, Sevilla, Granada, o la calle Vitoria y Santiago. Admite que hay otras, como Eladio Perlado o Luis Alberdi, «donde es difícil actuar, porque no es un problema de que estacionan mal los vecinos». «Si fueran habitantes de aquí con dos advertencias se solucionaba, pero es que el comercio atrae gente de otras zonas que dejan el coche mal», explica.
En los disturbios de Eladio Perlado de 2005 por el párking subterráneo no estaba destinado en Gamonal, pero en su doble condición de agente y vecino le dejaron una «sensación agria». Igual que los de 2014. «Lo viví desde la esquizofrenia porque se trataba de mis vecinos, pero al mismo tiempo la violencia había que pararla;gestionamos aquello como pudimos», recuerda ahora.
Y, ahora, el Tito de Oro en 2015 se jubila. No le faltarán ocupaciones, como caminar y el fútbol, su gran pasión, que ha disfrutado gracias a figuras como Juanito, del que dice que era el Messi de los años 80. «Y estuvo aquí». Aficionado a la lectura -está leyendo Nacido en los 50, de el GranWyoming- piensa en hacerse voluntario de Proyecto Hombre, pues vivió con desgarro «cómo muchos amigos fueron devastados por las drogas en el Burgos de los 80 y los 90». Seguro que este ‘poli’ bueno tiene mucho por dar a su barrio y a su ciudad.