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Solo quedan los de siempre

H. JIMÉNEZ - R. PÉREZ BARREDO
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El verano ha sido un oasis, un espejismo: con la llegada del otoño, la lluvia y la oscuridad todo se va deshabitando, desnudando, vaciando. Es tiempo de soledad y de silencio. DB cierra aquí sus 4 estaciones en la España vacía desde Cueva de Juarros

Solo quedan los de siempre - Foto: LUIS LÓPEZ ARAICO

Nada es eterno, ni siquiera este verano tan largo y atípico que hemos vivido en octubre. Sol y manga corta hasta unas alturas del año que no recordaba nadie. Pero aquello también se acabó. Desaparecieron los calores, llegó la lluvia, el viento impenitente, los días grises y los penachos de humo saliendo de las chimeneas volvieron a ser el mejor indicador de vida. La inconfundible señal de «casa habitada» que tan caras se cotizan en la España vacía. Es en estos días del otoño, cuando el mundo rural vuelve a bajar la persiana hasta que retorne la vida allá por la próxima Semana Santa, el momento en el que la tozuda realidad se impone, una vez más. Es inevitable. Solo unos pocos pueblos han conseguido dar la vuelta a la tendencia. Porque lo normal, como ocurre en Cueva de Juarros, es que al empezar el frío solo queden los de siempre.

Esta pequeña localidad a la que hemos seguido durante todo el año, y en la que vivimos la explosión de colores de la primavera y la alegría de un verano por fin sin restricciones pandémica,  completa el círculo vital de cada año con su regreso al silencio. Pasen por allí un lunes por la mañana. O un miércoles por la tarde. O cualquier jueves por la noche. Escucharán sus pasos y hasta su propia respiración. Sentirán la calma o la angustia, dependiendo de cómo lo afronten, de encontrarse en un pequeñísimo rincón de Castilla.

Probablemente, eso sí, se topen con Victoria Cubillo López. Ella nunca falla. Desde su privilegiada atalaya, una casa al pie de la carretera y frente a la taberna, domina el tránsito de vehículos y personas, sean pocos o muchos. Y con su eterna presencia, cuentan sus vecinos, se ha convertido también en una referencia imprescindible para todos, porque está cuando se la necesita. ¿Hay que dejar un recado, coger el pan, o hasta un paquete de Amazon? Confíaselo a Victoria. ¿Sabes dónde está Fulano o Mengana? Probablemente lo haya visto Victoria. ¿Organizamos un evento? Seguro que ella anda por allí.

«Nací y soy casada aquí. Toda la vida», cuenta risueña bajo la parra que preside su puerta, y que en septiembre estaba esplendorosa. Resume su vida laboral con la clarividente sencillez de la gente de campo: «Cuando era pequeña ayudaba a mis padres con el ganado y con el campo, pero luego… pues ama de casa». Y habla todo el rato de su marido y de sus hijos. ¿Por qué dicen muchos que eres tan importante en este pueblo?, pregunta el periodista. Y ella responde, encogiéndose de hombros: «Al que me pide un favor se lo hago sin reprochar».

(El reportaje completo de 5 páginas y amplio despliegue fotográfico, en la edición de papel de hoy de Diario de Burgos)