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Burgos de lujo

A.G.-H.J.
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Los ahorros de los burgaleses han alcanzado su récord de la última década, favorecidos por las restricciones de la covid y la incertidumbre en torno al futuro. Si usted quiere darse un capricho sin salir de la provincia, aquí tiene una guía

Cochazos. Un Maserati Ghibli, motor Ferrari que puede superar los 500 caballos. - Foto: Valdivielso

No todas las consecuencias de la pandemia que desde marzo de 2020 ha puesto patas arriba el mundo como lo conocíamos hasta entonces, han sido catastróficas. Más bien al contrario, la crisis sanitaria está teniendo su parte buena e incluso muy positiva. Porque si bien para mucha gente está siendo un periodo durísimo (no olvidemos que, además de los fallecidos y los enfermos con secuelas, aún hay muchas personas en ERTE, 20.000 a finales de junio, y otras que han perdido su puesto de trabajo) para otra está resultando hasta rentable. Nada menos que 11.789 millones de euros es el montante del ahorro que los burgaleses tienen en las entidades financieras, según datos del Banco de España de hace un par de meses, lo que supone la cifra más abultada desde hace una década. El estricto confinamiento entre marzo y mayo del año pasado, el miedo al futuro, las constantes restricciones de movilidad y el conservadurismo sociológico de esta sociedad han hecho que muchas cuentas estén a rebosar, por lo que no sería descabellado que hubiera personas que se quisieran dar un buen capricho, uno de los caros, sin ir muy lejos de casa.

La intención de estas líneas es hacer un pequeño recorrido por el Burgos de lujo partiendo de que este es un concepto que aquí no es que no se vea, es que muchas veces ni siquiera se intuye; otras, directamente no existe, pero cuando sí lo hace es bastante menos costoso de lo que puede aparentar. 

Los expertos, por ejemplo, saben bien que los coches de altísima gama están en los garajes, de donde solo salen para viajar, en no pocas ocasiones a la milla de oro de Madrid; cualquiera tiene al alcance de internet las cartas de los mejores restaurantes con precios nada desorbitados -en Cobo Estratos, el proyecto de Miguel Cobo, antigua estrella Michelin, el postre más caro cuesta 7 euros- y un vino de más de mil euros se consume en la intimidad, pero, por otro lado, no es posible encontrar en las tiendas de ropa marcas de súper lujo.

Una espectacular pieza como esta esmeralda con diamantes de la joyería Gadema puede alcanzar un precio de entre 4.000 y 6.000 euros.Una espectacular pieza como esta esmeralda con diamantes de la joyería Gadema puede alcanzar un precio de entre 4.000 y 6.000 euros. - Foto: Alberto Rodrigo

Un vino de 4.200 euros.
Paco Berciano, copropietario de Alma Vinos Únicos y Vinoteca El Lagar, hace no mucho que ha vendido una botella de vino de alrededor de 4.200 euros, un Romanée-Conti, borgoña procedente de un viñedo que no llega a las dos hectáreas situado en la localidad francesa de Vosne-Romanée. Ha sido el más caro de este año aunque también despacha Petrus -otro vino francés, un burdeos- que pasa de los mil euros por botella.

«No solemos tener más de dos botellas de este vino, Romanée-Conti, y la persona que lo ha comprado lo ha hecho para disfrutar entre amigos, a puerta cerrada. En Castilla no existe la ostentación que puedan tener otras culturas como, por ejemplo, la asiática, aquí somos muy sobrios, nos gusta disfrutar, por supuesto, y quien puede hacerlo lo hace a lo grande pero sin dar ruido».

Coincide con él David Ruiz, florista, organizador de eventos y propietario de Cultura de Flor (Avenida Derechos Humanos) y El Invernadero de San Gil, que son en Burgos las tiendas oficiales de Maison Berger, una marca francesa de difusores, velas y ambientadores de casa de altísima gama. «Estamos demasiado cerca de Madrid como para que aquí se puedan encontrar excesivos lujos. El que los quiere los tiene a poco más de dos horas en coche», explica.

Lirios del valle por 400 y un ambientador de 800.
Entre las flores más caras que tiene en su negocio, Ruiz destaca el muguet o lirio del valle, una flor muy delicada y que en Francia se regala el 1 de mayo como deseo de buena suerte. Un ramillete de esta especialidad se ha llegado a vender por un precio de entre 300 y 400 euros. Y en cuanto a los exclusivos ambientadores de Berger, aunque la inmensa mayoría tienen precios entre los 35 y los 70 euros, en una ocasión despachó uno por 800. «Se trataba de algo muy concreto con un diseño muy especial y exclusivo, esto no es lo más habitual pero quien quiera puede tenerlo».

Calzoncillos de 55.
Para no desentonar en un ambiente perfumado a 800 euros conviene ir adecuadamente vestido. Probablemente, las tiendas con marcas más exclusivas de la ciudad sean Serrano -que el próximo año cumplirá su 80 aniversario y que tiene prendas de Barbour, Polo Ralph Lauren, Woolrich o Tramarossa- y El Zoco, actualmente en la Plaza de España pero con una trayectoria de más de cuatro décadas que comenzó con un showroom en un piso de la calle Martínez del Campo con las marcas más modernas de los 80 como Manuel Piña, Sybilla, Antonio Miró o Jesús del Pozo. En la actualidad, el establecimiento está centrado, sobre todo, en ropa masculina  y su responsable, José Ángel Cubillo, explica que sus clientes son variados: desde el ‘de toda la vida’ para el que tiene un espacio exclusivo en el que poder probarse con cita previa y total tranquilidad, hasta el que viene de visita turística a Burgos y aprovecha para renovar el armario pasando por el que se va a casar y quiere un look sobrio y lejos de cualquier brilli-brilli. También, cuenta Cubillo, hay alguna gente joven que no tiene reparos en gastarse 400 euros en una sudadera, y considera que el hecho de que el Burgos haya subido a segunda es una gran noticia también para su tipo de comercio: «Va a venir mucha gente a ver el partido y, de paso, a comprar, y los propios futbolistas también se pasarán».

Así, en El Zoco se pueden encontrar calzoncillos por 55 euros de la marca Dsquared2, que también tiene unos vaqueros -espectaculares al tacto, por cierto- a 517, y otros de Tramarossa, por 310 euros, que van numerados y el cliente puede elegir el color de la etiqueta y los hilos y la forma de los botones. De Stone Island, otra marca de altura, tiene un dos cuartos por 680 euros y de la nueva temporada ya tiene un abrigo de mujer de High por 2.100 euros. 

5.000 euros para cambiar de cara y de cuerpo.
Y quien quiera ajustar sus medidas corporales a los cánones que marcan las tallas de las casas más selectas o las faciales, para deslumbrar o deslumbrarse, en Burgos lo tiene fácil. «No hay que salir de aquí para tener al alcance de la mano todos los tratamientos estéticos que existen. A veces pecamos un poco de provincianos en este sentido, en Burgos tenemos de todo», explica el especialista en Medicina Estética Miguel Ángel Álvarez, que asegura que el suyo es un negocio en clara expansión cuya demanda ha crecido exponencialmente en los últimos años: «Estamos sorprendidos, la gente no repara en gastos». En su clínica, por ejemplo, se puede ir de lo más básico, que es inyectar bótox para que las arrugas desaparezcan, algo que se puede conseguir por 300 euros, a lo más sofisticado que puede ser un lifting completo sin cirugía: «Un tratamiento completo, que abarque diferentes intervenciones puede llegar a los 5.000 euros».

En materia de Cirugía Estética, el nombre más conocido es el de César Casado. En su clínica, los precios oscilan entre los 2.500 y los 5.000 en función de cuál sea la demanda del cliente, que la covid ha hecho descender. Lo más solicitado, en cualquier caso, son las operaciones de mama, de nariz, de párpados y las liposucciones.

Esmeraldas y relojes suizos.
Es otro de los establecimientos clásicos de la ciudad. En Gadema, al principio de la calle Santander, se puede conseguir desde un anillo por no más de 20 euros hasta las joyas más exclusivas que uno pueda soñar. Luis Ángel Gallego, representante de la segunda generación desde que la firma abriera su primer establecimiento en La Paloma en 1956, nos muestra una selección de piezas espectaculares que abarcan unos precios entre 4.000 y 6.000 euros. La esmeralda que ilustra nuestra portada va acompañada con dos diamantes. También propone un clásico rosetón de diamantes, unas perlas tahití con un zafiro azul y una pieza histórica y de culto, el  reloj suizo Tag Heuer Mónaco, que utilizó el actor Steve McQueen en la película Le Mans, de 1971. «Lo mejor de las joyas es que no pierden su valor e incluso lo pueden incrementar. Un piso, unos zapatos de lujo pueden devaluarse. Una joya, jamás». 

Percebes a 69 el kilo.
Otro negocio histórico. En Pescaderías Vivar se surte la gente que busca alta calidad y es de los pocos sitios donde en Burgos se pueden encontrar angula, la mítica especie al alcance de muy pocos, que a veces se conforman con ese sucedáneo llamado ‘gula’. Ahora no es temporada -va de noviembre a abril- pero cuando toca no se puede adquirir por menos de 600 euros el kilo. Navidad es su época más alta y es tan carísima porque hay poca, tan sencillo como eso.

Lo que llena ahora el mostrador de Pescaderías Vivar es el atún rojo y el bonito, que están en su mejor momento, pero también los percebes (a 69 euros el kilo), los besugos 8 a 60), las cigalas de tronco y los langostinos ‘jumbo’ por si alguien quiere darse un capricho.

¿Visita exclusiva? No más de 200 euros.
Puesto que no es lo más conveniente en estos tiempos andar moviéndose en demasía, un buen plan podría ser hacer una visita exclusiva por la ciudad. Un guía turístico que se dedique a una sola pareja, por ejemplo, que quiera ver lo más significativo de Burgos -Catedral, casco histórico, Cartuja, Las Huelgas- no cuesta más de 200 euros. Lujos al alcance de muchos.   

Un Maserati, de 95.000 a 260.00 euros.
Los coches caros han sido siempre la perdición de los aficionados al motor. En Burgos no es posible comprar Ferrari,Porsche, Aston Martin ni Lamborghini, pero sí Maserati, a la venta en GJ Automotive. Desde los 95.000 a los 260.000 euros, dependiendo del modelo, el motor y el equipamiento, es posible hacerse con este símbolo del lujo sobre cuatro ruedas. Guillermo Díaz, gerente comercial del concesionario burgalés, explica que se puede personalizar «hasta el color de las costuras» y señala como cliente tipo de este tipo de adquisiciones «un público de mediana edad que busca sentirse exclusivo y único». Podemos dar fe de que el motor Ferrari que propulsa a estas máquinas y su rugido inconfundible proporcionan una experiencia de conducción fuera de lo convencional.

Apartamentos a 600.000, casas a millón y medio.
Si usted quisiera vivir en un ático en pleno centro histórico, en uno de los edificios recién reformados, con las mejores calidades y detalles personalizados,  vaya preparando a partir del medio millón de euros. Inmobiliaria Río Vena, por ejemplo, aún tiene a la venta alguno en el edificio del antiguo Hotel España, con precios que oscilan entre los 5.000 y los 6.000 euros metros cuadrados. Calcule el coste final si la superficie supera los 100...

Desde Inmobiliaria La Llave Roja cuentan que lo más caro que han vendido últimamente estaba en el Paseo de la Audiencia y apuntan a precios de más de 700.000 euros para casas en La Castellana. Obviamente el cliente habitual tiene «un poder adquisitivo importante, empresarios, CEO y últimamente estamos detectando gente de fuera de Burgos que por trabajo se han trasladado  y tras un tiempo en la ciudad se traen a toda la familia, normalmente familias numerosas», apuntan.

Y en Inmobiliaria San Pablo, por ejemplo, ofrecen también chalés en La Quinta por algo más de 600.000 o en la Castellana en torno a ese mismo precio, aunque en su web figura igualmente una enorme casa de 400 metros cuadrados (seis dormitorios y cuatro baños) que ronda los 1,4 millones.

Dormir en una suite de 300 euros la noche.
Una celebración especial, un caprichazo, un ‘San Queremos’, o una visita ilustre de alguien de fuera que necesite alojarse en Burgos. Las habitaciones de hotel más lujosas de la ciudad no son baratas, pero tampoco tienen precios para echarse a temblar comparados con los de las grandes ciudades y las cifras astronómicas que llegan a pagarse en ellas.

Aunque depende mucho del momento del año, puesto que el mercado del alojamiento presenta enormes fluctuaciones, en Burgos el precio más alto suele tenerlo el Hotel Landa, un emblemático establecimiento que para los burgaleses es ejemplo paradigmático de lujo sobrio y servicio clásico. Sus suites rondan los 300 euros, solo por el alojamiento, y buena parte de su nicho de mercado está compuesto por viajeros internacionales de paso, al estar ubicado justo al pie de la A-1.

En el centro de la capital, tanto el AC como el NH tienen suites que varían en una horquilla entre los 150 y los 300 euros, como costaba por ejemplo este pasado viernes impulsada por el lleno de los días pasados y por un fenómeno mediático y deportivo como la salida de la Vuelta a España. Cuentan en el sector que Burgos es una plaza de tamaño medio, con una importancia del turismo limitada, y que su rango de precios no admitiría encarecimientos mucho mayores.

Un cuadro de Carazo o Castaño por 12.000.
Si es difícil ponerle un precio exacto (que no es lo mismo que valor) a cuestiones más materiales y prosaicas, resulta imposible responder a la pregunta de cuánto cuesta un cuadro. La contestación suele ser:  «Lo que quieran pagar por él». Y ahí ya entramos en el terreno de las especulaciones.

En Burgos no queda ya ninguna galería de arte, así que no encontraremos una referencia clara, aunque La Botega dell’Arte y Sala Picasso exhiben de vez en cuando exposiciones temporales en las que se pueden encontrar obras de pintores locales y foráneos por unos 2.500-3.000 euros.

Pero dicen los entendidos (o al menos los consultados por este periódico, para no herir sensibilidades en un mundo especialmente susceptible) que los artistas burgaleses vivos más cotizados podrían ser Pepe Carazo y María José Castaño. En ambos casos podemos encontrar obras de gran formato en el entorno de los 12.000 euros. Cuasante o el escultor Alberto Bañuelos estarían un escalón por debajo y si vamos a artistas fallecidos un Luis Sáez o un Modesto Ciruelos pueden rondar los 20.000 en un gran formato. Todo depende, en cualquier caso, del interés del comprador y de un mercado difícil que se mueve entre el genuino interés artístico y la inversión meramente especulativa. Lujo, al fin y al cabo, en uno u otro sentido.