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Conciertos entre lavanda para visibilizar el Valle del Ebro

AARÓN C.C. / Santa Gadea
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El Granero de San Francisco, ubicado en Santa Gadea del Cid, celebra cada domingo hasta septiembre una serie de eventos musicales para atraer visitas turísticas a su finca, en la que el color de esta planta invade todo

El granero de madera sirve como punto de partida de las visitas turísticas. - Foto: DB

Durante los catorce años que vive la planta de la lavanda se acontecen muchas etapas diferentes. Desde el momento de la siembra han de pasar 24 meses para que esta comience a florecer y a tener color. En la tercera anualidad ya se procede a su recolección. A partir de entonces, en las campañas posteriores, este proceso de recogida se realiza a finales del verano, en el mes de septiembre. Todo el proceso transcurre durante la estación estival, lo que deja una estampa idílica. Para aprovechar esta época, el Granero de San Francisco, situado en la localidad de Santa Gadea del Cid, organiza una serie de eventos culturales hasta que concluya la cosecha de la lavanda. 

Las visitas a la finca son una buena forma de pasar el día de descanso junto a la familia y amigos. Esa es la intención y para aprovechar al máximo la estancia, los miembros del granero han organizado una serie de conciertos para amenizar la jornada de sus visitantes. «Queremos que el granero sea visto como un sitio al que venir a relajarse. No queremos grandes aglomeraciones que puedan estropear la esencia del lugar», explica Koldo Madariaga, uno de los miembros de la organización.

Las actuaciones tendrán lugar todos los domingos a las 12.30 horas de la mañana, el primero fue este fin de semana, entre las más de dos hectáreas de terreno cultivado de esta planta, dotando así a las actuaciones de un colorido muy distintivo. El proyecto comenzó en el año 2018, tomando como ejemplo la gran plantación de Brihuega (Guadalajara), una de las principales fincas dedicada a esta aromática en el panorama nacional. 

El objetivo principal de esta programación es el de potenciar el turismo entre Santa Gadea, Suzana y Cubillas de la Sierra, por donde se extienden los cultivos. Pero además, quieren visibilizar las Raíces de Castilla (Frías, Oña y Poza de la Sal), así como pueblos de la provincia de Álava. El granero representa un enclave turístico para estos destinos, ya que todos se encuentran en un radio bastante estrecho, favoreciendo así que la gente se traslade a estos rincones cuando concluye la ruta de la lavanda. «Cada vez vamos teniendo más éxito y mejor respuesta por parte del público», afirma Madariaga. Además de las jornadas culturales, el trabajo de la lavanda requiere atención durante todo el año. Como parte activa cuentan con cuatro empleados, que se encargan de la gestión del día a día y de la parte administrativa de la finca. Durante los meses más transitados, cuentan con una persona más, dedicada a la atención a los clientes en la tienda. El resto de trabajos los realizan a través de la subcontratación de empresas.

El proceso de destilación comienza al finalizar la recolecta. La lavanda se deposita en un alambique, característico de la época romana, donde el agua se evapora y entra en contacto con la planta. Posteriormente ese vapor se refrigera y de ahí se obtiene el aceite de lavanda, el producto principal de la granja. Con la superficie actual, pueden sacar unos 2.000 litros de aceite por año, pero cuentan con un plan de crecimiento de tres hectáreas, lo cual ampliaría considerablemente la producción. 

El 80% de la cosecha se vende directamente a granel, o se destina a otras empresas externas para que estas puedan fabricar otros materiales. La lavanda restante está reservada a los turistas, a quienes se obsequia con una pequeña muestra en la visita y tienen opción de comprar más productos en la tienda en caso de que les haya gustado.