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Homenaje a golpe de color

B.A. / Salas de los Infantes
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Es imposible dar un paseo por Salas y no toparse con alguna de las 25 obras que el artista urbano Sergio Mambrillas tiene en la localidad. Un gran mural en el complejo de Aspanias es la última

Sergio Mambrillas tiene previsto terminar esta semana el enorme dibujo en el que trabaja desde hace unos días en la Residencia Río Arlanza. - Foto: f2estudio

Si conoce Salas de los Infantes seguro que también alguna de las obras de Sergio Mambrillas. Sus dibujos están en paredes, puertas, muros, piscinas, garajes o la plaza de toros. Su impronta a base de color y espray se puede ver en unos 25 lugares de la ciudad milenaria. Estos días se afana por terminar el último, y uno de los más grandes, un mural en una pared exterior del complejo asistencial que Aspanias gestiona en Salas y que da al patio de la Residencia Río Arlanza. 

La dirección del centro, quien ha encargado este proyecto, pretende con el enorme dibujo rendir un homenaje a los árboles que hace unos meses tuvieron que cortar en esa zona porque estaban enfermos y también a la actividad que se ha venido desarrollando en estos edificios durante décadas: atender a las personas. «Por eso aparecen muchos árboles, pero también monjas, el origen de este edificio y que dieron clase a niños; personas con discapacidad, a las que se atiende desde hace muchos años aquí y también los mayores que residen actualmente en Río Arlanza», comenta el artista urbano, que además de decorar esta pared que había quedado desnuda tras la tala de esos tres árboles, ha servido de entretenimiento para los residentes, que durante la última semana han seguido con interés la evolución de este trabajo, que también ha llamado la atención de los paseantes y de conductores, que al circular direcciónSoria han parado para fotografiarlo o verlo más de cerca. 

Sergio recuerda como «si lo estuviera haciendo ahora mismo» su primer grafiti en la puerta del garaje de su padre. «Tenía 18 años, han pasado ya 24 y menos mal que ya no está», cuenta con cierta vergüenza al evocar sus inicios. Fue una noche, haciendo zapping siendo un adolescente, cuando se quedó prendado de esta técnica mientras veía un reportaje sobre hip-hop, break dance y grafitis.

«Cuando ahorré me compré los primeros botes de pintura y empecé a practicar», y desde entonces no ha parado. Entre otros de sus trabajos en Salas se encuentra el mural que hay en la panadería de su pareja, una puerta enorme de la plaza de la Constitución o varios dibujos de la conocida como plaza de Los Cochinos, «entre ellos un homenaje a Kevin Bryant». Es imposible darse un paseo por la ciudad milenaria y no toparse con algunas de sus creaciones (otras que ha hecho han desaparecido porque los muros o paredes se han venido abajo). «Son por encargo o tras haber llegado a un acuerdo con los propietarios. Todos mis trabajos están autorizados», afirma el salense, que en breve pintará el edificio de la biblioteca de las piscinas. 

De todos sus trabajos realiza bocetos previos, «he hecho mil, pero me siento más cómodo con el espray en la mano que con el lápiz, dibujo mejor sobre la pared que en un papel», confiesa el grafitero, que también he llevado su creatividad a otros pueblos del entorno, como Castrovido, Castrillo, Palacios, La Revilla, Ahedo u Hontoria del Pinar, donde incluso impartió hace ya años un curso para jóvenes de iniciación a este técnica de arte urbano.