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Fernando Aller

DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


En campaña

28/01/2022

Oficialmente hoy viernes comienza la campaña electoral. Una falacia. En los últimos años vivimos en campaña permanente. Nada de lo que en política se dice o se hace tiene otro fin que mantenerse en el poder o desbancar al contrincante. Se supone que los técnicos entre tanto siguen trabajando y que algunos representantes políticos, los más discretos o con menor proyección pública, hacen lo mismo. Sin duda. Pero esa circunstancia transciende menos, lamentablemente, que el vocerío de quienes se atribuyen la tarea de embarrar la cancha, de enfrentar a los ciudadanos, meros espectadores de la contienda y, sin embargo, únicos perjudicados del resultado final.
En un ambiente de enfebrecida polarización social, no parece que dos semanas de campaña electoral resulten determinantes del resultado que arrojarán las urnas. Su influencia será nula. A estas alturas el pescado está comprado, los electores ya han decidido su voto porque, entre otros factores, prima más el emocional que el raciocinio. Uno no conoce a nadie, y no es exageración, que tenga la intención de dedicar unos minutos a contrastar los programas de los partidos. En parte, seguramente, porque ya se sabe que las promesas se hacen para ser incumplidas, pero sobre todo porque la algarabía y la bronca confunden y ahuyenta la reflexión.
Con estas premisas cabe esperar que se cumplan los pronósticos de las encuestas. Entre la mayoría que auguran el triunfo del PP y la última encuesta del CIS, que arroja un empate técnico entre populares y socialistas. Todo queda en manos de los minoritarios. La mayor incógnita es si Fernández Mañueco se verá sometido a los dictados de VOX para su reelección y gobierno o si sumará apoyos suficientes con los representantes del resto de los contendientes, Unión del Pueblo Leonés, Unidas Podemos, tal vez Ciudadanos y formaciones locales de nuevo cuño. Sin duda esta sería la opción más favorable. Si el resultado va a ser leído en clave nacional, nada más pernicioso para el PP que verse obligado a compartir cama con la extrema derecha en Castilla y León.