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Reclaman una mayor protección para los yacimientos

B.A.
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Durante los últimos años se ha notado un crecimiento en la actuación de los detectoristas que saquean estos espacios en busca de objetos como monedas. El daño que causan es irreversible por la información tan importante que se pierde

El yacimiento de Peña Amaya fue uno de los saqueados durante este verano. La Guardia Civil contabilizó en la zona más alta alrededor de un centenar de prospecciones ilegales. - Foto: Luis Martí­n

«Es una rabia tremenda y la impotencia es brutal. Es como si llegaras a tu casa y todos los días te hubieran robado algo. Y no podemos hacer nada, estamos atados de pies y manos». Esperanza Martín es arqueóloga y asegura que basta con bucear por internet para encontrar bienes arqueológicos a la venta, incluso alardes de posesión de los mismos en redes sociales como Instagram o plataformas como Youtube. Son piezas ilegales que estos vendedores consiguen expoliando los yacimientos utilizando detectores de metales. Una práctica en aumento durante los últimos años que está causando un daño irreparable al patrimonio por la información que se pierde con la desaparición de las mismas y que los arqueólogos denuncian pidiendo una mayor protección para estos espacios y mayores sanciones para los infractores. «No nos roban a nosotros, lo hacen a toda la sociedad, porque es un patrimonio que pertenece a todos», subrayan. 

Aunque saqueos a los yacimientos ha habido siempre, «en 20 años de profesión no me he encontrado ninguno virgen», puntualiza Martín, las actuaciones de estos piteros, denominados así por el sonido que emite el detector que utilizan, han ido creciendo. «Los detectores se anuncian como utensilios para encontrar tesoros y eso no es real del todo. El problema es que hay muchos sitios en internet, e incluso en la televisión, donde se anima a comprarlos y a usarlos», comenta la arqueóloga. Óscar González, de Ades Arqueología, lamenta que el acceso a estos sea tan sencillo, algo que está provocando el incremento de estos sujetos, que a veces no se cortan ni media. «Sé que alguno ha ido a preguntar a la Junta por el listado de yacimientos para ir a pasar allí su detector recién comprado», asegura. 

Esto, aunque sirve como muestra del desconocimiento que existe sobre la protección del patrimonio, no es lo más habitual. La mayoría de las personas que utilizan los detectores saben donde los pasan y lo que pueden encontrar allí. «Buscan monedas, hachas o puñales, pero no excavan con una metodología arqueológica, por lo que el yacimiento queda dañado y el robo de las piezas provoca la irreparable pérdida de información. El valor de esas fragmentos, más que económico, es histórico», asegura González, para el que el tema de los expoliadores es una dificultad a la que se llevan enfrentando años y a la que no se pone freno. «Lejos de ir a menos, va a más», lamenta. 

La actuación de estos detectoristas afecta directamente al trabajo de los arqueólogos, que preparan sus campañas de excavación y cuando llegan al yacimiento se encuentran con que éste ha sido saqueado. «A finales de agosto fuimos a excavar con el permiso pertinente al castro de Pinilla Trasmonte. Cuando estábamos trazando las cuadrículas nos dimos cuenta de que había agujeros en el suelo. Contabilizamos más de 43 y también algún objeto de hierro que sacaron y habían desechado», comenta el arqueólogo Ignacio Ruiz Vélez, que asegura que en Monasterio de Rodilla les pasó lo mismo. «Cuando llegamos apreciamos que el suelo estaba lleno de agujeros», añade. Otro ejemplo es Peña Amaya, donde en agosto aparecieron más de un centenar de agujeros de piteros. En Poza de la Sal, Esperanza Martín asegura que incluso pasaron el detector por la cata que ellos ya habían realizado y que en alguna ocasión estos furtivos han visitado los yacimientos durante la propia campaña de excavación. «En cuanto a su perfil, cada vez son más jóvenes», confiesa. 

Todo ello está obligando a estos profesionales a ser mucho más cautos a la hora de publicar aspectos sobre su trabajo. No facilitan tanta información ni de donde están actuando ni de algunas piezas que encuentran para intentar proteger de alguna forma ese patrimonio. «Es muy difícil, porque sino sale publicado en un sitio, sale en otro, incluso en los boletines oficiales», comenta Martín, que afirma que a veces acceden a algunos antes que ellos. «Un día me acerqué a un lugar porque me parecía que podía ser un castro. Cuando llegué estaba ya como un queso gruyere». 

Legislación. La Ley de Patrimonio de 1985 recoge que todo bien que aparece en el suelo o en el subsuelo es Patrimonio del Estado. Cuando los profesionales llevan a cabo una prospección necesitan de la autorización del servicio territorial de Cultura de cada provincia para poder realizarla. «No tiene carácter retroactivo, por eso, cuando cogen a alguien con una pieza, alegan que la tienen desde antes de 1985. O les pillas infraganti con el detector en el yacimiento o es muy difícil», comenta Martín. González, por su parte, recuerda que se han dado situaciones en las que incluso les han sorprendido en uno y afirman que no sabían que estaban en un yacimiento. «Por eso la Junta en algunos de ellos ha colocado carteles para señalizarlos, así por lo menos no pueden alegar que no saben donde están». En este sentido Ruiz Vélez rememora una situación real. «La Guardia Civil paró un coche y cuando lo revisó comprobó que llevaba material arqueológico de diferentes provincias. El hombre se había recorrido medio país con su detector». 

Controlar y perseguir este tipo de delitos es complicado, por ello desde este sector piden una mayor protección y vigilancia. «No es la primera vez que se solicita a la Junta que coloque cámaras que detecten movimiento, para que así la Guardia Civil les pille allí», comenta Óscar González. Ruiz Vélez, que asegura que los agentes del Seprona desempeñan un gran trabajo dentro de los medios con los que cuentan, pide que se dote con más efectivos a este cuerpo y también de más herramientas que les podrían servir para perseguir y llegar a estos sujetos. 

Una vez cometido el delito de sustraer este patrimonio hay otra forma de perseguirlo, según los arqueólogos: proseguir la venta de piezas por internet. «Somos todos responsables, sino hubiera gente que las compra, tampoco hubiera quien las vende. Además, las acciones de la justicia dejan mucho que desear en este sentido. Cuando se pilla a alguno in situ se le incauta el detector y se le impone una sanción administrativa, pero son gente reincidente, que vuelve a delinquir. Las autoridades judiciales deberían ser un poco más responsables y atajarlo», comenta Ruiz Vélez. Esperanza asegura que ha visto a la venta en ebay piezas que ella ha identificado de yacimientos concretos. «En una ocasión vi una colección de más de 300 monedas, todas juntas y revueltas. Eso no tiene valor, porque no sabemos de donde es cada una ni las podemos contextualizar».