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Italia dobla su éxito en territorio hostil

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La 'Azzurra' se alzó con el triunfo ante Hungría meses antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial

Italia dobla su éxito en territorio hostil

La tercera edición del campeonato del mundo de fútbol emergió en un verano donde la tensión política en Europa no hacía nada más que crecer y crecer. España no pudo comparacer por estar inmersa en una cruenta Guerra Civil desde 1936 y el auge de los totalitarismos, sobre todo en Italia y Alemania, amenazaba con estallar en conflicto. Tres meses antes del pistoletazo de salida del Mundial de 1938, Adolf Hitler se anexionó Austria, cumpliendo con su política de 'Anschluss'. Las consecuencias deportivas de ese cambio fronterizo hicieron desaparecer a la selección austríaca, que contaba con una gran generación de futbolistas, los cuales tuvieron que representar al combinado nazi.

Nuevo boicot 

Francia se convirtió en la segunda nación del Viejo Continente consecutiva que albergaba el certamen. Argentina era uno de sus principales rivales, ya que daba por hecho que se llevarían la organización del torneo por respetar la alternancia de continentes. Esto provocó un nuevo boicot de los combinados de Sudamérica, ya que casi todas sus naciones se negaron a llevar un equipo al país galo. Solo Brasil acudió a la Copa del Mundo.

Así las cosas, Italia se presentó a la cita como ganadora de la edición anterior, por lo que no tuvo que jugar fase de clasificación. Al igual que Francia como anfitriona, siendo esta la primera fase final que clasificaba a estos dos equipos de forma directa. El combinado de Vittorio Pozzo era, sin duda alguna, el mejor equipo del continente y tal vez del mundo, ya que Uruguay no regresó a la Copa del Mundo hasta la edición de 1950. El cuadro transalpino se encaminaba a cerrar una década dorada, la mejor de toda su historia. La 'Azzurra', entre Mundial y Mundial, se hizo con el oro olímpico en fútbol en los Juegos de 1936. Además, por el camino levantó tres Copas Dr. Gerö (antecesora a la Eurocopa) entre 1927 y 1937.

Cuba marcó una de las curiosidades de la edición, ya que se clasificó sin oposición y, una vez en el torneo, llegó a la ronda de cuartos de final, la mejor posición en la única vez que pudo acudir a una fase final. La primera selección asiática hizo su aparición en 1938. El conjunto de las Indias Orientales (actual Indonesia) dejó otra de las anécdotas del campeonato, aunque fue goleada en octavos de final por Hungría (6-0).

Fracaso alemán 

Alemania, bajo la bandera nazi, llegaba de fracasar en su intento de triunfar en la disciplina en sus Juegos Olímpicos. Noruega derrotó a los anfitriones en cuartos (0-2) y dejó uno de los grandes ridículos deportivos del 'III Reich'. En su segundo intento por emular a su homólogo italiano en 1934, el cuadro germano volvió trasladar una imagen muy pobre. Con algunos jugadores del extinto 'Wunderteam' austríaco en sus filas, por la anexión de la nación vecina, no pudo con Suiza en el primer escalón, el de los octavos de final. Empate a uno en el primer partido y en el de desempate el equipo helvético se impuso (4-2).

Mientras tanto, Italia debutó contra el verdugo teutón en la última cita olímpica. El público francés no recibió nada bien a Italia. Los abucheos aumentaron cuando los futbolistas transalpinos se dirigieron al respeta ble con el saludo fascista. El Mundial de 1938 no hizo nada por restar tensión, sino más bien lo contrario. En lo estrictamente deportivo, la 'Azzurra' necesitó de una prórroga para dejar en el camino al bloque nórdico. Silvio Piola, uno de los jugadores de la tricolor más destacados en aquel certamen, anotó en el minuto 94 el gol que desniveló la balanza a favor de los actuales campeones.

Camisas negras

El siguiente escollo en el camino a su segundo título consecutivo fue el cuadro anfitrión. El enfrentamiento con Francia fue elegido por la delegación italiana para volver a utilizar el deporte como medio de difusión de un mensaje puramente político. La 'Azzurra' saltó al campo con una equipación negra, no la habitual, como homenaje a los 'camisas negras'. En lo futbolístico, Piola volvió a ser decisivo convirtiendo dos dianas en la segunda parte y deshaciendo el empate a uno que dominaba el marcador al descanso.

Brasil se plantó en semifinales y retó al conjunto de Pozzo, en un choque que sería el primero de una serie que fraguó una rivalidad. La 'Canarinha' llegó tocada tras su 'batalla' en cuartos ante Checoslovaquia y no pudo hacer frente a los tantos de Colaussi y Meazza por la parte tricolor (2-1).

"Vencer o morir"

Italia había aprendido de la final del Mundial de 1934 y no quería sustos. Enfrente tuvo otro equipo con el que se veía las caras habitualmente en la Copa Dr. Gerö. Hungría llegó a su primera final después de arrasar en todas las rondas anteriores. Pero el 'método' de Pozzo frenó en seco las aspiraciones de los centroeuropeos y Mussolini se encargó de que el entrenador de su nación tuviera claras las consecuencias de una derrota mediante un mensaje diáfano: "Vencer o morir". Colaussi y Piola, ambos por partida doble, encarrilaron el segundo trofeo Jules Rimet (como se le conocía a la copa) que levantaba el seleccionado transalpino en cuatro años.

Tras esto, el Mundial pasó a un fundido a negro. Un negro tan profundo como la calamidad que asoló a la humanidad con la Segunda Guerra Mundial