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Muchas quejas y pocas respuestas

C. SORIANO
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Los barrios a examen (VI) | El Consejo de Barrio de Capiscol pide mayor participación vecinal para seguir luchando y solucionar los problemas. Exigen soluciones para el centro de salud, el entorno del Silo y el mal estado de la plaza de la Iglesia

Los vecinos reclaman nuevas zonas deportivas junto al Silo. - Foto: Luis Martí­n

En el Consejo de Barrio de Capiscol tienen la sensación de que el día que ellos renuncien no habrá nadie para seguir luchando para poder dar solución a los problemas que más preocupan a los vecinos. La dejadez de las administraciones con diversas infraestructuras abandonadas, el mal estado del pavimento de las pistas deportivas de la Iglesia del Salvador, el centro de salud y la situación con el Silo son algunos ejemplos.

La secretaria del Consejo de Barrio, Virginia Escudero, hace hincapié en la situación de la plaza en la que se encuentra la Iglesia del Salvador. Se trata de una zona céntrica del barrio a la que acuden muchos jóvenes para jugar en unas pistas deportivas en las que el pavimento está agrietado. «No está en condiciones de poder jugar. Aquí cualquier niño se cae y se le levanta la piel». Además de adecentar el pavimento para hacer el lugar más accesible, pide que en las canchas de baloncesto se instale una red para impedir que los balones acaben en el techo del templo. La parroquia está pendiente de realizar obras porque «las pelotas están destrozando el tejado y los chavales, al final, acaban subiéndose a por ellas. Pero, ¿cómo lo van a reparar si no se pone ninguna medida de contención y va a seguir pasando lo mismo?», reclama.

Otro problema latente en Capiscol es el estado de los pasos de cebra. A muchos de ellos les falta una mano de pintura, lo que hace que su visibilidad sea escasa. El que más preocupa es el que cruza el bulevar desde la calle Villafranca en dirección al polideportivo Carlos Serna. Al no haber semáforo, los vehículos que se dirigen hacia la rotonda no reducen la velocidad y es un punto con muchos accidentes. Cuando hicieron la petición al Consistorio, la única respuesta que recibieron fue que el presupuesto se había agotado. «Nos toca esperar hasta que vuelva a haber dinero y no lo gasten en otro sitio», se queja Virginia.

Al Consejo de Barrio de Capiscol también le enfada la situación del centro de salud junto al Silo. Los vecinos están peleando y manifestándose porque el proyecto lleva dos años parado y el centro que les corresponde no da a basto. «Hemos hecho un paréntesis este verano, pero cada mes nos informamos de si se producen avances. En septiembre retomaremos las concentraciones. Serán los miércoles», anuncia José Luis, tesorero del Consejo. Definen el parón de la obra como un «fallo muy grande», ya que desde el punto de vista económico saldrá más caro. Entre Capiscol, Gamonal, el G-9, Ventilla y Castañares son 18.000 los habitantes perjudicados.

Junto al futuro centro de salud se encuentran los antiguos terrenos del Silo y la histórica promesa de acondicionar en ellos una zona deportiva. Desde el barrio se pedía que se construyeran varios campos de fútbol, una pista fútbol sala, así como parques infantiles y un centro deportivo juvenil. Además, aprovechando que en los espacios contiguos se encuentran el polideportivo Mariano Gaspar y las piscinas, el proyecto podría unirlo todo para crear un espacio dedicado al deporte. Lamentan que no parece que haya nadie que apueste por él.

Una parte del plan incluía tirar el Silo de Capiscol, que lleva abandonado 20 años y al que no hay forma de darle un nuevo uso debido al estado en que se encuentra. «Es una estructura que no nos va a servir para nada, no tiene utilidad alguna. Se debería de derribar» reclama José Luis. Ante la posibilidad de rehabilitarlo, la secretaria afirma que «si se hiciera con seguridad y sin riesgos por la contaminación, no nos negamos».

En el barrio se encuentran varias infraestructuras olvidadas que muestran la dejadez y el paso del tiempo. Entre ellas están las fábricas abandonadas de los alrededores del Carlos Serna o la industria Indupisa, en la calle Real. Uno de los que más preocupa es el antiguo hospital de peregrinos, que «necesita una rehabilitación por parte de Patrimonio», exige José Luis. La maleza se ha comido el espacio, que tuvieron que tapiar porque la gente «acaba entrando y haciendo un mal uso». La otra infraestructura en la que hacen hincapié es el molino del cauce Molinar, víctima de la dejadez y lleno de grafitis. «El problema es que se han ido dejando estropear las cosas», sentencia Virginia.

La última petición que hacen es la de que no se englobe Capiscol en Gamonal. «De lo que nosotros nos quejamos es que siempre es Gamonal». Y no es un problema a nivel de los habitantes porque, a efectos prácticos, da igual si paseas por un barrio o por otro, sino a nivel oficial.«Para los Sampedros, el cartel publicitario de los fuegos artificiales anunciaba que se harían desde la campa del Silo en Gamonal y no es así», reclama Virginia. En la Asociación de vecinos tienen la sensación de que les meten en el mismo saco que al barrio de al lado. «Capiscol es Capiscol».