'Entrevistaría a Arnaldo Otegi, pero mirándole a los ojos'

G. Arce
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El periodista burgalés, que en octubre celebra 50 años en la profesión, analiza la situación de la prensa y la actualidad política

'Entrevistaría a Arnaldo Otegi, pero mirándole a los ojos' - Foto: Patricia González

En octubre celebra 50 años en la profesión, hito que para él marca la publicación de su primer artículo en Madrid, mítico diario y escuela de periodistas, cuya voladura se convirtió en símbolo de la lucha por la libertad de prensa en los estertores del franquismo. Ha sido jefe de Economía y redactor jefe de El País, director de Cambio 16 y de Cinco Días, director de comunicación del Banco Hispano Americano y del Grupo Construcciones y Contratas, y uno de los rostros más populares de los primeros tiempos de la televisión privada, dirigiendo y presentado informativos y programas de debate en Antena 3 TV. Su voz es habitual en la radio (Onda Cero, Ser...) y en los think tank , los foros de debate que florecen en la capital de España. También atesora varios libros en su haber. Presidió la Asociación de la Prensa de Madrid, desde la que dio el salto a la Federación de Asociaciones de Periodistas (FAPE), voz de la profesión y garante del buen hacer periodístico. Con 69 años, Fernando González Urbaneja sigue en plena actividad, fiel a su cita semanal con los lectores de Diario de Burgos, incondicional a su ciudad y a su vocación por informar, «por dar cuenta de lo que veo, oigo y entiendo». 
Después de tantos años en primera línea, ¿se siente frustrado por la situación actual del periodismo?
Tengo sentimientos agridulces.La evolución del periodismo ha sido parecida a la de España. Vivimos una edad de oro en el fin del franquismo y el arranque de la Transición. El fin de la dictadura supuso una eclosión de la libertad de expresión. Recuerdo que viví un periodismo muy vibrante entre los años 73 y 74 en el semanario Doblón, recuerdo también las preguntas insidiosas de los periodistas -de Miguel Ángel Aguilar, en concreto- en las ruedas de prensa tras los consejos de ministros de Franco y, pese a ello, la relación que teníamos con los políticos era muy libre y muy respetuosa. 
Relación que es más difícil ahora...
Con la llegada del socialismo, entramos en la normalización. Todos tuvimos una relación muy cercana con Felipe González, pero no era lo mismo Felipe ‘el de la pana’ que el presidente del Gobierno... Muchos periodistas no entendieron ese cambio, quisieron tratar al presidente como si fuera un colega y hubo algunos roces... La sociedad española maduró más deprisa que el periodismo, que no asimiló la normalidad. Entramos en una democracia aburrida y nos quedamos un poco perdidos. En los últimos años, lo que era un equilibrio y buen entendimiento entre editores y periodistas se ha transformado en una relación en la que los editores han alcanzado un poder sobresaliente y han cometido el enorme error de despreciar a los periodista. Se ha roto el equilibrio entre el editor, que trata que el medio sea rentable y eficaz, y el periodista, que trata que sea interesante y útil.

¿Cuándo arranca esta crisis?
El día y la hora en que los editores y los medios de cabecera decidieron entrar en el negocio de la televisión, en 1983. La búsqueda de las licencias de televisión les convirtió en sumisos, alteró la relación de los medios con los gobiernos y colocó a los primeros en dependencia. Los gobiernos vieron que era la suya... Los editores de prensa creyeron que la televisión era un medio más y no se enteraron de que es un artefacto complicado, porque en ella un 15% es periodismo y el resto es espectáculo, ficción... Fracasaron y eso les condujo a la zona gris.

¿Y cree que siguen en esa zona?
Los medios actuales son mucho mejor que los de hace 40 años, pero ahora estamos en total confusión: se ha roto el negocio. Probablemente el único espacio donde mantenemos los viejos principios del periodismo sea la prensa local, porque la cercanía al ciudadano es muy grande y  sigue siendo el último recurso  cuando no se tiene otro sitio donde ir. A nivel nacional, esa relación de cercanía ya no existe, la conexión periodista-ciudadano está rota. El periodista solo se relaciona con las fuentes y se ha producido una concupiscencia con los políticos. Recuerdo cuando algunos justificaban su participación en las campañas electorales de los partidos para hacer contactos y luego lograr gabinetes de prensa... Y además cobraban dietas...  Al final, en las redacciones de los medios de Madrid tenemos al periodista de Podemos, el del PSOE, el del Gobierno... Algunos no saben si son los periodistas del medio en el PPo el del PP en el medio...

Solo es una parte del problema.
Efectivamente. Hay dos fenómenos que han complicado aún más la situación:la crisis económica y la crisis de modelo. Creo que los editores no se han enterado de que la publicidad ha dejado de ser una fuente de ingresos: hoy los periódicos tienen un tercio de la publicidad que tuvieron en los mejores momentos  y sigue cayendo. Llegará un día en que los coches no se anuncien en los periódicos. Ese negocio ha muerto y caerá como cayeron los anuncios por palabras. A lo mejor quedan las esquelas en la prensa más local, pero como un fenómeno residual. Desaparece una fuente de ingresos y no aparece otra: internet ha convertido a los periódicos en un producto gratis. Google y los grandes agregadores se han quedado con el negocio y además se lo hemos entregado encantados.

O no se ha dado con la clave que solucione este problema.
Cuando la prensa detectó que había que ir a los muros de pago y a cobrar por la información, no tuvo paciencia para aguantar. A finales de los 90, visitaba habitualmente el Wall Street Journal, que tenía un acuerdo con Cinco Días, y vi como los americanos fueron inmediatamente al muro de pago, lo que exige un producto de mucha calidad y ser muy bueno. Pero, entonces, en vez de invertir en hacer periódicos muy buenos, los editores invirtieron en despedir periodistas. Cometimos el error de tirar por tierra el valor añadido que teníamos. Yo intenté mediar entre los editores y los periodistas para evitar EREa base de rebajas de sueldos y fracasé rotundamente. En aquel momento los periodistas de los medios grandes cobraban una media de 80.000 euros. No renunciaron, como sugerí, a un 20% del sueldo a cambio de un compromiso de empleo. Los editores, además, creían que tenían periodistas disponibles para sustituir a los despedidos. Un tercio o más de las redacciones desapareció y con un coste económico altísimo. En vez de invertir en periodistas, reforzar el valor, la independencia y la relación con los lectores, todo se abarató. 
No todos han seguido este camino.
No lo hicieron los grandes medios norteamericanos o los ingleses. The Economics o The Guardian, que el año pasado ya ganó dinero. Tampoco los alemanes y considero que tampoco la prensa local española.
¿No tiene la sensación de que una parte de la opinión pública ve con buenos ojos el fin de los periódicos?
Hemos perdido el monopolio de la información. Antes, el periodista era el intermediario indispensable:si alguien quería llegar al público tenía que venir a nosotros. Ahora, las redes sociales han roto ese monopolio   y no nos hemos dado cuenta que la fuente se relaciona con su público y nuestro papel vale dos perras gordas. Si hubiéramos pensado, nos hubiéramos dado cuenta de que nuestro valor era el ser los validadores de la información, lo que nos obliga a hacer un periodismo de mucha calidad, que garantice que lo que contamos es verdad entre la maraña de información en la que vivimos. El valor ahora está en saber distinguir y explicar. Antes una exclusiva podía durar 24 horas, ahora un segundo y medio. Además tu exclusiva la difunden al instante otras gentes y nadie sabe de quién es. Su valor es cero.
¿Compra prensa o la lee gratis por internet?
Desde hace dos años, todo lo leo en la tablet. Estoy suscrito a 5 periódicos (El País, ABC, La Vanguardia, El Mundo y Expansión) que leo cada día además de algunos digitales. Hoy ya no existe un periódico de referencia del cual te fías, lo cual es terrible. Yo me fío de varios. El País, al que me siento vinculado por mis orígenes [formó parte del equipo fundacional], ha perdido el carácter de referente, con el agravante de que ellos no se han enterado. 
¿No es ese un mal que afecta a muchos periódicos?
A unos más que a otros. Al no haber referentes, nadie conduce, nadie orienta, cada cual va a su aire. Me preocupa mucho la falta de criterio  a la hora de ponderar las cosas. El criterio editorial ha desaparecido. La información es instantánea, según llega se rebota, sin pensar...
A los políticos no parece preocuparles mucho. Las negociaciones entre Sánchez e Iglesias para formar gobierno se retransmitieron sin intermediarios por Twitter...
Es lo que llamo la teoría de los rendimientos decrecientes. Con tanta información instantánea, la primera noticia es la buena, pero hay que seguir alimentándola con fuentes de avería, de segunda, de tercera o de cuarta. El rendimiento último es nulo... Y no sé cómo se remedia esto. Creo que hoy la referencia política la dan las teles y, más en concreto, La Sexta. Allí van los políticos y las televisiones están encantadas. Lo discuto mucho con mi hijo [César, director de informativos de La Sexta] pues se las exige un esfuerzo informativo descomunal: tienen que explicar lo que está ocurriendo sin tiempo para pensar. Antes teníamos horas... Ese esfuerzo requiere un acopio de talento por detrás que no hay inversión que lo aguante. En el mundo está triunfando la gente que viene experimentada en la televisión:Pablo Iglesias, Silvio Berlusconi,  Volodímir Zelenski [presidente de Ucrania] o Donald Trump... (Más información en edición impresa)