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100 años del gran balneario de Corconte

A.C.
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Las aguas termales del único balneario burgalés siguen sanando multitud de dolencias, sobre todo, las del riñón, desde que lo fundara en 1922 Juan Correa López, bisabuelo de su dueño

El Balneario de Corconte cumple 100 años en 2022 - Foto: A.C.

Entre 1922 y 1936, el gran hotel balneario de Corconte vivió sus días de mayor gloria y glamour. Aquellos en que sus "espléndidos salones", como se decía en la prensa de la época, acogían a las clases más acomodadas que disfrutaban de bailes con orquesta después de tomar sus baños en las beneficiosas aguas ya conocidas por los romanos. Fue en 1922, hace ahora cien años, cuando se inauguró el imponente edificio ideado por el arquitecto Valentín Ramón Lavín Noval por encargo de Juan Correa López, bisabuelo de sus actuales propietarios, los hermanos Javier y Juan Correa.

Los orígenes del industrial que hizo fortuna en las empresas navieras y consignatarias, según recuerda su biznieto, estaban en Valladolid, pero se instaló en Santander. Javier Correa sitúa en 1883 la compra del manantial y los terrenos con las escasas edificaciones de aquel momento por parte de su familia, aunque las crónicas de la época ya hablan de un primigenio alojamiento en 1850. La esposa de Juan Correa, Angela Daguerre, había acudido a tomar las aguas de Corconte y los buenos resultados que obtuvo en su enfermedad del riñón llevaron al empresario a iniciar esta nueva aventura. Aún hoy su biznieto asegura que muchos de sus clientes pasan de una semana a diez días al año en su hotel "como garantía para evitar un cólico nefrítico".

Los anuncios de la época 'vendían' que lograba curar "radicalmente los cólicos nefríticos". En las cartas que el entonces director médico del balneario, Timoteo Santos Revuelta, recibía en 1917 del doctor Gregorio Marañón, se contaban también las bondades que el reconocido galeno veía en sus pacientes tras su paso por Corconte. Beber su agua, de la que hoy en día se envasan entre 7 y 8 millones de botellas de litro y medio anuales, está indicado para el riñón y las infecciones urinarias y prostatismo, mientras que los baños acumulan propiedades para enfermedades de la piel, como la psoriasis, los eccemas, la dermatitis seborreica y otras, así como para reducir los dolores osteomusculares, entre otras muchas dolencias.

Relata el administrador actual como su bisuabuelo Juan Correa creó las primeras veinte habitaciones del antiguo Hotel La Fuente, ahora convertido en un edificio auxiliar que utiliza el personal del balneario para dormir. Los primeros baños termales y la fuente también fueron obra de Correa que en los años veinte da el salto a un imponente edificio, donde llegó a haber un centenar de habitaciones que en los noventa se redujeron a setenta, al construirse baños individuales en cada una de ellas.

Fueron Javier y Juan Correa, quienes después de hacerse con todas las partes del balneario divididas entre multitud de herederos, decidieron lanzarse a modernizar un edificio que sigue siendo un pozo sin fondo y en el que siempre hay proyectos de mejora. El empresario sigue pensando en renovar los enormes ventanales, que en zonas como el gran salón aún conservan los antiguos cristales. Pero la situación actual no invita a grandes inversiones, porque solo la factura de la electricidad del balneario y la planta embotelladora se han disparado de 9.000 a 20.000 euros mensuales, asegura. Solo el bombeo constante del agua desde el manantial a la superficie supone un gasto durante las 24 horas.

Imserso. Además de ello, el empresario critica la mala gestión y retrasos en los programas de termalismo del Imserso que realiza el Ministerio de Derechos Sociales, lo que ha reducido drásticamente los clientes que llegaban por esa vía. El termalismo del Imserso ha llegado a suponer "hasta el 70% de la ocupación", según su propietario, que ve como ahora el balneario también coge fuerza como alojamiento turístico. "Cada año notamos más clientes internacionales y más nacionales de fin de semana, sobre todo, llegados de Madrid", relata. Esto ayuda a compensar la caída de clientes del Imserso, con estancias más largas, pero el negocio aún no ha recuperado las cifras de la primera década del siglo XXI antes de las sucesivas crisis.

La pandemia obligó al cierre total y en 2021 solo se abrió en verano, pero las cifras fueron espectaculares. La inflación y la nueva crisis económica está conllevando que desde su reapertura en marzo, esta temporada no esté siendo como se esperaba. Correa trabaja para atraer a los termalistas del entorno más cercano, de la provincia de Burgos, Vizcaya, Asturias, León o Madrid que busquen "una desconexión total y tranquilidad" lejos de cualquier gran ciudad.

Y es que el balneario de Corconte, a orillas del embalse del Ebro, es sobre todo un remanso de paz. Solos avatares de la Guerra Civil rompieron su calma y dejaron sus huellas en forma de disparos que aún se pueden ver en la fachada de un edificio auxiliar. El balneario fue cuartel general de los republicanos en pleno invierno justo antes de que comenzara la ofensiva de los sublevados para tomar Santander, como ocurrió en el verano de 1937. Por este motivo, muchos de sus bellos muebles acabaron presa del fuego. Pero otros aún se conservan, dando un aire señorial al hotel. El suelo de las plantas de habitaciones de madera de pinotea sigue siendo el original de 1922 y muchos de los suelos de loza también. Una extraordinaria puerta giratoria recuerda los tiempos pasados, aunque las magníficas bañeras de mármol de los baños termales quedaron hechas añicos "a cañonazo limpio", asevera Javier Correa. Pese a los daños, el balneario reabrió sus puertas en 1939.

Antes, en sus estancias habían disfrutado el rey Alfonso XIII o el presidente Antonio Maura, que según las crónicas llegó a pasar 25 veranos en el balneario de Valdebezana junto a su esposa. Otros históricos clientes del hotel fueron los italianos, que cerca en la subida al puerto del Escudo levantaron el mausoleo a sus caídos. El 13 de julio de 1939, el conde Ciano, ministro de Asuntos Exteriores de Mussolini, fue agasajado con una comida en el balneario de Corconte cuando vino a la inauguración del cementerio. Le acompañaron el general Fidel Dávila, ministro del Ejército español, y José López Pinto, capitán general de Burgos, como indica el menú que tomaron y del que se conserva una copia rubricada por los tres.