"Ni culpamos ni amenazamos por la muerte de mi hermano"

A.D.C.-B.A.-I.M.L.
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La familia del concejal que se suicidó en Araúzo de Salce tras un episodio de maltrato reconoce que tenía «peleíllas con su pareja»

"Ni culpamos ni amenazamos por la muerte de mi hermano"

No era la primera vez que la Guardia Civil se presentaba en la casa que compartían Rafael Pascual y su pareja en Araúzo de Salce. Una pequeña vivienda, coqueta, a la que habían bautizado como ‘El Casino’ y situada unos metros más arriba de donde se encuentra la que habitan los padres de él y su hermano. Las peleas y las discusiones de la pareja, que vivía con su hijo de dos años y con otro niño de 12 fruto de una relación anterior de ella, eran continuas e incluso la mujer le había denunciado por malos tratos. La del jueves pasado fue la última, la última discusión y la última visita de la Guardia Civil, que se presentó en el domicilio alertada por una llamada del niño de 12 años. A la madrugada siguiente, sobre las siete, su hermano se encontró a Rafael colgado en la nave agrícola que tenía en el pueblo, donde se dedicaba a trabajar el campo.
La noticia mantiene aún en estado de shock a los vecinos de Araúzo de Salce, un pequeño pueblo a caballo entre la Ribera y la Sierra, donde Rafael Pascual fue enterrado el sábado, donde los últimos cuatro había ejercido como concejal y donde el hecho ha sorprendido. Allí, su familia se va haciendo a la idea de su pérdida, con pena, pero sin rencor. «No vamos a culpar a nadie de la muerte de mi hermano. No queremos entrar en polémica. Las cosas han pasado y ya está. La Guardia Civil sabrá lo que ha sucedido», relataba el hombre, afectado, que reconocía no haber oído nada la noche del jueves. «Acosté a mi madre y luego lo hice yo, pronto porque luego tenía que madrugar para trabajar».
De lo que sí eran conscientes en la familia era de que Rafael y su pareja, con la que salía desde hace algo más de tres años, tenían problemas. «Eran discusiones tontas, peleíllas sin importancia, cosas de pareja. Venía la Guardia Civil una noche y al día siguiente se iban a comer por ahí, como una pareja normal», contaba uno de sus cuatro hermanos bajo la mirada de su padre y de su madre, que sentada en un sofá aseguraba que nadie del pueblo ha amenazado a la mujer, como se ha dicho alegando a este motivo la marcha de ella de la localidad. «Nadie le ha dicho nada ni se le ha amenazado», reiteraba.
Confesión de denuncia. Sin embargo, según un vecino, esa noche del jueves, la patrulla de la Guarda Civil que acudió al domicilio se llevó a la mujer y a sus hijos para protegerlos. «La culpa es de la Guardia Civil, si en vez de a ellos le hubieran detenido a él, seguramente no hubiera pasado nada», explicaba emocionado el hombre, que compartía horas de charla con Rafael. «Le ayudaba en el campo y hablábamos. Me confesó que tenía problemas con su mujer y que le había denunciado por malos tratos en varias ocasiones. Le aconsejé que se alejara y se marchara del pueblo, pero él decía que no podía, que tenía aquí todo, su trabajo y una nave nueva que acababa de adquirir», relataba el hombre, que reconocía que la Benemérita había visitado el domicilio de la pareja «en muchas ocasiones».
A pesar de saber que entre la pareja había problemas y denuncias, los vecinos del pueblo respaldan a Rafael Pascual y lamentan su pérdida. «Es un chico del pueblo de toda la vida de 42 años. Al entierro vino mucha gente. La mujer no estuvo y ni falta que hace que vuelva por aquí», relató la señora. Mientras otro hombre tildaba de «muy raro» todo el suceso. También con la voz quebrada, su tío y alcalde en funciones de Araúzo, Faustino Pascual, solo acertaba a decir que su sobrino «se había quitado la vida», sin querer ni poder entrar en detalles.
«no quiero hablar». Al parecer, desde entonces, la mujer y sus hijos permanecen en Aranda, en el domicilio de los padres de ella. «El martes estuvo en Araúzo, nos la cruzamos en la carretera, creo que vino a arreglar algún papel del bar», cuenta el hermano del fallecido. Y es que desde hace un tiempo, ella regentaba el bar del pueblo, ubicado en las antiguas escuelas, y que desde hace unos días mantiene la verja echada. En el exterior pueden observarse las sillas amontonadas y los juguetes con los que su hijo jugaba a la puerta del establecimiento. De momento, ella prefiere no hacer declaraciones y asegura que no quiere ni está en condiciones de hablar del caso.
No era la primera vez que Rafael Pascual tenía problemas con sus parejas. De hecho, en la actualidad se encontraba cumpliendo condena por dos delitos de amenaza y maltrato a su anterior compañera, con la que también tuvo descendencia. La pena que le impuso el juez fue de 57 días de trabajo a la comunidad, privación del permiso de tenencia y porte de armas por un periodo de dos años y un día y la prohibición de acercarse durante tres años a su ex pareja. Además, ayer miércoles, Rafael Pascual debía haberse presentado en el juzgado, ya que estaba previsto un juicio contra su ex mujer, a la que precisamente denunció por hacer pública esa sentencia de la que ya se hizo eco este periódico en diciembre del año pasado. Debido al trágico desenlace, la vista no se llegó a celebrar.