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El ángel y demonio de los aeropuertos españoles

H. Jiménez / Burgos
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Ryanair ha multiplicado las posibilidades de varias terminales que antes eran pequeñas, como Santander o Gerona, pero a cambio exige ayudas públicas y acaba con la competencia

Michael O’Leary, el consejero delegado de la compañía irlandesa, durante una de sus presentaciones en 2012 - Foto: REUTERS

 
El aeropuerto de Santander se encontraba infrautilizado en el año 2003. A punto de caer por debajo de los 250.000 pasajeros anuales, mantenía cerrada su terminal internacional.  Y entonces el gobierno cántabro firmó un acuerdo con Ryanair. El tráfico se disparó y en 2005 ya rozaba los 650.000, hasta llegar al récord alcanzado en 2012 con más de 1,1 millones de personas. Por medio se llevó a cabo una ampliación en el año 2008 para aprovechar esa vieja terminal internacional casi abandonada.
La compañía irlandesa ha resultado determinante en el pasado reciente y el momento actual del aeropuerto de Parayas-Seve Ballesteros, al que ha convertido en su base de operaciones para toda la cornisa cantábrica española. No está ni en Bilbao ni en Asturias, sino únicamente en la capital cántabra, y actualmente en el mapa de destinos aparecen Dublín, Edimburgo, Londres, Düsseldorf, Bruselas, Frankfurt, Milán, Roma, Valencia y Barcelona.
El de Santander es un ejemplo de éxito de Ryanair, como también lo fue Gerona y su enorme crecimiento al calor del turismo europeo que inunda la Costa Brava sin necesidad de tener que pasar por El Prat. En Burgos, desde luego, no habrá ni unas conexiones ni un volumen de pasajeros equiparable a los dos casos mencionados, pero si llega la compañía irlandesa recaerán sobre ella tanto las luces como las sombras que acompañan su paso por cualquier aeropuerto.
Su política comercial agresiva le ha valido la imagen de ángel y demonio de la aviación ‘low cost’. Allá donde llega genera inmediatamente un movimiento enorme y con sus precios consigue rápidamente multiplicar la clientela, pero en los aeropuertos pequeños no opera si no es mediante acuerdos con las administraciones públicas (se denominan habitualmente «de promoción turística» porque las subvenciones directas están prohibidas) y cuando se acaba la financiación se marchan dejando tras de sí tierra quemada.
No es muy diferente, en cualquier caso, de lo que ha ocurrido en Burgos con Air Nostrum. Durante siete años, desde el estreno de Villafría en 2008 hasta este 2015, ha sido la única compañía que ha mantenido continuidad. Y lo ha hecho gracias a una aportación de la Junta de Castilla yLeón que, siempre sin cifras oficiales, se estimaba entre 2 y 2,5 millones de euros anuales.
Así se logró mantener todo el año un enlace a Barcelona de varios días por semana y se voló de forma regular a París, además de las campañas estivales a destinos de sol y playa en la costa levantina o las islas. Sin embargo, cuando el Gobierno autonómico decidió retirar su aportación, Air Nostrum desapareció de Burgos.
Aunque en circunstancias muy diferentes, también han volado gracias a las ayudas públicas Good Fly y León Air, pero ninguna de las dos ha acabado bien con el Consorcio y siempre que desapareció el dinero municipal dejaron muy claro que no podían obtener una rentabilidad por sí mismas.
Ryanair, por tanto, no es muy diferente a las demás compañías en este sentido. Sin embargo, cuando se refieren a ella sus detractores no solo hablan de la dependencia de la financiación. Como adalid del bajo coste, su política ha sido siempre no proporcionar ningún servicio ‘extra’ a los pasajeros más allá de los prácticamente imprescindibles para volar. Limita el peso del equipaje, ‘recomienda’ a sus clientes que se hagan ellos solos los trámites de embarque si no quiere pagar sobrecostes y convierte el vuelo en un mercadillo de manera mucho más evidente que la mayor parte del resto de las compañías.
Por eso se la ha tachado en muchas ocasiones, sobre todo por parte de sus principales competidores, de proporcionar una baja calidad a los clientes. Quizás sea porque en varios aeropuertos ha acabado con la competencia, incapaz de ofrecer las tarifas de Ryanair. E incluso se ha tenido que enfrentar a sentencias judiciales contra sus intereses tras muchas denuncias contra cláusulas abusivas.
No es difícil encontrar las palabras «chantaje» o «espantada» vinculados al nombre de Ryanair en los buscadores de internet. Da la impresión de que el gigante irlandés se marcha igual de rápida y bruscamente que llega a los aeropuertos españoles. 
Desde Valladolid, sin ir más lejos, ahora ya solo vuela a Barcelona cuando hubo un tiempo en el que lo hacía a Londres, Bruselas, Milán y Düsseldorf y miles de jóvenes de Castilla yLeón (también de Burgos, desde luego) aprovecharon sus ofertas para conocer Europa. Quizás ahora le toque el turno a Villafría, y ya veremos dentro de tres años cuando llegue el momento de revisar el millón de euros municipal.