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María Albilla

María Albilla


Después de la magia

07/01/2022

Ahora sí que sí, esto termina. Los más afortunados apuran las últimas horas de vacaciones, los polvorones que han quedado en la bandeja y las migas del roscón antes de abrir los ojos a todo aquello que sucede cuando acaba la magia...  y que es la realidad. Cruda y dura, me temo, en este año nuevo que arranca lleno de esperanza e ilusión, pero en el que con lo primero que nos vamos a topar es con una cuesta de enero que bien se le podría llamar pared. Y miren que a mí me gusta hablarles de pajarillos y florecillas en este mi rincón de los desahogos, pero es que hoy por hoy solo veo los pajarillos desplumados y las florecillas más bien pochas. 

Metiéndome en lo más profundo de mi papel de señora, tengo que comentarles que madremíadelamorhermoso cómo están los precios. Hace tiempo que no doy crédito a la espiral inflacionista -por hablar con propiedad- en la que estamos inmersos y parece que esta tendencia va a continuar los próximos meses, según explican los gurús de la economía, a tenor del alza general de los costes de producción, que se están trasladando sin miramiento alguno al consumidor. 

La cuestión es que una señora como yo podría asumir este pico de precios en un momento coyuntural, pero me pregunto qué sucede después, qué pasa cuando se desatasca el cuello de botella, pero nada recupera su precio anterior. Asumo que hoy debo pagar la gasolina a 1,53 euros el litro y que la factura de la luz me ha subido la friolera de 14 euros de un mes a otro, o que la barra de pan cueste 15 céntimos más, pero es que en todos estos casos -y otros muchos- lo que sube ya nunca baja.

Si la inflación anual estimada del IPC de diciembre era del 6,7 por ciento y los incrementos salariales en los convenios colectivos no llegan al 2 por ciento, que alguien me explique ¿quién me devuelve a mí el poder adquisitivo?