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«Me implico de lunes a domingo y del principio hasta el final»

MÓNICA PURAS (SPC)
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Verónica Moreno es autoexigente en su labor como entrenadora, que inició con el primer equipo alevín y tuvo su época dorada con el benjamín del Nuestra Señora de Belén. Ahora cierra un episodio en el Capiscol

Verónica Moreno. - Foto: Luis López Araico

Su carrera futbolística no es baladí. Militó en el primer equipo de fútbol femenino federado, el Rayo Burgalés (1996-97), con solo 15 años. Anteriormente solo conocía el balompié en un espacio cerrado con la Peña C.R. Huelgas, escuadra en la que recibió el reconocimiento como la más joven jugadora (1989-1990). Siempre estuvo en las filas del Nuestra Señora de Belén, Multiópticas, y BigMat Fontecha en Primera Nacional y hasta en Superliga, la máxima categoría.

Verónica Moreno Cantero, 'Vero', siempre ha defendido el fútbol femenino, con trabajo y sobre todo diálogo, y desde hace muchos años sintió el gusanillo por convertirse en entrenadora.

Sus primeros 'pinitos' dirigiendo banquillos fue como ayudante en el primer conjunto alevín del Nuestra Señora de Belén, que lo compaginaba con su pasión, inculcada por su padre y su hermano, que jugó en Tercera con el Atlético Burgalés.

Las fechas bailan en su cabeza, aunque es normal, puesto que es una gran compiladora de información. «Me partí la meseta tibia jugando al fútbol sala y creí que no iba a volver a jugar. Así que el primer año como Multiópticas (1996-97) lo dediqué a recopilar recortes de prensa y testimonios de fútbol femenino. Estuve desde junio hasta septiembre sin apoyar. Y pisé un campo en febrero en Salamanca, jugando de punta. Tenía un miedo horrible, pero me recuperé totalmente algo que tengo que agradezco al entrenador, Juanjo Ronda, que sin conocerme confió en mí», afirma. 

Colgó las botas con 26 años, o eso «creo». Lo dejó para dar paso a una nueva generación, «mis compañeras se marchaban. Sonia, al Atlético de Madrid, Natalia también y, al final, tampoco me apetecía estar con las más pequeñas». 

Tenía claro que lo suyo era ser entrenadora. Le encomiendan la labor de guiar a las benjamines del Nuestra Señora de Belén, «sin lugar a dudas mi mejor época», confiesa. Es entonces cuando se vuelca en sacarse el carné, «a pesar de que llegaron a sacarme una tarjeta roja solo por enseñar a una niña a sacar un córner», recuerda.

Tras dos años con las más pequeñas le ofrecen el primer equipo de Liga Nacional, pero «me negué en un primer momento, pero después acabé por tomar las riendas. Sufrí estrés y tuve un virus en el que perdí casi 10 kilos llegando a pesar solo 46. Yo me implicó siempre del principio al final y de lunes a domingo. Terminé dos temporadas» y cerró ese capítulo, además también en el club de su vida, el Nuestra Señora de Belén. 

Entremedias, además ayudó en la dirección técnica de la selección provincial alevín femenina burgalesa, subcampeona regional en 2006.

El que fuera su entrenador en Superliga, Vidal Infante, se entera de su salida y le abre una puerta en el CD San Pedro del barrio burgalés de San Pedro de la Fuente, pero para dirigir un banquillo masculino, «lo pasé francamente mal al principio. El segundo año de infantil mejoramos, el primero de cadete fuimos a más y el segundo cadete quedamos primeros (2012-13). Luego estuve en juvenil dos años compaginando con la coordinación de 11 equipos y ahí ya vi que no podía más». 

Recibió alguna llamada para entrenar a equipos femeninos, pero la rechazó por motivos económicos.

Hace tres años recaló en el Capiscol CF de Regional femenina y lo dejó en la tercera posición que ostenta ahora.

Largo camino. A Vero Moreno le hubiera encantado haber jugado en un equipo desde muy pequeña, «como ahora que hay tantos equipos». Asegura que lo suyo es un continuo aprendizaje y que todos sus entrenadores (Amós Martín, Juanjo Ronda, Vidal Infante y Jairo de la Riva) le enseñaron muchas cosas, «aunque me hubiera gustado que me enseñaran mucho más. Obviamente del primero al último existe un abismo en su forma de ver y jugar el fútbol. Al final coges un poco de todos», señala, que tras conseguir el nivel 1 y 2 de entrenadora tan solo ha coincidió con dos chicas que apostaron por el mismo oficio. Las personas que más le han ayudado son «mi familia; Ana Delia, 'Yeya', que fue como una segunda madre para mí, además de entrenadora y compañera, y Silvia Sedano, que es una de las culpables para que yo siguiera estudiando para ser entrenadora». 

Compaginar el trabajo con los entrenamientos es agotador y «dejas muchos cosas por el camino, pero es lo que te gusta y por ello merece la pena. Ahora existen las redes sociales que te facilitan el acceso a mucho fútbol. ¿Vivir del fútbol? Estamos a años luz de los hombres», asegura mientras advierte que algo que no soporta «es la gente que va a mala fe, sobre todo, en el entorno futbolístico femenino».