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Ignacio Camarero

Dibujos de Ciudad

Ignacio Camarero


Las fiestas del amor...

25/06/2022

Tómbolas, norias, y churrerías en Villalonquejar. Verbenas en Gamonal. El lanzacuchillos del Circo Tamberlick en la Carretera de Poza. Las casetas de tapas entre el Paseo de Atapuerca y el Espolón. Los fuegos en el centro. Gigantín, Camelín, y Empanada, celebrando la semana del orgullo de las marionetas sin cuerdas, en el patio del Antonio Machado y el Fernando de Rojas. Lo que queda de lo que nunca fue el teatro, cuatro noches golfas y al raso, en La Parrala. La Maravillosa Orquesta del Alcohol versionando a Eskorbuto en el Complejo Polideportivo de San Amaro. Cinco euros por barba.

El señor Jones, don Tom, un día después, en el mismo escenario, reconociendo que Delilah fue su mejor bomba sexual. Jubilados sin descuento. Cincuenta por peluquín. Un escenario excéntrico, al lado del Antiguo Hangar, para que la señora Berto, doña María, vocalista de las Ginebras, siga explicando porque a ellas no les quiere nadie. Por qué les va fatal en el amor. Otro, céntrico, en la Plaza de Santa Teresa, para que los ciento treinta y dos años que juntan entre el señor Rot, don Ariel, y el señor Veneno, don Kiko, les permitan seguir llegando a fin de mes un poco peor que los Rolling. Y el coso de El Plantío a reventar, para que el señor Martínez, don Jesús, Morenito, diecisiete años después, siga preguntándose, por qué, en vez de a él, le ponen los toros del señor Bañuelos, don Antonio, al señor Morante, don José Antonio, si la Puebla del Río sigue estando mucho más lejos que Aranda de Duero.

Las Fiestas de San Pedro y también un poco de San Pablo vuelven tras la pandemia. Este año serán las Fiestas del Amor. Porque hay que amar mucho las barracas para acercarse a Villalonquéjar a montar en una noria. Más, todavía, los toros, para comerse una feria, de prestado, en el Pabellón de Baloncesto en el que el señor Lacalle, don Javier, vendió su alma taurina al diablo. Es preciso sentir verdadera pasión por las verbenas, para regresar de noche caminado desde Gamonal al Barrio de San Pedro. Y hay que tener más que mariposas en el estómago para no dejar de engullir tapas en el Burgos Sonrío del señor Marañón, don Vicente. Sampedros dos mil veintidós. Segundo día de ferias. Olé, olé, olé… ¡Que siga el amor!