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La mente también baila

ALMUDENA SANZ
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La Escuela Profesional reivindica la necesidad de mimar la salud mental con un curso de inteligencia emocional con la música como vehículo que culmina el sábado en las tablas

Los alumnos de los dos últimos cursos de Clásico y Contemporáneo volverán a mirar a su interior hoy con Simoneta y Sacristán. - Foto: Valdivielso

Rara resulta la ocasión en la que las palabras danza y emoción bailan separadas. Habitualmente es la primera, que celebra su Día Internacional este viernes, la que lleva la voz cantante. En el escenario y en las aulas. Pero los papeles tornan esta semana en la Escuela Profesional Ana Laguna. Los alumnos de 5º y 6º de Clásico y Contemporáneo relegan la posición del pie a un segundo plano y dan paso a su interior, lo escuchan y derriban lo que, de alguna manera, los impide avanzar. Esa es la meta de Deshaciendo nudos, el curso de inteligencia emocional que la psicóloga Beatriz Sacristán y los músicos de Simoneta realizan en el centro de la calle Gonzalo de Berceo. 

Hace tres años, Alfonso Gutiérrez y Diana Bartolomé resolvieron dar un vuelco a su vida. Pararon su rutina, atendieron a las señales y se entregaron a la música. Crearon Simoneta, un proyecto en el que el batería y fundador de Sammy Jankis se desnudaba como nunca lo había hecho. Al término de uno de sus conciertos, una espectadora se acercó y aplaudió su actuación, pero les dijo que se había quedado con ganas de hablar tras escuchar las acotaciones del músico sobre cada tema. «Nos encantó eso que había pasado, que nuestras canciones valieran para que alguien quisiera abrirse». Tenían que hacer algo con ese potencial. Un amigo común los presentó a Beatriz Sacristán. «Estas canciones te abren, hablan de experiencias íntimas, a las que se suma lo que cuenta Alfonso sobre lo que le llevó a escribirlas. Todo crea un clima especial en el que la gente puede empezar a hablar de lo que realmente es importante, que es qué nos pasa por dentro», se explaya la psicóloga.

Ese es el ambiente que se está generando en la clase. Basta la interpretación en directo de Dentro de mí, la canción que explica el proceso de conversión que vivieron (Llevo mucho tiempo evitando este momento, esquivando las señales, sin mirar qué es lo que hay dentro de mí...), y que Alfonso desvele en voz alta su vulnerabilidad para meter a los futuros bailarines en el juego. 

Y tras la experiencia de la primera jornada los tres convienen en que lo hacen hasta el fondo. Sin pudor. 

«Estamos habituados a tirar para adelante, a no prestar atención y evitar a las emociones y en el momento que conectas y te das espacio todo se disuelve, porque el sistema nervioso está adaptado para que las emociones se equilibren cuando las dejas fluir. Ese aprendizaje es estupendo porque es una herramienta que ellos pueden usar», subraya Sacristán consciente de que trabajan con un público especialmente sensible. 

Brutal se repite varias veces en la boca de Gutiérrez y Bartolomé. «Está siendo muy emocionante. Si Simoneta supuso abrirse a tope, esto es hacerlo súper a tope», ilustra él. «Quienes escuchan ven a personas de carne y hueso que cuentan su problema y cómo han salido de él con éxito», anota ella y completa Sacristán: «Les da un modelo de referencia: si te permites ser vulnerable, las cosas acaban muy bien».

La utilización de la música hace novedoso este curso frente a otros de inteligencia emocional impartidos en la Escuela de Danza. «La música es un vehículo que ayuda muchísimo a soltar cosas», expone la directora, Amaya Iglesias, que tiene a la salud mental entre sus primeros desvelos y cree que, aunque ahora se deja a la competencia de las familias, debería estar en los currículos educativos, no solo de Danza. «La gestión emocional es totalmente necesaria. Por mucho que aprendamos técnicas, si no sabemos cómo resolver nuestras cosas en la vida, luego vamos a sufrir esas consecuencias», remacha y observa que lo implantaría desde Elemental, más después de la pandemia. «Hay mucho tema que atender y es una pena que no tengan herramientas. Habría que empezar cuanto antes», apremia sabedora de que a su favor juega que a sus puertas toca gente completamente vocacional, pero con mucha carga, más en los últimos cursos. 

Llama la atención además sobre el valor de saber jugar con las emociones para estos alumnos en la búsqueda de su personalidad artística. «Si ellos no se conocen a sí mismos, no pueden llegar a aportar eso que es único y especial en cada uno», ahonda ávida de ver cómo llevan el trabajo de estos días a escena. 

Y es que tras estas dos jornadas, Simoneta seguirá trabajando con los estudiantes, que coreografiarán sus canciones en su primer concierto bailado, este sábado en Cultural Caja de Burgos de la avenida de Cantabria (19.30 h., 6 euros), con un montón de emociones por descubrir.