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Marian Peña

Observando al Mundo

Marian Peña


Calles de segunda

03/02/2021

Además del ejercicio que supone, si algo bueno tiene pasear sin rumbo fijo es que nos acerca a rincones a los que la rutina difícilmente nos lleva y nos ofrece la posibilidad de observar sobre el terreno las distintas realidades que existen dentro de la misma ciudad donde, al parecer, hay zonas de primera y de segunda.
Hace unos días los vecinos del final del paseo de los Pisones denunciaban en este periódico, por enésima vez, el lamentable estado que presenta su calle. Lo que más llama la atención es que estos ciudadanos persisten en su reclamación ante las autoridades municipales desde el año 2003 sin que ninguna corporación de las muchas que han pasado desde entonces haya atendido sus demandas. 
Socavones en el escaso pavimento, barandillas semiderruidas y rampa de acceso e incorporación a la carretera de Cardeñadijo con tan poca visibilidad que la hacen apta solo para valientes; unas condiciones que estos vecinos, a pesar de pagar puntualmente sus impuestos, llevan soportando casi dos décadas. Aunque, como digo, no hay más que pasear por barrios un poco alejados del centro, y otros que no lo están tanto, para ver que no son los únicos a los que el Ayuntamiento tiene abandonados. En la zona sur, les invito a que se acerquen a la zona del Crucero y visiten las traseras de la antigua fábrica de lejías el Cid; una calle mal iluminada, llena de charcos y socavones e incluso un tramo en el que uno cree estar en zona rural, sin ningún tipo de asfaltado ni acera. Pero no es necesario irse tan lejos, ahí tenemos la Camposa o las deterioradas calles entre la subida de San Miguel y el parque San Francisco, junto al casco histórico y el Castillo, donde a alguien, quizá pensando en eliminar barreras, le dio por hacer rampas de pendiente imposible. Por no hablar, en Reyes Católicos, de las traseras de la calle Soria en cuyos callejones inhóspitos bien se podría rodar una película de miedo. 
Parece claro que una zona urbana que se precie no puede tener calles en estas condiciones y que los servicios municipales deberían velar ‘de oficio’ porque esto sea así, quizá con la inestimable colaboración de los Consejos de Barrio cuyos miembros podrían informar mejor que nadie del estado de cada rincón de la zona donde viven.