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El color del alma de un niño

JOSÉ ORTEGA
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La obra 'Artista Vocacional', realizada por Tinte Rosa, ha sido elegida como candidata a uno de los mejores murales del mundo en el mes de octubre

El mural Artista Vocacional se encuentra situado entre la avenida República Argentina y la calle Altamira. - Foto: Tinte Rosa

Los murales se están convirtiendo en un atractivo elemento del paisaje urbano de Miranda, cada vez más colorido. Buena parte de la culpa la tiene Esteban Espinosa, un joven mirandés apasionado de la pintura que decidió hacer de un hobby su profesión y creó la marca Tinte Rosa, conocida ya por todos los vecinos de la ciudad y también en medio mundo. 

Y es que la obra Artista Vocacional,  uno de los últimos ejemplos que ilustran el afán de este artista por aportar colorido a las calles de Miranda, ha sido nominada por la web especializada en arte urbano Street Art Cities como uno de los diez mejores murales del mundo realizados en el mes de octubre (votaciones en este enlace). Todo un logro del que espera «más reconocimiento dentro del sector», comenta Esteban.

Cuando se le pregunta por el significado de este mural, no puede evitar evocar el sentimiento de libertad que le transmitía la pintura en su juventud, sensación que motivó la creación de esta obra y que le aporta un sentido: «Cuando eres niño no tienes ningún problema en mancharte, y es lo que me pasaba a mí cuando pintaba. Con este proyecto quería recordar lo que sentía en esos momentos», confiesa. Además, se presentó como una oportunidad para expresarse con la libertad que tenía en su juventud, pero también con la experiencia adquirida durante los años: «Quería volcar todo lo que he aprendido en algo que yo quisiera hacer y que saliera solo de mí», en alusión a los proyectos privados que realiza con menor grado de libertad.

Al hablar del bagaje general de su carrera, Esteban asegura que «han pasado muchas cosas» antes de poder llegar donde está actualmente. Diplomado en Diseño  en la Escuela de Arte de Zaramaga, continuó su formación durante un año en Florencia hasta que encontró trabajo como diseñador en una empresa de Vitoria, donde logró «un gran desarrollo y aprendizaje» durante los cinco años que estuvo. Fue tras esta experiencia que decidió crear la marca Tinte Rosa en busca de «una mayor libertad creativa», concluye el artista mirandés.

Sin claros referentes profesionales, Esteban se autodenomina como un «autodidacta» desde muy joven: «Yo todo lo aprendí en la calle, metiendo muchas horas». Hasta que finalmente pudo entrar en un centro especializado donde profesionalizar conocimientos.