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Esther Alonso

Ser o Tener

Esther Alonso


Referente

12/01/2022

No estoy segura de si habrá sido como consecuencia de la tregua navideña, de que el Congreso ha estado cerrado por vacaciones o de que estas semanas atrás la Ómicron lo ha acaparado todo, pero lo cierto es que el que la mayoría de los políticos haya dejado de ladrar durante unos días ha traído consigo un estado de calma nacional generalizado, en el que da gusto convivir. 

Pronto, no obstante, ha regresado el ruido que genera la política mal ejercida y que tanto daño hace a la democracia, de tal forma que apenas comenzada la semana ya hemos vuelto a estar otra vez con un embudo por sombrero sin saber a quién le damos palmas y a quiénes, puntapiés. 

Con la buena intención de que esto no continúe replicándose en el tiempo, propongo que, en las actas de diputados, senadores y procuradores regionales, o sea la figura que sea de las cámaras de representantes que recorren nuestro rico Estado, aparezca el compromiso de que durante algunos de los días en los que las diferentes cortes están paradas como consecuencia de periodos festivos, todos sus miembros tengan que participar conjuntamente en sesiones de terapia de grupo. 

En ese marco, quizá logren asimilar las normas básicas de convivencia que rigen en una sociedad mínimamente avanzada como la que los ha elegido: la empatía, la asertividad, el debate constructivo, etc., y el respeto, sobre todo, el respeto y la honestidad. 

Pero hasta que mi propuesta prospere, en nuestra mano, en la mano de los que eligen, tenemos una opción poderosa: despreciar al que no las cumpla y desenmascarar la manipulación que casi siempre se esconde detrás de los gritos, las descalificaciones y los aspavientos. 

Y aprovechando que ni en el mejor de sus sueños los candidatos a las Cortes Regionales podrían imaginar la proyección nacional que tendrán los próximos comicios autonómicos, bien podrían erigirse como políticos a imitar en el ejercicio del debate enriquecedor, de la explicación clara de las soluciones que proponen para cada uno de los grandes problemas de Castilla y León: el envejecimiento de la población, la Castilla vaciada, el desempleo, la reindustrialización, la sanidad, la educación, etc… Para que, por fin, nuestra Comunidad pueda ser referente en algo, y no la mera comparsa nacional a la que los elegibles suelen relegarla.