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José Manuel Pérez Ovejas

Plaza Mayor

José Manuel Pérez Ovejas


El día es un lujo finito

12/01/2022

El tiempo es una magnitud física, cuya unidad en el sistema internacional es el segundo. El reloj avanza inexorablemente sin que nadie pueda detenerlo. Hace unos días estábamos celebrando el fin de año y, sin darnos apenas cuenta, ya galopa este mes de enero con su ritmo frenético. No son pocos los días en los que faltan horas para realizar todo lo programado. Basta observar el comienzo de una jornada para comprobar las prisas de todos, mirando de reojo al reloj para llegar puntualmente al objetivo: el colegio, la oficina, el médico, el comercio, el taller, el andamio... 

Todo es una cuenta atrás. Según la Biblia, Josué pidió a Dios parar el Sol (la teoría heliocéntrica de Copérnico no se aceptó hasta el siglo XVI) para que el pueblo israelita tuviera tiempo de derrotar a sus enemigos. Mucho más cerca, la película de la que todo el mundo habla, No mires arriba, alerta sobre la llegada de un cometa presuntamente apocalíptico en seis meses. La batalla contra este virus del que (también) todo el mundo habla fue una carrera contrarreloj de los laboratorios por una vacuna que se ha revelado insuficiente. La siguiente meta volante es o será una píldora que atenúe sus síntomas como una milagrosa aspirina. Tiempo al tiempo. 

La ciencia agotará las reservas de cava el día que descubra algo parecido a la ubicuidad, o cuando logre clonar las piernas de Usain Bolt para que los terrícolas lleguen a todo sin esfuerzo. Mientras tanto, hemos de conformarnos con hacer caso al segundero y la agenda. Después de cinco años, este humilde columnista abre un punto y aparte en su cita con los lectores, pero seguirá muy de cerca a este Diario que tanto le ha dado: desde que tiene uso de razón lo ha tenido en casa. Como Josué, hay días en los que necesitaría detener el Sol para hacer compatible esa tarea con la vitivinicultura. Todo se andará... Hasta siempre.

ARCHIVADO EN: Plaza Mayor, Vacuna, Ciencia, Virus