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8 años más de cárcel al dueño del club de Villamayor del Río

I.E.
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Enrique Pérez, quien estuvo huido en Brasil tras otro juicio por prostitución coactiva, es condenado de nuevo por amenazar a mujeres si no trabajaban para saldar su deuda con él

Enrique Gómez, en una fotografía tomada en 2014 por la policía brasileña cuando fue capturado por la Interpol. - Foto: DB

Enrique Pérez, el que fuera propietario del club Siroco -en Villamayor del Río-, suma una segunda condena por obligar a mujeres extranjeras a prostituirse para saldar la deuda que él aseguraba que contraían con él por sacarlas de su país y traerlas a su casa del alterne burgalesa. En esta ocasión no ha sido necesaria la celebración de un juicio, puesto que él mismo, encarcelado actualmente en Soto del Real, ha llegado a un acuerdo con la Fiscalía para cumplir 8 años y 8 meses de prisión después de reconocer que retiró el pasaporte a dos mujeres brasileñas nada más llegar a su negocio y las obligó a ejercer la prostitución bajo la amenaza de que si no lo hacían causarían un mal a su familia.

Hay que recordar que este hombre -nacido en Villodrigo (Palencia)- ya fue condenado en 2013 a seis años de prisión por hechos similares. En aquella ocasión la denunciante y testigo protegido fue una mujer boliviana. Tras dictar la Audiencia Provincial aquella sentencia, Enrique Pérez -que se hallaba en libertad- puso tierra de por medio y huyó a Sudamérica, si bien la Interpol dio con él en 2014 en Brasil, país que accedió a extraditarlo a España para que cumpliera con la Justicia.

Los hechos por los que ahora ha sido condenado de nuevo datan del año 2007, cuando regentaba el club Siroco, situado en la N-120. Según la sentencia de conformidad, la víctima fue captada por una mujer -sin identificar en el procedimiento- que la animó a trasladarse a España para trabajar de camarera o de limpiadora y le informó de que contraía una deuda de 3.000 euros por el billete de avión desde Brasil. El 15 de diciembre de 2007 esta mujer y otra testigo protegido llegaron al aeropuerto de Bilbao vía París. Acudieron a recogerlas el procesado y un trabajador del club.

Nada más ser recibidas, les arrebataron el pasaporte y les dijeron que habían venido a ejercer la prostitución para saldar una deuda de 7.000 euros. Si no lo hacían, las amenazaron con expulsarlas de España, causar algún mal a su familia o que las buscarían si se escapaban hasta que les devolvieran todo el dinero. Además, les advirtieron de que esa deuda se vería incrementada en el supuesto de no trabajar, ya que además debían abonar la manutención y el alojamiento diario, un total de 35 euros al día. 

Asimismo, según el fallo, las condiciones de trabajo eran leoninas. Debían estar disponibles entre las 17 horas y las 7 de la madrugada, sin días de descanso semanal. No podían tener móvil ni dinero y tampoco las dejaban salir solas del local. Las dos chicas estuvieron 15 días ejerciendo la prostitución, con una media de 3 y 4 clientes por jornada, tras lo cual decidieron escaparse. Gracias al móvil que un cliente le regaló a una compañera llamaron a un conocido que las recogió y las trasladó a Guipúzcoa.

Por cada uno de los dos delitos de prostitución coactiva Enrique Pérez ha sido condenado a tres años de prisión, a los que hay que sumar otros dos por otro delito contra los derechos de los trabajadores y otros ocho meses por otro contra los derechos de los trabajadores extranjeros. Asimismo, el condenado deberá indemnizar con 3.000 euros a cada una de sus víctimas.