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El mejor hospital de España

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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Se cumplen 90 años de la inauguración del pabellón de cirugía y radiología del Hospital Provincial, que llevó por nombre Divino Valles. El médico Rafael Vara fue el artífice de este enorme paso en la modernización de la asistencia sanitaria

La denominada 'sala de hombres' en el Hospital Provincial. - Foto: Archivo Diputación

La revolución de la ciencia y la enseñanza, que aceleró sus motores en la España del primer tercio del siglo XX, tuvo enseguida sus frutos en Burgos. El 23 de junio de 1932 -hoy se cumplen 90 años- se inauguró por todo lo alto lo que la prensa de la época llamó un nuevo hospital pero que en realidad era un enorme pabellón construido junto al viejo Hospital Provincial de la calle Madrid y dotado con los últimos adelantos de la época para abordar de forma específica labores de cirugía y radiología. Su 'puesta de largo' fue un acto importantísimo en la sociedad de entonces y a la misma acudieron el doctor Gregorio Marañón, que ya por entonces era una gran personalidad no solo científica sino también política, y el médico Pío del Río Hortega, ambos con una relación muy estrecha con el médico Rafael Vara López, que fue el auténtico artífice de que tantos adelantos llegara a la sanidad burgalesa. La impresión que produjo tan moderna instalación fue tal que este periódico lo resumió así: "La cirugía y la arquitectura se han unido a la caridad para dar alivio y consuelo a la humanidad doliente".

José Manuel López Gómez, médico e historiador de la Medicina afirma que la llegada a Burgos, apenas unos cuatro años antes, de Rafael Vara López iba a suponer para la provincia el paso "de una cirugía decimonónica en cuanto a sus bases y estructura, a otra absolutamente moderna, de gran rigor y capacidad resolutiva" y en este logro jugó un papel trascendente la creación de este pabellón "separado por completo de las antiguas instalaciones del Hospital Provincial en el complejo de Beneficencia de San Agustín" y al que se bautizó con el nombre de Francisco Valles, el Divino, médico de cámara de Felipe II: "Más tarde cuando se construyó el nuevo Hospital Provincial de la carretera de Santander, sí que se dio en su totalidad el nombre de Divino Valles", recuerda.

La apertura del hospital quirúrgico -explica López-Gómez- llegó en un momento en el que el conjunto de la asistencia sanitaria era "el propio de un ciudad de provincias de su tamaño, ampliado en alguna medida por la existencia de un Hospital Militar, con su correspondiente plantilla", así que la llegada de Vara supuso para la ciudad y la provincia su conversión en un centro quirúrgico de primer nivel en la España de la época, al que acudía un considerable número de personas para ser intervenidas: "El nuevo pabellón se construyó con todas las dotaciones precisas para ello: laboratorio de análisis clínicos, de microbiología y de histología, radiología, radioterapia, instrumental , y con zona de investigación. Vara se rodeó pronto, además, de un grupo de colaboradores muy deseosos de aprender que mantuvieron elevadas cotas científicas".

Por todas estas razones, Diario de Burgos no dudó en titular la amplísima información que ofreció de esta manera: Burgos cuenta ya con un hospital de los mejores de España. Para entonces, la labor quirúrgica del cirujano Rafael Vara y su equipo había sido singularmente fructífera. Él mismo explicó al tomar la palabra durante el acto de inauguración que hasta ese momento y en las viejas instalaciones se habían realizado 2.587 intervenciones quirúrgicas y recogido y ordenado 3.097 historias clínicas, un volumen de trabajo que exigía un nuevo y moderno espacio, como así lo entendió la Diputación. "La labor científica -continuó Vara- se resume en 33 trabajos publicados en diferentes idiomas, algunos de ellos premiados por diversas academias. Esta labor no ha sido realizada individualmente sino gracias a la colaboración desinteresada de los compañeros solo por un afán de trabajo y un idealismo, únicamente compatible con su entusiasmo y juventud".

LAS NOVEDADES. Este periódico fue invitado la víspera de la inauguración a visitar el nuevo edificio y a hacerse eco de las novedades que incluía, que eran muchas y sorprendentes. El edificio estaba compuesto por tres pisos comunicados "por una amplia escalera y un magnífico ascensor". El departamento de "terapia profunda para tratamiento de cáncer" tenía las paredes revestidas de plomo "para proteger al que manipula en los mandos" y la sala de radiodiagnóstico contaba con "un curioso sistema de comunicación para tomar y dejar placas sin necesidad de salir de la sala". El redactor no paraba de asombrarse: "En otro piso hay una sala séptica con magníficos suelos impermeables, costosos aparatos de refrigeración, hervidor de instrumental y un sistema de alumbrado que puede converger en un solo punto, (...) una mesa de operaciones con infinitos movimientos rodeada de complicadas máquinas con distintos procedimientos de esterilización perfectamente controlados (...) otra gran sala de operaciones dotada de una lámpara que permite inclinarse sobre el paciente sin que el operador proyecte sombra" eran algunos de los ingenios científicos de los que daba cuenta a los lectores.

Y entre tanta tecnología se había hecho un hueco ya entonces la humanización de la asistencia: "En los hospitales de tipo antiguo -continuaba la crónica- constituía un tormento para los pacientes el momento preliminar a la operación. Se anestesiaba al enfermo a la vista de múltiples e intrincados aparatos quirúrgicos que infundían un tremendo pánico. En el nuevo hospital tienen dos salas especiales alegres y confortables y contiguas a la sala de operaciones donde se anestesia al enfermo. Aparecen pintadas con suaves y difuminados colores sobre los cuales se colocarán interesantes dibujos que ya han ofrecido eminentes artistas". Al final, el periodista se ponía épico: "El caso es distraer la atención del enfermo y dormirle influenciado por cosas alegres, que más tarde su imaginación navegue por horizontes optimistas mientras los médicos sostienen una lucha titánica con la muerte hasta lograr que suelte su presa".

En la organización del trabajo también hubo innovaciones. De hecho, este hospital fue el primero que creó en Burgos la figura de los médicos de guardia "con derecho a alojamiento, comida y ropa limpia", como refleja López Gómez en su libro El Hospital Provincial de Burgos. Un esbozo de historia, donde se hace eco también de las condiciones leoninas que exigía la Diputación a los aspirantes: no podían ejercer fuera de los establecimientos provinciales de Beneficencia y la duración de sus contratos no debía exceder los tres años, renovables siempre que no tuvieran más de 30 años. A la convocatoria se presentaron nueve aspirantes y fueron elegidos Ignacio López Saiz, Juan José Peralta de la Fuente y Antonio Díez Pérez, que una semana después del golpe de estado del 18 de julio fue detenido -precisamente cuando estaba de guardia en ese hospital y en plena operación de un enfermo-, encerrado en la cárcel y fusilado el 1 de septiembre, la misma suerte que corrieron el portero, un enfermero y el auxiliar del mecánico del hospital. Pero esta ya es otra historia.

Una generación irrepetible. Rafael Vara López es, probablemente, uno de los nombres más importantes de la ciencia en Burgos, desde luego, pero también de España. Un cirujano "completísimo", le ha definido siempre el historiador de la Medicina José Manuel López Gómez, que opina que sin él no se entendería buena parte de lo que fue la práctica quirúrgica en España en sus inicios. Vara es, además, el gran precursor de las especialidades de Neurocirugía y Neurofisiología, hasta el punto de que el primer electroencefalograma que hubo en el país llegó a Burgos de su mano en el año 1937 como un préstamo de la Clínica de Halle (Alemania). Unos años más tarde, en 1950, puso en marcha un pabellón de psicocirugía, una iniciativa también pionera.

López Gómez explica que siendo todavía estudiante de la Facultad de Medicina de Madrid ganó por oposición una plaza de alumno interno del Hospital Provincial de esa ciudad y fue asignado al servicio del que era jefe Gregorio Marañón: "Allí empezó una relación que perduraría toda la vida, considerándole uno de sus grandes maestros", razón por la cual el gran científico, historiador, escritor y pensador español acompañó a Vara en la inauguración del hospital burgalés.

El histólogo Pío del Río-Hortega, que tampoco se perdió la inauguración del "mejor hospital de España", conoció a Vara también en el Hospital Provincial: "Al percatarse don Pío de la valía del joven Vara le invitó a acudir por las tardes al laboratorio de histología y anatomía patológica que la Junta para Ampliación de Estudios le había habilitado en la Residencia de Estudiantes. A él asistió varios años todas las tardes, y al lado de don Pío aprendió histología e investigación rigurosa, publicando con otros compañeros sus primeros trabajos científicos. Por eso, Vara consideró toda la vida a Pío del Río-Hortega como su gran y principal maestro, con el que mantuvo una permanente correspondencia a lo largo de los años".