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«Es para tener miedo; mira, si desde aquí se ven las llamas»

B.G.R. / Puentedura
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Los vecinos de la parte alta de Puentedura, donde hay una veintena de casas y bodegas, tuvieron que dejar sus casas durante varias horas y bajar hasta el centro del pueblo siguiendo los consejos que les dio la Guardia Civil

El fuego estuvo muy cerca de las viviendas. - Foto: Jesús Javier Matías

El cielo amaneció de un azul radiante pero a primera hora de la tarde se nubló. No por no causa de la meteorología sino del fuego.La columna de humo se veía desde la capital y en buena parte de la provincia burgalesa. A medida que se avanzaba por la A-1 el color ennegrecía y las llamas se hacía visibles. En la carretera de acceso a Puentedura los coches paraban en los arcenes para ver la magnitud del incendio, mientras en el pueblo la intranquilidad y cierto miedo se adueñaban de sus vecinos.
Pasadas las cuatro de la tarde el incendio y el trasiego de la Guardia Civil sacaba a la gente de sus casas. Una docena de vecinos de la parte más alta de la localidad recibían las instrucciones de los agentes para que dejaran sus casas y esperaran en la zona más baja, cruzando ya el puente del Arlanza. «Nos han dicho que saliéramos y bajáramos al pueblo», relataba Luisa dos horas después de lo ocurrido pero todavía con un susto en el cuerpo porque en ese momento estaba sola en su vivienda: «Esta noche no duermo».

 
Junto a ella, sentada en el pretil del puente, se encontraba su vecina Rocío. «Comentaban que el fuego estaba en un punto en el que podría avanzar muy rápido», añadía en referencia a las indicaciones recibidas por la Benemérita como medida de precaución. Porque, según los residentes, las llamas no se acercaron en ningún momento a las viviendas.
 
En la parte alta del pueblo hay más de una veintena de casas, además de varios merenderos y bodegas. Muchos de ellas estaban ayer cerradas tras finalizar las vacaciones del mes de agosto, donde la población habitual de esta localidad, en torno al centenar, se puede multiplicar por tres. Según los vecinos, ayer estarían ocupadas unas seis o siete, por lo que el número de desalojados podría rondar la quincena. «Hay mucha gente que se fue ayer», comentaba una mujer que se había desplazado de la capital burgalesa al conocer la noticia del incendio.
 
El puente del Arlanza se convirtió en el punto de encuentro de los residentes en el pueblo, que veían cómo helicópteros desplazados hasta la zona cargaban agua en el río, convirtiéndose la maniobra en objeto de atención de las cámaras o los teléfonos móviles. No obstante, la Guardia Civil pidió que se retiraran del lugar ante el peligro que  su presencia podría entrañar para unos y otros.
 
La intranquilidad era patente. «Es para tener miedo; mira cómo se ven desde aquí las llamas», aseguraba María Ángeles. A su lado,  Begoña, Fernando y Honeida comentaban que se habían enterado de lo ocurrido poco después de las cuatro de la tarde por la gran columna de humo que se veía en la zona y el paso fugaz de un vehículo de la Guardia Civil. «He intentado subir con el coche y ya no me han dejado pasar», precisaba Fernando, a lo que Honedia añadía la «incertidumbre» del momento, aunque Begoña se mostraba más optimista respecto al avance del fuego: «Se va a parar».  
 
Con el río como barrera, Joaquín llegaba de la parte alta de la localidad. «El fuego ha venido de Torrecilla del Monte hacía aquí y ha llegado hasta el pinar, llevándose muchas hectáreas por delante», afirmaba lamentándose de la pérdida de vegetación, de encinas y de árboles frutales, pero con cierta tranquilidad respecto a la amenaza inicial que supuso el fuego para el pueblo, sabedor de que la existencia de cortafuegos y caminos iban impedir el avance de las llamas hacia el casco urbano.
 
Pasadas las siete de la tarde, las llamas se desplazaban en dos columnas, una de ellas y con el frente más activo en dirección a Quintanilla del Agua. De nuevo y como siempre ocurre en este tipo de situaciones, los vecinos de los pueblos más cercanos, los que forman el triángulo entre Quintanilla, Puentedura y Mecerreyes, se volcaron en las labores de extinción. Los tractores no dejaba de pasar para acudir a las zonas más próximas al incendio con el fin de hacer cortafuegos para impedir el paso de las llamas.
 
La tarde de ayer será difícil de olvidar. Como también lo fue el incendio que hace diez años ocurrió entre estos dos pueblos. «Fuimos todos los vecinos y lo apagamos con ramas», rememora María  Ángeles, acompañada de otras vecinas que reconocían que todavía tienen un «nudo en el estómago».