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Vladimir V. Laredo

Petisoperías

Vladimir V. Laredo


Un día más en la vida

15/06/2022

Desde hace algunos meses, me despierto con el resplandor de la pantalla del televisor. Y, como soy así, me enchufo en vena el primer noticiario de la mañana. En él hablan de guerras, de inflación, de pandemias, de futuras crisis alimenticias, de violencia de género, de robos, de okupaciones, de subidas de precios, de hipotecas, de tipos de interés, del bendito Euríbor, del IPC, de pérdidas en negocios y empresas, en fin, de todas las cosas bonitas que se le pueden decir a uno de buena mañana, ya me dirán. Y todo esto sin desayunar.

Si, por lo que sea, no he tenido bastante, a lo mejor le echo un ojo a los programas de actualidad política, económica o, peor, social. Ahí a veces me entero de las vicisitudes amorosas de personas a las que en realidad no conozco y que, aparentemente, son el familiar del exnovio de un hijo de alguien que era famoso hace tiempo por algo que nadie recuerda. Hay corrillos de tertulianos que opinan siempre lo mismo sobre lo que pasa y lo que no. Saben de política, de sanidad, de volcanes, de criptomonedas, de interioridades de la Casa Real, de lo que se cuece en las altas esferas económicas, de dónde van a estar esas personas que se empeñan en que nadie lo sepa para poder disfrutar de tranquilidad e intimidad. Saben lo que opina el Papa, las enfermedades que atenazan a Putin, y los viajes que planea el Emérito. Y así están todo el día, del almuerzo a la comida, de la comida a la merienda.

Si quiero desengrasar, tras la cena me dejo caer, a lo mejor, por algún programa deportivo nocturno. Allí se enzarzan señores hechos y derechos dilucidando el futuro de un futbolista francés, de un tenista español, de un piloto de Fórmula 1 inglés, o de lo que toque. Se cortan trajes a jugadores, entrenadores y dirigentes. Todo a voces, para apuntalar la razón. Todo es blanco o negro, alto o bajo, fuerte o suave. No hay mesura, no hay término medio, no hay acuerdo en la opinión.

Cuando cierro los ojos, me prometo a mí mismo que mañana será distinto, que no haré caso de nada. Hasta que, a la hora prefijada, se enciende y me despierta de nuevo el resplandor de la pantalla, ese que me hace volver a revivir un día más en la vida. Un día más de esta santa vida.
  @VladimirConV