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Suena molón ser un colectivo

I.L.H.
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Ajayu Dúo es uno de los 16 grupos de música familiar que se han unido en una plataforma para sumar y reivindicar la creación propia para los más pequeños. Es, por ahora, la única banda de la región

Con Ajayu están Titiriteros de Binéfar, Dr Sapo, Chumi Chuma, La Fantástica Banda...

No hacen música infantil, sino específica para los más pequeños. Sus temas y espectáculos son de creación y composición propia y se interpretan en directo, por lo que no tienen nada que ver con los montajes teatralizados que se acompañan de música enlatada. Trabajan tanto en el ámbito urbano como el rural, aunque en el segundo la España despoblada reduzca considerablemente el número de espectadores. Bajo el nombre de música familiar hay infinidad de propuestas que no siempre son lo suficientemente conocidas.

Dieciséis de estas bandas de música familiar de toda el territorio español han decidido «unir fuerzas», «visibilizar y potenciar» el trabajo de los artistas, «compartir materiales y contactos» y «crear una red en España con proyección al mercado latinoamericano». Se llaman Suena Molón, acaban de formalizarse como colectivo y entre los grupos hay un represente burgalés, el único por ahora de Castilla y León: Ajayu Dúo, agrupación formada por Rocío Gordillo y Fernando Pulido y dirigida a la primera infancia.

«El de la música familiar es un mercado diferente y específico. En demasiados ocasiones se desconocen las posibilidades que tiene, por lo que no se programan este tipo de ofertas con música en directo. Nuestro trabajo se centra en eso, precisamente, en interpretar canciones de creación propia respetando unos valores porque la mayoría estamos vinculados también a proyectos educativos y trabajamos con una sensibilidad específica hacia la infancia, con un respeto máximo a los peques como audiencia, sin minusvalorarlos», explica Pulido, el 50% de esta banda que tiene su sede en las Merindades.

Rocío y Fernando se han unido a esta plataforma para generar colaboraciones artísticas, difundir la agenda individual de los integrantes del colectivo, promocionar las particularidades de cada grupo o compañía y «ofrecer una alternativa al paradigma de la música infantil, muchas veces interpretado como música simple, con poco contenido y profundidad». «Juntarnos implica que podamos ayudarnos, compartir material y reunir en una misma plataforma diferentes tipos de proyectos», añade el músico.

Llegar a estos públicos, decíamos, es difícil, y residir en el mundo rural lo complica todavía más. «Las dificultades las encontramos sobre todo en la zona, en la región donde nos encontramos. Nos estamos moviendo principalmente entre Madrid y Burgos, y requiere invertir muchas horas para encontrar conciertos», reconoce a sabiendas de que no se les está dando mal porque desde que publicaron su disco-cuento Arbolito y la abubilla, en diciembre pasado, han dado 40 conciertos. «El espectáculo funciona allá donde va, pero el mercado inf»antil en las zonas rurales y despobladas es complejo. Aunque por otro lado es un incentivo cuidar a los pocos que hay, porque tienen el mismo derecho a acceder a la cultura y es una forma de que no se vayan», concluye.