Diario de Burgos
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18 de octubre de 2018

17 detenidos y 6 policías heridos en otra batalla campal por una obra

C.M.-i.E. / Burgos - sábado, 11 de enero de 2014
Vista general del estado en el que quedó la calle Vitoria a la altura de Juan XXIII - Foto: Luis López Araico
Destrozos en muchas calles. Los vándalos no se limitaron a la calle Vitoria, sino que causaron daños en Lavaderos,Juan XXIII...

c.m.-i.E. / burgos
La batalla campal ocurrida el 18 de agosto de 2005 contra las obras del aparcamiento de Eladio Perlado volvió a repetirse ayer en el barrio de Gamonal. La protesta pacífica iniciada a las 17 horas contra la construcción del bulevar en las confluencias de las calles Vitoria y San Bruno derivó 5 horas después en un episodio de vandalismo y violencia callejera que se saldó con 6 policías heridos y más de 17 detenidos, 1 de ellos menor. 
Contenedores incendiados, cabinas telefónicas y marquesinas de autobuses destrozadas, lunas de sucursales bancarias rotas y todas las vallas de la obra derribadas debido a la acción de los violentos, la mayoría muy jóvenes, transformó Gamonal en un paisaje desolador. A diferencia de aquel 18 de agosto, las quemas y actos vandálicos no se limitaron a la calle Vitoria, sino que se extendieron por Lavaderos, Juan XXIII y el Silo. 
 La tensión fue en aumento hasta que, a las 22 horas, los manifestantes agrupados en la glorieta de Logroño -no más de 150- apedrearon un coche patrulla de Comisaría que cruzó hacia la avenida de la Constitución. La Policía Nacional, que hasta entonces permanecía frente a ellos a la expectativa, realizó la primera carga. A partir de ahí, el caos.
Que la protesta contra la obra degenerase en violencia era algo que se temía la Plataforma contra el Bulevar de Gamonal, que decidió disolverse por la mañana ante la presencia de «grupos que se posicionan de manera muy extrema y nada cívica». Sus integrantes aseguraron en un comunicado que «nunca han defendido ni apoyarán el vandalismo ni los actos fuera de la ley» y desconvocaron la asamblea de las 20 horas.
Sin embargo, un grupo de personas se concentró a primera hora de la tarde en la confluencia de las calles Vitoria y San Bruno e impidió que las máquinas de la obra siguieran trabajando al tiempo que cortaron la calle San Bruno, lo que obligó a desviar a los autobuses urbanos por otros itinerarios.
Bajo la atenta mirada de policías nacionales y locales, el número de manifestantes fue creciendo hasta superar el centenar y a las 19 horas se celebró una asamblea abierta para decidir las siguientes acciones de protesta, que pasarán por una presencia permanente en las obras para evitar su continuidad (hoy irán a las 7 de la mañana) y la creación de comisiones. Al menos así lo acordaron antes de los graves incidentes nocturnos.
También comenzaron a tirar bolsas de desperdicios al recinto vallado al grito de ‘Este bulevar es una basura’ e invitaron a los vecinos a que arrojaran sus residuos. Al parecer, en uno de estos lanzamientos un joven resultó herido por el impacto de una botella que contenía una de las bolsas. 
Finalizada la reunión, los concentrados decidieron cortar la calle Vitoria en la confluencia con Santa Bárbara y San Roque. Medio centenar de personas se quedó en Fátima y otra cifra similar se desplazó hasta el cruce con la avenida de la Constitución. 
Esta situación provocó que cientos de vehículos y autobuses urbanos quedaran atrapados en estas vías sin posibilidad de avanzar. La rápida acción de la Policía Local, desviando por la plaza 2 de Mayo y la avenida del Arlanzón, evitó un colapso mayor. Muchos usuarios del transporte público decidieron bajarse al ver la situación y continuar andando. De este modo, durante varias horas 7 calles de Gamonal permanecieron cerradas al tráfico.
Los manifestantes pacíficos se fueron retirando y quedó el grupo más violento, compuesto básicamente por menores y jóvenes de menos de 25 años. Concentrados frente a la gasolinera, provocaron en todo momento a los antidisturbios con piedras, petardos y botellas de alcohol, que se habían bebido o cogían de contenedores cercanos. Los alborotadores no tuvieron reparos en romper la acera frente al acuartelamiento Diego Porcelos para hacerse con el arsenal de piedras que luego lanzarían contra los agentes. 
Se encararon con un agente de paisano infiltrado entre los manifestantes, que tuvo que salir corriendo. Pero cuando se rompió la calma tensa fue a las diez en punto de la noche. Un vehículo de la Policía Nacional pasó a toda velocidad ante ellos y recibió una lluvia de piedras y vidrios, lo que motivó la entrada en escena de los antidisturbios, que avanzaron desde el edificio de Telefónica. 
Las carreras se sucedieron y los jóvenes huyeron por la calle Vitoria en dirección a la Real y Antigua, aunque otros grupos lo hicieron por otras calles aledañas para despistar a los agentes. A su paso derribaron todas las vallas de las obras (desde floristería Castilla hasta la altura de la calle San Bruno), a pesar de estar ancladas al suelo con grapas de hierro.
También incendiaron al menos una veintena de contenedores -volcaron muchos más-, que provocaron grandes humaredas y que hicieron necesaria la intervención de los bomberos. Además, reventaron marquesinas de autobús y otros elementos del mobiliario urbano. Las lunas de dos entidades financieras, Cajacírculo y BBVA, fueron objetivo de los violentos.
Los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP), venidos desde Valladolid como refuerzo, persiguieron a los alborotadores, cuyos movimientos y acciones recordaban a la ‘kale borroka’, durante más de 3 horas por diferentes calles. Desde las ventanas, unos pocos vecinos mostraron su apoyo a la protesta e hicieron sonar cacerolas, aunque en esta ocasión no lanzaron objetos contra la Policía, como en Eladio Perlado. 
Pasadas las 2 de la madrugada, operarios de limpieza de Semat trataron de recoger la basura y adecentar un poco las calles. Con la luz del día, los vecinos comprobarán con desolación cómo ha quedado su barrio tras los incidentes. Mientras, el Ayuntamiento está dispuesto a continuar con la obra del bulevar, que incluye un aparcamiento subterráneo, a pesar de las protestas.

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