Vascos, mucho más que vecinos

G. ARCE / Burgos
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Cerca de 40.000 burgaleses de origen están llamados a votar el próximo domingo en unas elecciones clave en las relaciones con una región a la que nos unen estrechos lazos familiares y económicos

Cerca de 40.000 burgaleses de origen están llamados a votar el próximo domingo en las elecciones del País Vasco. - Foto: Valdivielso

No uno sino miles de burgaleses contemplaron desde las orillas de la ría de Bilbao el paso de la gabarra con los jugadores del Athletic Club y su Copa del Rey. Nacieron en la Cabeza de Castilla, pero ellos, sus hijos y nietos forman parte de la comunidad vecina y su voto será clave en las reñidas elecciones autonómicas que se celebrarán el próximo domingo 21. Son 42.477 burgaleses los censados en el País Vasco y casi 18.000 vascos los radicados en Burgos, cifras que hablan por sí mismas de estrechos lazos familiares, culturales y también laborales y económicos.

A Burgos y el País Vasco les une la vecindad en buena parte de su territorio y hoy son muchos más los vínculos que les implican de los que les separan, especialmente desde que el terrorismo dejó de marcar esa frontera invisible del miedo, la desconfianza y también del rechazo entre ambos territorios.

El País Vasco es, con diferencia, el principal destino de emigración de burgaleses desde mediados del pasado siglo, muy por encima de Madrid. La realidad es que Bilbao y su entorno urbano han crecido a costa de la despoblación de muchos pueblos de la provincia, porque a orillas de la ría del Nervión se localiza uno de los principales centros económicos, industriales y laborales del país.

Vizcaya -Bilbao, sobre todo- reúne por sí misma a 25.656 burgaleses de nacimiento, la mayor concentración de autóctonos de España solo superada por los 35.106 radicados en Madrid. Por sí misma, la capital vasca está muy cercana a las cifras del censo de Miranda de Ebro (35.639 habitantes) o el de Aranda de Duero (33.626).

Hay un dato significativo recogido por los censos del Instituto Nacional de Estadística (INE): 19.616 de esos burgaleses bilbaínos, el 76,4% del total de los que viven en la capital vasca, suman 65 años o más y forman parte de aquellas familias que cogieron las maletas para buscarse una vida mejor. De hecho, muchos de ellos siguen regresando cada fin de semana o durante las vacaciones veraniegas a la casa familiar ubicada en cualquier pueblo de las Merindades o la Sierra de la Demanda.

Álava tampoco se queda atrás. Su censo recoge a otros 11.418 burgaleses, a los que hay que sumar los 5.403 radicados en Guipúzcoa. Solo las provincias de Barcelona (11.810 censados) y Valladolid (6.489) barajan tales cifras.

Trabajo. El número de burgaleses en el País Vasco dobla -y con diferencia- el de vascos en Burgos. Es una descompensación histórica en el balance demográfico que no se detiene: la emigración es continua.

El pasado año, por ilustrar con datos esta sangría, 7.600 burgaleses encontraron trabajo en el País Vasco, sobre todo en Vizcaya y Álava, mientras que 1.660 vascos lo hicieron en Burgos. Es decir, cuatro locales salen por cada uno que entra.

El atractivo económico que ofrece la comunidad vecina radica en muchos factores y, sobre todo, en su riqueza y su particular concierto económico, que le permite una autonomía fiscal y el manejo de una cantidad de fondos públicos para apoyar a sus empresas, proyectos de infraestructuras o servicios públicos, algo impensable en este lado castellano.

El modelo económico, justificado en su condición de comunidad 'histórica', marca unas diferencias abismales que ilustran muy bien las pensiones que se ingresan en un lado u otro. Un jubilado vasco cobra una media de 1.758 euros al mes, según los balances de la Seguridad Social, muy por encima de los salarios medios en Burgos. Son las pensiones más altas de España, 234 euros más elevadas que las que perciben como media los burgaleses, que también se encuentran en el tramo alto de la media. 

Turismo. Las diferencias de renta son significativas y marcan una clara desigualdad en la calidad en servicios públicos esenciales como la sanidad. Pero el poder adquisitivo de los vascos también es una oportunidad para Burgos.

Solo en Burgos capital, estos vecinos representan el 11,45% del total de visitantes nacionales. Son nuestros terceros mejores clientes de la hostelería, los museos y monumentos, solo superados por la Comunidad de Madrid, con un 20,58%, y por el resto de las provincias de Castilla y León, con un 14,16%.

Estos porcentajes se quedan muy pequeños en territorios como los de Las Merindades, cuya riqueza depende en buena medida de los flujos de fin de semana y vacacionales de los visitantes vascos. Ellos sostienen bares, restaurantes, comercios, constructoras y todo tipo de actividades económicas. Caza, pesca, senderismo, motociclismo o bicicleta son actividades muy practicadas por los vecinos del norte y Burgos ofrece oportunidades a raudales para ellos y muy cerca.

Empresas. La inversión vasca en los polígonos burgaleses es ya histórica y es muy elevada. Son decenas de medianas y pequeñas empresas nacidas en la comunidad vecina que se han instalado y han prosperado en la provincia. 

En estas implantaciones han pesado tres factores fundamentales: en su momento, la huida de la violencia terrorista, la extorsión y la presión sindical vinculada a la misma; la disponibilidad, proximidad y precio del suelo industrial competitivo; y la situación de Burgos a medio camino de la capital de España, conexión clave para el poder económico e industrial vasco.

La inversión vasca fue estratégica para el desarrollo y el éxito del Polo Industrial y lo sigue siendo hoy en día con nuevas implantaciones, principalmente en la zona limítrofe de Miranda de Ebro.

Es más, el País Vasco es clave en la reivindicación de infraestructuras ferroviarias y de transporte por las que está luchando Burgos. El Corredor Central que pone en valor el Tren Directo no tendría razón de ser si no une los puertos de Algeciras y de Bilbao. Ocurre lo mismo con el AVE a Vitoria y la conexión con la Y vasca e incluso con el tercer carril de la AP-1, la vía que muchos vascos y burgaleses utilizan para unir sus destinos, aunque solo sea por unos días.