Vecinos a las puertas de un cuartel para impedir que los agentes de la Guardia Civil dejaran su pueblo es una imagen que data de los años 90 del siglo pasado. Fue una época en que el Ministerio de Interior cerró más de un centenar de acuartelamientos en Castilla y León, con el ánimo de equilibrar los efectivos en el territorio. Dos décadas después, se repite la historia pero ahora priman criterios economicistas. La crisis obliga a adoptar medidas tendentes al ahorro y el nuevo director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, estudia la posibilidad de reducir el número de cuarteles y casas-cuarteles de la Benemérita. Las primeras cifras, que ha publicado El Confidencial Digital, hablan de suprimir el 25% de los puestos de cada provincia y dejar un cuartel hábil cada 40 kilómetros. De esta manera y si el plan sale adelante, habrá una mejor reorganización de las plantillas, con cuarteles más grandes y más presencia de patrullas en las calles. Lo poco que ha trascendido es que se ha encargado un estudio para determinar los cuarteles más obsoletos y los que han tenido menor actividad en los últimos años.
La decisión tendría una importante repercusión en la provincia de Burgos, donde en la actualidad hay 32 puestos repartidos por todo el territorio, a los que habría que sumar los existentes en Burgos y el correspondiente a Villímar, ambos en la avenida de Cantabria. En esta suma no estarían incluidos los destacamentos, las compañías, el subsector de Tráfico ni, por supuesto, la Comandancia. Es decir, una veintena de esos cuarteles de la Guardia Civil peligra si, finalmente, prospera el plan de recortes del nuevo Gobierno.
Muchas de estas casas-cuartel se han quedado obsoletas y en algunos casos son ineficaces. Los mejores ejemplos están en los pueblos que tienen menos de 10 guardias civiles. La falta de efectivos impide realizar una adecuada seguridad ciudadana y tener presencia en las calles, con tan solo una patrulla. Es la consecuencia de tener siempre un efectivo a la puerta del cuartel para vigilar el control del puesto. Algo que podría solucionarse con este plan que busca una reestructuración de las unidades, con la optimización de los recursos y la reagrupación de los efectivos de la Benemérita, que rondan el millar en la provincia.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) de Burgos lleva años con la idea de concentrar las casas-cuartel en las poblaciones más grandes. Aboga por mantener los puestos en las cabeceras de comarca o incluso limitarlos a las localidades con juzgados. De esta manera, habría siete grandes cuarteles en Burgos, Miranda de Ebro, Aranda de Duero, Briviesca, Salas de los Infantes, Lerma y Villarcayo. La AUGC calcula que esta reorganización permitiría centralizar todas las operaciones y ganar entre 20 y 30 patrullas diarias en la provincia. «Hay que concienciar a la población de que el puesto placebo no existe porque es mucho más efectivo contar con una patrulla de la Guardia Civil que recorra los pueblos», precisan desde la asociación. Es una de las muchas cuestiones que trasladarán al nuevo subdelegado del Gobierno después de haber solicitado una reunión con él.
Fuentes de esta organización ponen como ejemplo el trabajo que desarrolla las 4 unidades de Tráfico con patrullas que cubren toda la provincia. Los agentes de Atestados se trasladan al lugar del accidente con un vehículo equipado con un ordenador y una impresora para realizar el atestado.
A juicio de la AUGC, la racionalización de cuarteles en la provincia permitiría que los guardias civiles se desplazaran allí donde sean requeridos para recoger las denuncias de forma telemática. «Ahorraría desplazamientos a los ciudadanos de esos pueblos y, de paso, se podría hacer una inspección ocular para luego remitir toda la documentación al Juzgado», precisan. La asociación explica que una distancia de 40 kilómetros se realiza en menos de media hora con un coche.
«No nos gusta hablar de cerrar cuarteles sino de una reorganización porque creemos que de esta manera se mejora la seguridad ciudadana al prestar un mejor servicio. No hablamos de reducir personal sino de optimizar mejor los recursos humanos», aseveran desde la asociación que defiende los intereses del colectivo. Además, mejoraría considerablemente la calidad de vida de los agentes porque un cuartel de mayores dimensiones permitiría contar con turnos de trabajo fijos.
No es algo nuevo porque el Gobierno central ya llevó a cabo en los años 90 el desmantelamiento de, al menos, siete cuarteles en la provincia. Fueron, por ejemplo, los casos en Villasandino, Gumiel de Mercado, Sotresgudo, Vadocondes, Barrios de Mercado o el situado en Santa María de Garoña, donde está la central nuclear. También se aprovechó para cerrar el puesto situado en el entorno de Las Huelgas. Estas clausuras formaban parte de un plan nacional y que en Castilla y León afectó a más de un centenar de cuarteles.
La AUGC considera que el descenso de efectivos de guardias civiles, con la reducción de la oferta pública en los últimos años, perjudica, sobre todo, a provincias como Burgos. «Hay que adoptar alguna medida para tratar de convertir este territorio en un lugar atractivo para los agentes», apuntan. Y eso pasa por contar con cuarteles en localidades donde haya expectativas de vida para sus familias y colegios para la educación de sus hijos.
La AUGC recuerda que algunos puestos pequeños de la provincia no reciben ni una sola denuncia en varios días y cuando acude un vecino es para un asunto relacionado con un tema civil y no penal. Un cuartel con 6 o 7 personas no es nada efectivo porque hay que rotar, librar y coger vacaciones.
La mayor operatividad de las patrullas vendría acompañada, además, de un considerable ahorro económico de mantenimiento de cada uno de los edificios.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles tacha de «ridículo» que en el entorno de Burgos haya puestos en la capital, Villímar, Buniel y Sotopalacios, en un radio de apenas 15 kilómetros. Y el caso más flagrante está en los casos de Burgos y Villímar, que comparten puerta con puerta las dependencias de la avenida de Cantabria. Al menos, reconocen que la Comandancia trata de optimizar las plantillas a la hora de repartir las patrullas por cada zona de servicio.
Pero, tal y como puede observarse en el mapa adjunto, la distancia entre muchos puestos de la Guardia Civil es escasa. Son los casos de los cuarteles existentes en Condado de Treviño y en La Puebla de Arganzón, con apenas 10 kilómetros entre uno y otro. Entre el puesto de Quincoces de Yuso y el de Medina de Pomar o el de Villasana de Mena hay menos de 30 kilómetros.
La presencia de efectivos de la Benemérita está en Melgar de Fernamental y Castrojeriz, que distan a 17 kilómetros. En la zona este de la provincia, Belorado y Pradoluengo -ambos con cuartel de la Guardia Civil- están a 12 kilómetros. Si nos desplazamos más al sur, Lerma está a 24 kilómetros de Covarrubias mientras que la distancia entre Salas y Quintanar ronda los 25 kilómetros. La última inauguración de una casa cuartel en la provincia tuvo lugar en Oña el verano pasado.
Lo mismo ocurre con la zona de la Ribera de Duero, donde hay un puesto en Torresandino y otro en Roa, a 17 kilómetros. Además, entre Roa y Aranda hay otros 22. Un organigrama que responde más a criterios del siglo XIX cuando la presencia de la Guardia Civil en cada comarca tenía sentido, con una población importante en las zonas rurales. Hoy, la situación ha cambiado y los habitantes de la provincia se concentran en localidades de mayor tamaño.