Un 'suicidio' salvador

R.P.B. / Burgos
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20 años. El impacto de la caída de la estatua de San Lorenzo desde la fachada principal en agosto de 1994 trascendió más allá del hecho físico, convirtiéndose en el origen de la rehabilitación integral de la seo

La estatua de San Lorenzo quedó hecha añicos. - Foto: ALBERTO RODRIGO¶

 
La efigie de piedra de San Lorenzo, diácono de Roma que según la Iglesia fue martirizado en una parrilla en el año 258, se descolgó de  los goznes que lo anclaban a la fachada de la Catedral y se precipitó al vacío. Sus dos metros de altura y 400 kilos de peso impactaron violentamente contra el firme de la plaza de Santa María, haciéndose añicos. Por fortuna, nadie resultó herido, y eso que minutos antes se hallaban en el entorno los invitados a una boda. Los restos pétreos de la escultura que había permanecido en las alturas del templo desde el sigloXVII son hoy un símbolo: aquellos pedazos fueron mucho más que otra desgracia del patrimonio. Fueron el detonante, la piedra de toque que sensibilizó y movilizó a la sociedad burgalesa en una sola dirección: impedir el rampante deterioro del primer monumento de la ciudad e iniciar su resurrección. Su salvación.
A San Lorenzo, que en lugar de abrasarse quedó despedazado y decapitado (sólo su cabeza, separada del tronco, se salvó del destrozo superlativo) hay que agradecer que el Cabildo, el Ayuntamiento, la Junta y el Ministerio, en colaboración con entidades privadas, trabajaran a una para comenzar la rehabilitación de la seo.Para ello se redactó un Plan Director, concluido en 1997, que se ha seguido a rajatabla y que está a punto de culminar veinte años después del suicidio de la estatua. La inversión ejecutada hasta la fecha, y que supera los 20 millones de euros, ha permitido al primer templo burgalés exhibir un estado de salud perfecto.
San Lorenzo fue uno de los primeros beneficiados, como no podía ser de otra forma. En julio de 1999, fue recompuesta con su piedra original, mortero de polvo de piedra y resina epoxi y devuelta al lugar desde el que se lanzó la vacío como si, al hacerlo, y echando ahora la vista atrás en el tiempo, hubiese el pétre santo proferido el mayor grito de socorro jamás escuchado antes.