«La mayoría de los casos son parejas jóvenes»

I.E. / Burgos
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La jueza de Violencia contra la Mujer explica que muchas víctimas «denuncian tras 40 años de maltrato, porque es ahora cuando saben que la respuesta judicial es rápida»

Teresa Gonzalo, en su despacho. - Foto: Luis López Araico

Quien piense que el maltrato a la mujer se da más en las parejas que llevan un largo tiempo de convivencia que en las jóvenes está muy confundido. La titular del  juzgado de Violencia contra la Mujer, Teresa Gonzalo, asegura que la mayor parte de los asuntos que trata «no son de personas unidas en matrimonio o parejas de hecho desde hace muchos años, sino de relaciones muy cortas y entre chicos y chicas de las generaciones actuales». «Es en este ámbito en el que se producen más casos de violencia de género», asegura.

¿Denuncian antes las mujeres jóvenes? «Evidentemente, sí», responde la magistrada. Una mujer que lleve siendo víctima de violencia de género desde hace 40 años, «puede que le cueste más, porque   hasta hace poco del maltrato «no había conciencia social» de que era delito, era un asunto doméstico que quedaba intramuros de la familia». De esa situación, continúa, se ha pasado al otro extremo, que la «violencia contra la mujer es un asunto de interés público, un delito que se puede perseguir de oficio».

Muchas de esas mujeres que llevan «sufriendo el maltrato desde hace 40 años denuncian ahora, porque es cuando han obtenido toda la información sobre sus derechos, sobre qué medios de protección tienen a su alcance;y es cuando reciben una respuesta judicial rápida a sus pretensiones». Ypuede, según relata, «que los hechos más graves los padeciera mucho antes».

¿Cuándo tarda de media una mujer en denunciar? No existe un promedio, según señala Gonzalo.  «Pero puedo decir que tenemos casos de señoras de 80 años que han sido maltratadas durante 40 y se han decidido ahora a dar el paso», explica. «Todo depende de la experiencia vital de la persona», indica.

Un asunto espinoso es el de las denuncias falsas. Pero Teresa Gonzalo acota lo que es exactamente una denuncia falsa. «Las efectúan las personas que ponen en conocimiento de la autoridad judicial unos hechos que sabe a ciencia cierta que no han ocurrido, que no son ciertos», explica. Pero la realidad del día a día es que hay asuntos que «se archivan y otros que terminan en sentencias absolutorias». Pero «no porque la denuncia fuera falsa, sino porque no se han reunido pruebas para condenar al presunto imputado, como ocurre en cualquier otro delito».

Riña o violencia

Preguntada por si acuden al juzgado un número importante de jóvenes por meras riñas con sus parejas, la jueza se pregunta «qué es lo que se entiende por riña». A veces el imputado declara que ha ofendido a su novia o mujer «con insultos normales». «Pero es que zorra y puta constituyen una vejación que está tipificada como falta de injurias», explica. En su opinión hay que distinguir entre disputas (conflictos enconados entre un hombre y una mujer que se separan) y peleas «donde aparecen empujones, tirones de pelo, etc». «Cuando se traspasa ese límite es cuando entramos nosotros», precisa.

¿Es más difícil proteger a una mujer en el medio rural? En ocasiones sí, reconoce, «porque a veces para aplicar una orden de alejamiento de 500 metros el hombre se tiene que exiliar y, entonces, se reduce la distancia». Además, en poblaciones más pequeñas las mujeres piensan «en el qué dirán».

Acerca del número de mujeres que son víctimas de violencia de género y no denuncian, Gonzalo asegura que «existe una bolsa negra, pero que es imposible de cuantificar». Entre finales de 2011 y 2012, con la crisis, entraron menos denuncias a su juzgado, un hecho que atribuye al «temor de las mujeres a quedarse sin el sustento del marido, ni para ellas ni para sus hijos». Con lo que da a entender que existen numerosas circunstancias que desaniman a las afectadas a poner sus casos en conocimiento de la justicia.

La única receta para que afloren todos los casos es «la información». Algunas víctimas no se atreven a denunciar porque creen que son ellas las que tienen que abandonar el domicilio familiar y «piensan qué va ser de mí y de mis hijos». Gonzalo pone de manifiesto la importancia de informarles entonces de que si procede concederles la orden de protección «es él, el hombre, el que se va de casa y, además, deberá pasar una pensión a los hijos menores». «Muchas mujeres no conocen sus derechos», asegura.