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16 de noviembre de 2018
Aranda / Virgen de las Viñas

Celebrando el cumpleaños de la patrona arandina

I.M.L. / Aranda - lunes, 14 de septiembre de 2015
A pesar del cielo nublado, los renacidos colores de la carroza restaurada de la Virgen de las Viñas destacaban sobre el predominante fondo dorado. - Foto: DB
Estreno de carro triunfal. La misa solemne oficiada por el arandino monseñor Raúl Berzosa daba paso a una multitudinaria procesión en la que los asistentes pudieron apreciar el gran trabajo de restauración de la carroza

La jornada del día grande de las fiestas patronales arandinas se levantó tristona y nublada, lo que no impidió que una hora antes del comienzo de la misa solemne en honor a la Virgen de las Viñas, en su ermita ya no quedase un sitio libre para asistir a la eucaristía sentado. Los devotos respondieron a la llamada de su Madre y acudieron a celebrar su cumpleaños, como así lo definiría en su homilía el encargado este año de presidir la concelebración, el arzobispo de Ciudad Rodrigo, el arandino Raúl Berzosa, sobre el que sobrevuela la posibilidad de un cambio de destino, con todos los indicios apuntando a la posibilidad de que ocupe la Diócesis de Palencia.
A la celebración asistía una amplia representación del pueblo arandino, con sus peñas, sus cofradías y la reina y las damas de fiestas y los pregoneros a la cabeza, además de los máximos representantes de la Fuerzas de Seguridad del Estado, y cargos electos tanto locales como provinciales, como el delegado de la Junta en Burgos;regionales, como la consejera de Agricultura y Ganadería, Milagros Marcos; y nacionales, como el senador Jaime Mateu. Con todos ocupando su lugar, daba inicio la concelebración, con unos emotivos cantos litúrgicos entonados con sentimiento por el Orfeón Arandino Corazón de María.
Monseñor Berzosa hizo gala de su fama de buen orador, en sus dos acepciones, la de «persona que por su naturaleza y estudio tiene las cualidades que lo hacen apto para lograr los fines de la oratoria» y la de «predicador evangélico», como refleja la Real Academia Española en su diccionario, y ofreció a los presentes una homilía cargada de anécdotas personales y sentimiento arandino. Sin ir más lejos, nada más comenzar su discurso recordaba que este año cumple su primera década como obispo, que coincide también con los diez años de alternativa de ‘Morenito de Aranda’ , «y el Diario de Burgos me gastó una broma, me hizo ir a la plaza de toros, vestido de obispo, y me sacó la foto allí y a él en la puerta de Santa María», fotos ambas que se publicaron el 8 de mayo de aquel 2005.
Tras esta anécdota, que hizo que los fieles sonriesen, felicitó a la Cofradía de la Virgen de las Viñas por la reciente apertura de la cripta bajo el camarín de la ermita y resumió el contenido de los cinco cuadros de cerámica que resumen el inicio de la devoción por la Virgen de las Viñas en tierras arandinas. Fiel a su espíritu docente, el oficiante recordó a los fieles la importancia que el papa Francisco y cuatro de sus predecesores han dado a la figura de María y las enseñanzas que los fieles pueden tomar de ella y sus vivencias.
Siguiendo la línea de novena, dedicada este año a reflexionar sobre la familia, Berzosa la comparó con «una pequeña iglesia doméstica» y aseguró que ese núcleo familiar es «el futuro de la sociedad», e invitó a los arandinos a mantener fuertes los lazos que les unen a los suyos porque, como remarcaba la moraleja de una parábola que narró, «solos la vida nos casca, unidos nadie podrá con nosotros».
Mientras se completaba la celebración eucarística, la explanada que rodea la ermita ya se había llenado de arandinos prestos a acompañar a su patrona en su paseo anual y, de paso, contemplar el resultado de la restauración de la carroza sobre la que parece volar. En un recorrido solemne, que no por ello dejó de ser ágil, tan solo con las paradas de rigor para realizar los relevos bajo el carro triunfal de la Virgen, cientos fueron las fotos que se hicieron a la imagen y miles, seguro, las peticiones y agradecimientos que lanzaron los arandinos a su Madre de las Viñas, esa a la que acuden siempre que tienen algo que les preocupa o un hecho feliz que celebrar con ella. El momento más emotivo, sin duda, la entrada de nuevo a la ermita, mirando a su pueblo fiel, y la sentida salve que entonaron todos los corazones presentes a su llegada al altar.

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